El
Santo Padre firma el prefacio del libro “Amamos a quien no es amado” que recoge
intervenciones inéditas pronunciadas por la futura Santa en el años 1973, en
Milán, en un encuentro con jóvenes y religiosas
“Deseo que
estas páginas hagan bien a vuestro corazón como han hecho bien al mio”. El papa
Francisco termina con estas palabras la prefacio que ha escrito para el libro
“Amamos a quien no es amado. Textos inéditos de Madre Teresa de Calcuta”, en
las librerías desde el próximo 29 de julio.
En el volumen,
realizado bajo la supervisión de Mother Teresa Center, se publican
dos discursos de la Madre Teresa hechos en octubre de 1973 en Milán,
dirigiéndose a jóvenes y religiosas. El libro presenta también el
amplio y vivaz intercambio de preguntas y respuestas entre Madre Teresa –que
será canonizada por el Santo Padre el próximo 4 de septiembre en la plaza de
San Pedro– y el auditorio después de ambas conferencias.
Por tanto,
páginas ricas de detalles, en los que los temas principales son los que vivió
la beata: el amor por los pobres y la libertad de ponerse a su servicio, la
práctica de las obras de misericordia, el primado de la oración, la elección de
“amar a quien no es amado”.
En su prefacio
–adelantada hoy por el diario italiano Corriere della Sera— el papa
Francisco concreta en cinco palabras-clave los rasgos destacados de la
personalidad y la acción de Madre Teresa: oración, caridad, misericordia
laboriosa, familia y jóvenes.
Precisamente,
el Santo Padre se dirige a los jóvenes exhortándoles a “no perder la esperanza”
y “no dejarse robar el futuro, que está en sus manos”. Permanecer en el Señor y
amar como Dios nos ama –anima Francisco–, y a ser constructores de puentes
para romper la lógica de la división, del rechazo, del miedo los unos de los
otros, ponerse al servicio de los pobres, afrontar con valentía la vida, que es
don de Dios”. “¡Vuelen alto, como el águila símbolo del país de Madre Teresa!”,
exclama, haciendo referencia al escudo de Albania.
Los jóvenes son
además llamado a involucrar a sus coetáneos y a “alimentarse a menudo de la
Palabra de Dios” abriendo los propios corazones “a Cristo, al Evangelio, al
encuentro con Dios, al diálogo mutuo para ofrecer un testimonio al mundo
entero”. Mundo en el que, afirmaba la beata albanesa, “la enfermedad más grave
no es la lepra o la tuberculosis, sino la soledad… Esta es la causa de tantos
desórdenes, divisiones y guerras que hoy nos afligen”.
El Papa cita
otra expresión de Madre Teresa para reflexionar sobre la Iglesia: “No somos una
ONG. Las ONG’s trabajan para un proyecto; nosotros trabajamos para Alguien”. Y
el Papa añade: la Iglesia no es una ONG porque trabaja para Cristo y para los
pobres en los que vive Cristo, y en ellos nos tiende la mano, invoca ayuda, pide
nuestra mirada misericordiosa, nuestra ternura.
Hablando de la
oración, el Santo Padre remarca la invitación de la futura santa “a extraer de
la fuente del Amor, a Jesús crucificado y resucitado, presente en el sacramento
de la Eucaristía, para después tener la fuerza de socorrerlo en los más pobres
entre los pobres, con el corazón lleno de alegría”.
Madre Teresa
–añade el Pontífice– empezaba su jornada participando en la santa misa y la
cerraba con la adoración a Jesús Sacramento, Amor infinito. Así es posible
transformar el trabajo en oración. No olvidemos nunca tener un pequeño
evangelio en el bolsillo, leer una página y entrar también nosotros en la
historia que leemos. Y recuerda que Madre Teresa hizo de las obras
de misericordia corporales y espirituales, “la guía de su vida, el camino hacia
la santidad”, escribe el papa Francisco. Así, dice, “podría serlo también para
nosotros”.
El Papa
concluye reflexionando finalmente sobre la familia, donde aprendemos de
mamá y papá a sonreírnos, a perdonarnos, recibirnos, sacrificarnos los unos por
los otros, donar sin pretender nada a cambio, rezar y sufrir juntos, alegrarse
y ayudarnos recíprocamente.
Por esto Madre
Teresa, en una de las respuestas del libro, decía: “Tienen que ser cada vez más
la alegría y el consuelo de Dios, transmitiendo la oración en vuestras
familias. La familia necesita amor, comunión y arduo trabajo. Y esto será el
don más grande que se puede ofrecer a la Iglesia”.
Fuente:
Zenit
