Las estrategias de captación que emplean son muy variadas
La llegada de internet y de las redes sociales ha modificado las estrategias
de captación de las sectas —también conocidas como grupos coercitivos— que
ahora cuentan con nuevas herramientas para atraer a posibles adeptos. De los
panfletos y los anuncios en revistas y periódicos, estas organizaciones han
saltado a la red, obteniendo un alcance más inmediato y global. Lo cuenta
Marta Sofía Ruiz en El Confidencial.
Según esta experta, prácticamente todos los grupos de este tipo,
sustentados sobre una serie de procedimientos encaminados a fomentar la
devoción de sus miembros hacia una ideología específica o hacia el propio líder
y caracterizados por emplear técnicas de manipulación psicológica,
tienen presencia en internet. Y no prevalece ningún perfil concreto. “Da
igual que sean más religiosos, más políticos, culturales, pseudoterapéuticos o
ufológicos… Todos tienen cabida”, concreta la especialista.
Una muestra: el auge de la Bioneuroemoción
Desde RedUNE señalan como ejemplo a un grupo pseudocientífico al que llevan
tiempo denunciando: el movimiento de la Bioneuroemoción, liderado por Enric
Corbera. Revestida con una capa de pseudociencia, sus vídeos en Youtube
tienen una gran popularidad y alcanzan los 134.000 suscriptores. “Son
los propios miembros los que han puesto en marcha el grupo de Facebook, con más
de 100.000 suscriptores, y donde se difunden los postulados de esta ‘teoría’”,
relatan.
La psicóloga
de la ONG explica que sus ideas sobre cómo curar enfermedades se basan en
solucionar el supuesto conflicto emocional que las provoca ya que, según su
discurso, al resolverse ese problema emocional se solventará el físico.
Enric Corbera, en uno de los vídeos en los que habla de la Bioneuroemoción en
un espacio de la televisión pública, pone el ejemplo de alguien que está con su
novia comiendo marisco cuando la chica lo deja. Después de eso, desarrolla una
alergia al marisco que desaparecerá cuando elimine el trauma de la ruptura.
“La Bioneuromoción encuentra en la Red
la forma ideal para su difusión, llegando a miles de personas vulnerables.
Trabajan con un concepto que está muy de moda, pero que no tiene ninguna base
científica: nuestro estado emocional es el causante de las diferentes
enfermedades y, por lo tanto, tenemos el poder dentro de nosotros para
sanarnos, resolviendo ese estado negativo”, explican desde RedUNE.
“Además, mezclan todas sus teorías con
una pátina científica con la que tratan de otorgarle rigor, y la verdad es que para
muchas personas resulta creíble”, concreta la
organización. De hecho, un vistazo a los comentarios de Youtube del canal de
Corbera sirve para ver la fuerte creencia que muchos de sus seguidores muestran
por sus postulados y las alabanzas al supuesto experto al que revisten en
ocasiones de salvador.
La captación en las redes
Con un buen posicionamiento SEO (las técnicas que se utilizan para aparecer
en los primeros puestos de buscadores como Google), estas organizaciones optan
por tener distintas páginas web en las que se hable de ellas de forma positiva
y en las que se presenten como grupos atractivos y sólidos. “Prácticamente
todos los grupos tienen páginas web. Y no una, sino muchas. De hecho, acaban
abriendo una por cada país y por cada zona de ese país, alabando las cosas que
hace el grupo. De esta forma son más accesibles y, por tanto, llegan a más
gente”, relata la psicóloga.
Barranco cuenta que encontrar páginas con opiniones negativas sobre los
grupos se convierte en ocasiones en algo casi imposible. “Que se llegue a
las páginas críticas se hace difícil y complicado. Las personas normalmente
pueden mirar como mucho las tres primeras webs de cualquier buscador, y luego
dejan de buscar, por lo que es difícil que descubran los aspectos críticos”,
se lamenta.
Las estrategias de captación que emplean son muy variadas. A veces
piden que el visitante deje sus datos en la página para enviarle información de
las actividades; en otros casos, a través de los vídeos, acaban animando a la
gente a que se apunte a cursos de formación, en algunos casos gratis pero en
otros de pago.
Publicidad difícil de erradicar
La publicidad ‘online’ es otra de sus claves. A pesar de que empresas como
Google o Facebook poseen normas que limitan el tipo de anuncios que aceptan,
sus reglas suponen un cortafuegos muy débil para estos grupos. Según informan
desde Google, en 2015 el gigante de Internet retiró más de 780 millones de
anuncios por incumplimiento de sus políticas. Algunos de ellos correspondían a
falsificaciones, medicamentos no aprobados o que ofrecían efectos inexistentes
o estafas para perder peso.
En Youtube, la plataforma que muchos usan como escaparate —como en el caso
de la Bioneuroemoción—, se prohíben los vídeos que contengan desnudos o
contenido sexual, contenido violento o gráfico, piezas con incitación al odio,
amenazas, ‘spam’, violaciones de los derechos de autor o contenido perjudicial
y peligroso. En este último punto es en el que podrían escudarse aquellos que
quieran denunciar los vídeos de estos grupos, debido a que sus teorías podrían,
en el caso de los grupos pseudocientíficos, conducir a alguien a creer que una
enfermedad puede curarse con “el método” y renunciar a tratamientos médicos
reales.
Facebook posee una política similar a la de la compañía de Larry Page y
Serguéi Brin. En concreto, los puntos que podrían usarse para oponerse a los
anuncios de estos grupos serían los que afirman que “los anuncios no deben
constituir, facilitar ni promover productos, servicios o actividades ilegales”
y “los anuncios no deben incluir contenido falso, fraudulento o engañoso,
como afirmaciones, ofertas o prácticas comerciales que puedan inducir a engaño”.
Sin embargo, probar que estos grupos realizan actividades ilegales no es
fácil.
La cuestión de la legalidad
Barranco explica que, en ocasiones, se solicita el cierre de algunas
páginas y la retirada de publicidad, pero el número de webs es muy alto y
los grupos cambian su cara con mucha frecuencia. Para conseguir una
retirada habría que demostrar que están cometiendo un delito que esté
tipificado, “y ese es el gran problema”, concreta la psicóloga.
En España, la legislación con respecto a estos grupos es complicada.
El Código Penal considera que los grupos que, aun teniendo por objeto un fin
lícito, empleen medios violentos o de alteración o control de la personalidad,
están incurriendo en un delito. A pesar de ello, definir cuándo se está
controlando la personalidad o cuando suponen un daño para las víctimas ha sido
un reto durante años en los tribunales, que en muchos casos han terminado
desestimando las causas.
Por desgracia para víctimas, familia y para la propia sociedad, internet
ha supuesto un trampolín para los grupos coercitivos que trabajan en su
posicionamiento y su presencia web con el objetivo de captar a nuevos
miembros que sigan sus planteamientos y respalden sus teorías. Al menos por el
momento, las políticas de las compañías y el sistema judicial no son defensa
suficiente para frenar su actividad, que cada día crece en usuarios y visitas.
Luis Santamaría
Fuente: InfoCatólica
