El pozo que da vida
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
El pozo de nuestro claustro está precioso. Cuando se
hizo la obra, se dejó preparado un pequeño espacio a los pies del brocal para
colocar ahí unas plantas. Es como una jardinera que bordea todo el pozo.
Después, se plantaron varios tipos de plantas y, como
pasamos por ahí de continuo, se puede ir observando el crecimiento y los
estirones que van dando.
Hay unos jazmines que me encantan, pues han crecido
mucho desde que los plantaron, y ésta es una planta trepadora, que ha ido
subiendo por el brocal, engarzándose en los hierros y, semana tras semana, ya
va llegando hasta la polea.
También hay otro tipo de planta, el incienso. Ésta no
es precisamente trepadora, sino que es rastrera: se arrastra por la tierra
alargando sus tallos, invadiendo el espacio de otras plantas, o también los
deja caer hacia fuera de la jardinera. De vez en cuando una monja tiene que
volver a reconducir los tallos, pues crecen con mucha facilidad, pero siempre
en dirección contraria al pozo.
También me he dado cuenta de que hay otras que no
habían llamado mi atención. Son unos helechos que no han crecido prácticamente
nada, parece una planta tibia, que sigue igual que estaba.
Este pozo es Cristo, y todos nosotros somos las
plantas de alrededor.
Muchas veces, antes de encontrarme con Cristo, estuve
como nuestro helecho. Sí, muy cerca de Él, sabía que existía, pero no le
conocía personalmente. Por eso todo era más bien tibio. Cuando te encuentras
con Él, la vida cobra otro color, descubres que, poniéndole a Él en el centro,
creces, y ves todo y a todos con ojos distintos.
Sin embrago, algunos días me encuentro como el
incienso, deseando crecer, no quedarme parada, pero siguiendo más mis planes o
mi individualismo que lo que Él realmente me está pidiendo y, claro, eso me
llevan en dirección contraria.
Quisiera ser como el jazmín, creciendo poco a poco,
pero bien engarzada en Él. Echará flores que huelen genial, y otras veces se
las verás más secas, pero permanece bien enganchada al que le da la Vida.
Hoy el reto del Amor es poner a Cristo en el centro de
tu vida. ¿Con qué planta te ves más reflejado? No importa con cuál sea, porque
seguro que tu deseo es ser como el jazmín. Por ello, hoy tan sólo entrégale al
Señor tu vida, vuelve a entregarle tu dejadez y la apatía de pensar que Cristo
no puede hacer nada por ti. O quizás tengas que entregarle lo que te preocupa,
o tu forma de hacer las cosas que te separa de la comunidad. Y déjate
sorprender. Descubrirás que siempre hubo una Mano que regaba tu suelo aunque tú
no supieras que estaba ahí.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
