Mohammed se convirtió al cristianismo y
ayuda a dar la bienvenida a los que han hecho un camino como el suyo
Mohammed, hijo de una familia
musulmana chií, estudiaba en Líbano cuando comenzó a rezar a la Virgen María,
solo, de forma clandestina.
Al
final de un curso, fue a ver a un profesor de macroeconomía por el que sentía
especial aprecio. La conversación derivó de la economía a la metafísica y
Mohammed preguntó: “¿Por
qué reina aquí el odio, entre todas las comunidades? ¿Por qué cristianos y musulmanes
están al borde de la guerra?”.
La enigmática respuesta quedó grabada en el chico: “Somos el grano de arena que bloquea la máquina del diablo”.
Como
cristiano educado en el islam, sentía la responsabilidad de una misión. “Tengo
que decir la verdad sobre el islam, ayudar a dar la bienvenida a aquellos que
han hecho el mismo camino que yo”.
“El aliento discreto del Espíritu Santo”
Mohammed
debe su conversión a otro profesor, Pierre, que venía a darle clases
particulares cuando aún era un niño que se criaba en África, con sus hermanos y
hermanas.
Era
un profesor muy competente y, gracias a su ayuda, Mohammed se convirtió en un
muy buen estudiante, aunque Pierre tenía un comportamiento extraño. Rezaba
siempre a la misma hora, de rodillas. Cuando se quedaba a comer, bendecía la
comida…
“Éramos
de cultura musulmana, pero no practicantes. Nunca habíamos visto a un cristiano
como él ¡y nos
preguntábamos si pertenecía a una secta!”.
El refugio de la oración
En
aquella misma época, las cosas empezaron a empeorar para la familia. Estallaban
peleas entre los padres y el padre tenía un comportamiento violento…
“No
sabía qué hacer para que aquello terminara, y le pregunté a Pierre. Me
respondió que iba a enseñarme a rezar”.
El
“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, el Padre Nuestro,
luego las oraciones a María, el gran amor de Mohammed. “Cuanto
más rezaba, más sentía crecer el amor en mi corazón, como el que riega una flor”,
asegura.
Rezaba
en secreto, sobre todo cuando su madre empezó a practicar el islam. “Éramos una
familia muy abierta y acogedora, teníamos amigos cristianos e incluso judíos”.
Pero
el padre de familia tomó una segunda esposa que hacía sufrir terriblemente a la
primera.
Los
vecinos le dijeron que había sido castigada por Dios por ser una mala
musulmana, así que entraron en escena unas prácticas hasta entonces ignoradas:
empezó a llevar velo, a decir oraciones… “pero yo veía que se estaba hundiendo
en la tristeza”, recuerda Mohammed.
“¿Me has dicho la verdad?”
El
chico se convirtió en hombre, un joven brillante preparado para marchar a
Beirut para continuar con sus estudios. Fue a ver a Pierre una última vez y le
preguntó:“Señor
Pierre, dígame la verdad, ¿me ha mentido?”. Y Pierre respondió: “Nunca”.
La
separación del profesor le afectó, al igual que la llegada a un Líbano marcado
por las divisiones religiosas. De allí obtuvo su inscripción en una gran
escuela francesa… “con la ayuda de Dios y la intercesión de la Virgen María”,
declara Mohammed.
“En
cada etapa de mi vida, Dios me fue preparando el terreno, me permitió conocer a
personas que me pusieron en el buen camino. ¡Él actúa discretamente pero con
eficacia!”.
También
gracias a Dios, según afirma, encontró un puesto de trabajo en una empresa
francesa, donde continúa
–aún hoy día– ocultando su conversión. Algunos de sus
compañeros son musulmanes y teme su reacción.
Internet, un invento de Dios
A
pesar de su éxito profesional, no se
sentía completamente feliz. Recitaba el rosario en soledad, como un cristiano
de las catacumbas.
Y una tarde se le ocurrió utilizar lo que él
llama “un invento de Dios” que, según aclara, “como
todas las invenciones, puede ser corrompida”: Internet.
Buscó
en Google “musulmanes conversos” y descubrió centenares de vídeos. Siempre
receloso, creó una falsa dirección de correo electrónico y entró en contacto
con uno de ellos.
Contactos clandestinos con los cristianos
Para
su primer encuentro, había prevenido a un amigo de que debía volver a las 20h,
“para que alguien me buscara si era raptado”… Pero en el lugar de reunión le
esperaba un sacerdote con sotana, hecho que le tranquilizó.
Le entregó un Evangelio según san Marcos. “Lo
devoré”,
recuerda Mohammed. A partir de entonces, comenzó para este joven una nueva
iniciación al cristianismo, puesto que sólo conocía unas pocas oraciones.
Se
interesó también por el Corán, que no conocía bien en realidad. Tras descubrir
la vida del profeta Mahoma a través de los hadices, concluyó: “Yo, que soy
pecador, soy mejor que este hombre, no quiero nada de él, ¡quiero a Cristo!”.
Con
esta voluntad entró
en una asociación dedicada a los conversos, Notre-Dame de l’Accueil, antiguamente
Notre-Dame de Kabylie.
“No comprendían que quisiera dejar el islam”
Comenzó
a frecuentar su parroquia y fue bien recibido, perola reacción de ciertos cristianos le
sorprendió.
Según
recuerda, “algunos de ellos me decían que el islam es una religión hermosa, no
comprendían que quisiera dejarla… Me enfurecía”.
Aun
así, ahora diferencia el dogma de las personas y señala que existen musulmanes que son más cristianos
que algunos cristianos…
La bienvenida a los conversos
De
simple converso, en adelante pasó a formar parte de aquellos que daban la
bienvenida a los conversos.
Tuvo
la alegría de saber que una de sus hermanas, en parte gracias al anuncio de su
conversión, también se había acercado a Cristo.
Ahora da consejo y recibe a musulmanes atraídos
por Jesús:
“Si a usted le sucede esto, sepa que está siendo el instrumento del Espíritu
Santo. Déjele hacer su trabajo. Escuche atentamente y, si hay alguien que
sienta un conflicto contra el islam por querer convertirse, que no caiga en el
odio, sean artesanos de la paz y caminen juntos”.
Fuente: Aleteia
