Quiero ser un girasol
En la iglesia han puesto unos cuantos girasoles
decorando; los tengo delante en la oración. Estos días me pasaban
desapercibidos, pero hoy me he quedado mirándolos y he pensado que... ¡hoy y
siempre quiero ser un girasol!
¿Un girasol? Sí, sí. Quiero ser esta flor tan curiosa
que se siente "atraída" por el Sol; que, cuando llega la oscuridad de
la noche, se inclina, y, al volver la luz, se vuelve a erguir.
Quiero ser esa planta que, sin el Sol, sin Cristo, se
siente como abatida y triste, todo le pesa, flor que sabe que, si se mira a sí
misma, no vale nada, se siente sola... vive por "el qué dirán" o
mendigando un sincero "te quiero".
¡Quiero vivir mirándole, necesitándole!, y así vivir
erguida desde la certeza de que Él me cuida, me da todo, y "girar"
mis pasos hacia aquello que Él me vaya marcando y, a su vez, vivir sintiéndome
mirada por Él, amada por Él, ¿hay algo más grande, algo que te haga más libre?
Cuando tu mirada se encuentra con Cristo, experimenta
qué supone vivir mirándole, no temas volverte a Él. Vive desde la certeza de
que Él te acompaña estés donde estés, estés como estés.
Hoy el reto del Amor es que seas "girasol",
que cada vez que veas el sol, le digas algo al Señor. Vive el día buscándole,
necesitándole; que hoy todos juntos formemos un inmenso campo de girasoles,
¡levanta la mirada, inúndate de Él! Vales todo Su amor. "Todo menos
perderle".
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
