¡Aprende qué es lo que embelesa su corazón y actúa!
En la universidad,
conocí a una pareja de personas mayores que sentían un gran afecto por mí y me
invitaban a menudo a cenar. Aunque eran perfectamente agradables conmigo, eran
increíblemente hostiles el uno con el otro. Todas sus conversaciones terminaban
en riñas y a menudo se dirigían al otro usando duras palabras y acerbas
críticas.
Nunca supe la historia
de esta pareja ni las razones de su acritud, pero puedo afirmar que no son los
únicos que se comportan de esta manera hoy en día.
Las
causas de la crisis del matrimonio son numerosas, pero las soluciones para
ponerle remedio, no obstante, son sencillas. Los
que estamos llamados a la vocación del matrimonio, debemos amar a nuestras
esposas.
No
podemos cambiar el matrimonio de los demás, pero sí podemos cambiar el nuestro. En vista de tantísimas rupturas conyugales,
nuestros matrimonios católicos deberían convertirse en testimonio
profético de una vida dichosa, de amor y fidelidad.
Hay cientos de maneras
de decirle a tu esposa que la amas, pero para empezar, aquí tienes 25:
- Escúchala
y presta siempre atención a lo que te quiera explicar.
- Muéstrate
afectuoso físicamente, pero no con un afecto puramente sexual.
- Sorpréndela
con flores.
- Llévala a
cenar (sin los niños).
- Cómprale
un libro que sepas que tiene ganas de leer (o al menos reflexiona sobre
qué le gustaría leer).
- Escríbele
pequeñas palabras de amor (una vez al día, mínimo).
- Adelántate,
no le des oportunidad a que friegue los platos.
- Haz algo
de la lista de tareas que te ha confiado.
- Si tenéis
un bebé, cambia los pañales (linimento oleocalcáreo, algodón, pañal nuevo
y listo).
- Deja que
salga con sus amigos y amigas mientras cuidas de los niños.
- Sostenle
la puerta al pasar.
- Reza con
ella y por ella.
- Pídele
perdón cuando la hayas ofendido.
- Perdónala
a ella siempre y nunca guardes rencor.
- Pídele
consejo.
- Conoces
los temas que la irritan, así que evítalos.
- Acompáñala
a hacer la compra, a correr, a los bolos… a lo que quiera.
- Ayuna por
ella.
- Compréndela
y confórtala, disipa sus temores.
- Háblale de
tu forma de ver la vida.
- Hazle
cumplidos.
- Bésala en
público y delante de los niños.
- Cógela de
la mano.
- Renuncia a
algo que querrías hacer en favor de algo que ella querría hacer.
- No la
critiques… ¡dedícale elogios!
Resumiendo,
quiérela como el primer día
En otro tiempo, tu
principal preocupación fue la de conquistar el corazón de tu mujer y de darle
pruebas de tu afecto. ¿Te acuerdas? Muchos hombres dejan de esforzarse después
del intercambio de consentimientos. Algo así no puede durar mucho.
Tu
misión, como marido católico, es estudiar a tu mujer a lo largo de toda vuestra
vida juntos. Estudiarla para conocer mejor sus esperanzas y sueños, sus miedos
y preocupaciones.
¿Cuáles son sus gustos?
¿Qué cosas detesta? ¿Qué es más probable que la haga feliz? ¿Cuál es su
lenguaje del amor? ¡Aprende qué es lo que embelesa su corazón y actúa!
Señores,
el matrimonio es un sacramento, igual que la confesión y la Eucaristía.
Un buen matrimonio puede
hacernos crecer en nuestra vida espiritual y en nuestras gracias. ¿No es
maravilloso? Y sin embargo, muchos de entre nosotros descuidan a sus esposas,
mantienen una actitud irrespetuosa hacia ellas y las consideran un fastidio,
algo nocivo, o peor, un enemigo. Qué triste…
Los santos nos dicen que
podemos obtener más de los sacramentos si los recibimos con una buena
disposición. Cuanto mejor preparados estén nuestros corazones, más gracias
recibiremos.
Los que estamos llamados
a vivir el sacramento del matrimonio, ¿por qué descuidamos tan a menudo nuestro
matrimonio e ignoramos a nuestras esposas? Vuestra mujer es un signo
sacramental para vosotros. Tratadla como tal.
Fuente: Aleteia
