Catequesis
para toda la familia
Es ley de vida. Los hijos tienden a
parecerse a sus padres. Es también ley de familia, puesto que incluso cuando no
son biológicos y los rasgos son distintos, los hijos adoptan actitudes y
ademanes calcados a los de sus progenitores.
Es muy posible que Jesús tuviese un gran
parecido a san José. El modo de frotarse los ojos o de fruncir el ceño, así
como los gestos más intrascendentes muestran la filiación de manera parecida a
como lo hacen los rasgos físicos del rostro; los modos de expresar los
distintos sentimientos o emociones delatarían esa peculiar filiación que le
unía a su padre virginal.
La bula papal El Rostro de la Misericordia comienza con estas palabras:
“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”. La filiación divina no
tiene fundamento biológico. Aquel cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre
refleja a la perfección su querer. Y este querer no es otro que su
misericordia.
Se desprende que también nosotros podemos
ser rostro de Dios para los demás en la medida que seamos sus hijos; y lo seremos
en la medida que vivamos la misericordia. No vivimos la misericordia porque
seamos hijos. Más bien es al revés, es la misericordia la que nos configura con
Cristo y nos transforma en hijos de Dios. Es cierto que es el Bautismo el
sacramento que nos hace ser hijos de Dios, pero sólo la práctica de la
misericordia nos hace parecernos a Cristo y como Él ser para los demás el
rostro de la misericordia del Padre.
Fuente:
Zenit