Importante: La reliquia en sí no cura, sino Dios a través de ella
¿Por qué guardan los católicos huesos, cabello, ropa o
incluso sangre de santos en estuches de oro brillante? ¿No condenaba Dios la idolatría?
Si bien muchas personas, tanto protestantes como católicas, se sienten a menudo
confusas acerca de la práctica de venerar reliquias, se trata de una tradición
muy arraigada a la Biblia.
¿Qué son las reliquias?
Las reliquias son objetos conectados a un santo y se
pueden clasificar en tres clases. Una reliquia de primera clase es todo o parte
de los restos físicos de un santo. Esto puede ser un trozo de hueso, un vial de
sangre, un mechón de pelo o incluso el cráneo o el cuerpo incorrupto.
Los católicos conservan las reliquias de santos y se
cree que la gracia de Dios fluye a través de dichos objetos hacia las almas
devotas que los veneran.
¿En qué parte de la Biblia aparecen las reliquias?
El uso de objetos relacionados con una persona santa
se remonta hasta el Antiguo Testamento. En él aparece un episodio del Libro
Segundo de los Reyes, donde aparece el uso de reliquias.
“Eliseo murió y lo sepultaron. Ya entrado el año,
vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Aconteció que estaban unos
sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces
arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto
los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie” (2 Reyes 13:20-21).
Incluso en el Nuevo Testamento aparece cómo Dios
utiliza objetos para obrar curaciones. En el Evangelio de Marcos aparece cómo
se cura una mujer al tocar el manto de Jesús.
“[…] cuando oyó hablar de Jesús se acercó por detrás
entre la multitud y tocó su manto, porque decía ‘Si toco tan sólo su manto,
seré salva’. Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el
cuerpo que estaba sana de su azote” (Marcos 5:27-29).
Existen otros ejemplos en las vidas de los apóstoles
donde se muestra claramente cómo Dios obra milagros a través de objetos
conectados a un santo.
¿Las reliquias tienen poder?
Aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias,
es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un
trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal. Sin embargo,
Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que
utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un
instrumento del poder milagroso de Dios.
Comprender la fuente del poder evita que las personas
veneren el objeto y eleva sus almas hacia Dios.
¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de
los tiempos?
La Iglesia ha defendido la veneración de reliquias
desde el principio. Una carta escrita tras el martirio de san Policarpo en el
156 a. C. explica cómo los fieles veneraban sus huesos y tenían un cuidado
especial con ellos.
“Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que
son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos
en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según
podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio”.
En su carta a Riparius, san Jerónimo († 420
A. D.) escribió en defensa de las reliquias: “Nosotros no veneramos, no
adoramos, por temor a que debemos inclinarnos a las criaturas antes que al Creador,
pero veneramos las reliquias de los mártires a fin de adorarlo a través de sus
mártires que están con ellas”.
“El Concilio Vaticano II recuerda que ‘de acuerdo con
la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus
reliquias auténticas’. […] Las diversas formas de devoción popular a las
reliquias de los Santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y
flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir
la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a
sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y
por un auténtico impulso de fe”.
En definitiva, las reliquias de los santos nos
permiten acercarnos a aquellos hombres y mujeres santos del pasado y Dios utiliza
estos objetos para bendecir de forma especial a las almas fieles. No se deben
venerar, pues su propósito es guiarnos hacia la adoración definitiva de un
único Dios.
PHILIP
KOSLOSKI
Fuente: Aleteia
