“El
Reino de Dios se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de
conversión, de purificación, de amor y de consuelo entre los hombres”
El Papa aseguró
que “la del cristiano en el mundo es una misión estupenda y destinada a todos”
y “ninguno está excluido; ella requiere mucha generosidad y sobre todo la
mirada y el corazón dirigida a lo alto para invocar la ayuda del Señor”. “Hay
mucha necesidad de cristianos que testimonien con alegría el Evangelio cada
día".
Francisco,
dirigiéndose a fieles y pastores, subrayó que “estamos llamados a aprender cada
vez más el arte de estar alegres, no por motivos humanos, sino por la certeza
de que ‘nuestros nombres están escritos en el cielo, es decir, que
estamos predestinados a ser impregnados del amor de Jesús, ya en esta tierra, y
sobre todo en la otra vida”.
Francisco pidió
invocar a Dios “el Señor de la mies, para que mande obreros a su mies”. “Los
‘obreros’ de los que habla Jesús son los misioneros del Reino de Dios, que Él
mismo llamaba y enviaba de dos en dos a cada ciudad”. El Papa explicó que su
misión era “anunciar un mensaje de salvación para todos diciendo ‘está cerca el
Reino de Dios’”.
Los misioneros anuncian siempre un mensaje de salvación a todos. No solo
los misioneros que van lejos, también nosotros, misioneros cristianos, decimos
una buena palabra de salvación. Este es el don que nos da Jesús con el Espíritu
Santo. Este anuncio es decir: “Está cerca el
Reino de Dios”. Porque Jesús ha ‘acercado’ a Dios hacia nosotros;
en Jesús Dios reina en medio de nosotros, su amor misericordioso vence del
pecado y la miseria humana”, dijo el Papa.
Francisco afirmó
que “esta es la Buena Noticia que los ‘obreros’ deben llevar a todos: un
mensaje de esperanza y de consuelo, de paz y de caridad”.
“El Reino de Dios
se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de conversión, de
purificación, de amor y de consuelo entre los hombres”.
El Pontífice
explicó también que el discípulo de Jesús, para desarrollar esta misión, debe
“ser consciente de la realidad difícil y a veces hostil que lo espera”.
"Jesús sabe que la misión viene obstaculizada por el maligno",
recordó.
“El obrero del
Evangelio se esforzará por ser libre de condicionamientos humanos de todo
género, no llevando bolsa, ni sandalias, ni dinero, como ha recomendado Jesús
para confiar solo en la potencia de la Cruz de Cristo”.
Francisco añadió
que “esto significa abandonar cada motivo de orgullo personal y hacerse
humildemente instrumento de la salvación obrada por el sacrifico de Jesús,
muerto y resucitado por nosotros”.
El Pontífice
concluyó pidiendo al Espíritu Santo que “todos los bautizados sean testimonios
de Cristo, constructores de comunidades cristianas ricas de fe y caridad,
renovadoras del mundo según el Evangelio”.
Después de rezar
y saludar a los peregrinos, el Papa recordó, con motivo del Jubileo de la
Misericordia, que el próximo miércoles se celebra la memoria de Santa María
Goretti, “la joven mártir que antes de morir perdonó a sus asesinos”.
"¡Esta joven valiente merece un aplauso de toda la Plaza!!, pidió.
Fuente: ACI Prensa
