Las visiones interiores de Madre
Teresa de Calcuta y la noche oscura del alma según el postulador Brian
Kolodiejchuk
“Obró
con fe heroica y con un amor que no percibía. Por eso su santidad es mucho más
grande, ¡excepcionalmente heroica!”. Es una frase extraña en boca del padre
Brian Kolodiejchuk, la persona que mejor conoce en el mundo a la mujer que el
próximo 4 de septiembre será proclamada Santa por el Papa Francisco.
¿Y puede
obrar sin amor una candidata a la santidad? Antes de explicar esta afirmación,
el sacerdote canadiense que forma parte de los Misioneros de la Caridad, la
última rama masculina fundada por Madre Teresa, explica por qué Madre Teresa es
una “persona-mensaje” para nuestro tiempo.
Sin duda, y de muchas maneras.
Podemos decir que cada santo es un “signo de los tiempos” para esa época que le
tocó vivir, pues, por lo general, Dios hace surgir un santo para dar un mensaje
a ese tiempo; es una forma que tiene Dios para hacer que la Iglesia y el mundo
tomen conciencia de las necesidades del momento presente.
Primero con el Papa Juan Pablo
II, después con el Papa Benedicto, y actualmente con el Papa Francisco, la
misericordia de Dios ha sido un tema predominante en sus enseñanzas, y con el
Papa Francisco, sobre todo con su ejemplo. Toda la obra de la Madre Teresa y
las Misioneras de la Caridad se concentra en las obras de misericordia, tanto
espirituales como corporales. En agosto, el Centro de Madre Teresa publicará un
nuevo libro, precisamente sobre la relación de la Madre Teresa con las obras de
misericordia. El libro reúne las enseñanzas de la Madre Teresa sobre las obras
de misericordia y luego ofrece ejemplos de cómo las vivió, tomados de los
testimonios que se recogieron durante el proceso. El título es, “Un llamado a
la Misericordia: Corazones para amar y manos para servir” y será publicado
primero en inglés y después de la canonización en otros idiomas; seguramente
también lo será en español.
¿Por qué dijo de ella misma que
quería ser un “lápiz de Dios”?
Un lápiz es algo insignificante,
es sólo un instrumento que alguien utiliza para escribir un mensaje. Cuando
usted recibe una carta, por ejemplo, usted quiere leerla para saber lo que la
persona le quiere decir; no se interesa en el papel o en el instrumento que
utilizó para escribirla.
Al considerarse a sí misma como
un lápiz, Madre Teresa quería poner el acento en la humildad del instrumento –
ella misma – y la grandeza de Dios, que se vale de la “nada para mostrar su
grandeza”, como a ella le gustaba decir. Y otra cosa, un lápiz es barato y
accesible para todos, por lo tanto, muy común. El que lo usa – Dios – es el que
hace grandes cosas, si ese lápiz le permite actuar con libertad.
Hay un momento que Madre Teresa
llamaba el día de la inspiración, cuando escuchó la voz de Jesús que le pedía
que fundara una nueva congregación. No se puede comprender la oscuridad si no
se conoce la luz, y muchas personas no tienen idea de esa experiencia. ¿En qué
consiste?
Ahora sabemos que la Madre Teresa
escuchó la voz de Jesús por primera vez el 10 de septiembre de 1946, pidiéndole
que fuera a los más pobres de los pobres en los barrios pobres de Calcuta para
llevarles su luz y su amor. Estas locuciones interiores y más tarde, en 1947 las
visiones interiores, continuaron hasta entrado el año de 1947. Antes de eso la
Madre Teresa había pasado ya por las purificaciones regulares que San Juan de
la Cruz explica en sus escritos. Esta purificación la condujo, en 1947, a la
experiencia consoladora de una unión continua y profunda con Jesús.
Mucho se ha hablado de los 50
años de “noche oscura del alma”. ¿Se puede decir que corresponde a la
experiencia de otros santos o tiene un significado distinto?
Incluso después de haber
alcanzado la unión con Jesús, la experiencia de la “oscuridad”, como ella la
llamaba, regresó. Después de algunos años empezó a dirigirla un sacerdote
Jesuita, quien la ayudo a entender esta oscuridad como el lado espiritual de su
trabajo. Era la forma de identificarse con Jesús en sus sufrimientos más
grandes, en el Huerto de los Olivos y en la Cruz. A su vez, ella estaba
experimentando lo que llamó “la mayor pobreza en el mundo actual, es decir, de
no ser amado, ni deseado, ni querido”. Para la Madre Teresa su oscuridad no era
tanto para su purificación sino más bien como expiación, era penetrar en la
oscuridad de los pobres que no tienen fe y sobre todo no tienen amor.
Los únicos santos que han tenido
una experiencia similar de oscuridad por un tiempo tan largo fueron San Pablo
de la Cruz, quien también experimentó períodos de consuelo, y Santa Juana de
Chantal. Lo que también es único en la Madre Teresa es que su oscuridad, hasta
donde sabemos, continuó hasta su muerte.
¿Cómo explica en una santa este
“silencio”? ¿Y por qué no es una objeción para la santidad?
La santidad consiste en la fe, la
esperanza y el amor, y por lo tanto no consiste en lo que uno siente, sino en
cómo actúa. Madre Teresa actuó con fe heroica y con un amor que no percibía.
Por lo tanto, su santidad es mucho más grande, ¡excepcionalmente heroica!
También podemos decir que nadie
es canonizado por sus sentimientos, sino por sus obras; en última instancia:
por su “amor en viva acción”, otra expresión que a Madre Teresa le gustaba
usar. Como nos dice el Evangelio: por sus frutos los conoceréis.
Madre Teresa fue beatificada en
2003 por Juan Pablo II, quien había puesto inmediatamente en marcha la causa
derogando los cinco años que requería el código de Derecho Canónico. Y tampoco
se puede decir que el Papa Francisco haya perdido tiempo. ¿A qué se debe ese
apuro?
La Madre Teresa es excepcional,
en el sentido de que ya en vida tenía una reputación sólida y generalizada de
santidad. Las personas la consideraban y la llamaban santa, incluso en su
presencia. Después de su muerte, esta reputación de santidad y su poder de
intercesión (muchas personas estaban reportando favores e incluso milagros por
su intercesión) le permitió al Papa Juan Pablo II hacer por primera vez una
excepción a la espera de cinco años antes de comenzar (una regla que se
estableció para confirmar con hechos la reputación generalizada de santidad,
que es el requisito básico para que la Iglesia pueda comenzar una causa de
canonización).
Sin embargo, aunque se hizo una
excepción al período de espera, el proceso se realizó de acuerdo con las normas
canónicas; el proceso en sí no fue menos exigente que cualquier otro. Para Juan
Pablo II, la Madre Teresa era una “persona-mensaje” para nuestro tiempo, que
encarna muchas de las enseñanzas fundamentales de su pontificado, por ejemplo,
la “civilización del amor” y “el respeto a la vida”. Con el Papa Francisco,
existe una afinidad en su carisma de ir a los marginados, a las periferias de
la existencia humana, a los más pobres entre los pobres.
Es sorprendente que después de la
muerte de la Madre Teresa, las Misioneras de la Caridad hayan tenido su mayor
expansión. Eran 3.842 en el momento de su muerte, trabajando en 594 casas, y
ahora son más de 5.000 en 758 casas de 139 países. ¿Debe morir el fundador para
que la obra que ha nacido de él se difunda en el mundo?
En realidad, las hermanas
Misioneras de la Caridad tuvieron su mayor expansión a fines de los años 70 y
principios de los 80, cuando la Madre Teresa aún vivía. El hecho de que la
congregación siga creciendo es sólo una señal de que su carisma sigue vivo y
activo en la Iglesia, sigue dando frutos. Pero no es éste el caso de que se
hayan expandido sólo después de su muerte.
¿Usted conocía a las 4 hermanas
de Madre Teresa que fueron asesinadas en Yemen?
No, no las conocí.
¿El martirio forma parte del
carisma de las hermanas de Madre Teresa?
Ser mártir, lo mismo que la
santidad, es una posibilidad que existe en toda vocación cristiana. Sin
embargo, el martirio es una gracia, y no sabemos para quién la tiene reservada
Dios ni quién está “listo” para recibirla. Dicho esto, la Madre Teresa esperaba
dar santos y mártires a la Iglesia, y después de su muerte se le concedió su
deseo.
alver metalli
Fuente: Vatican Insider
