Teresa y sus superioras
De hecho, lo fue. Y también
«mi director espiritual». No quiero decir con esto que mi alma estuviese
cerrada a cal y canto para mis superioras. No, más bien siempre he procurado
que fuese para ellas un libro abierto. Pero nuestra Madre estaba enferma
con frecuencia y tenía poco tiempo para ocuparse de mí. Sé que me quería mucho
y que hablaba muy bien de mí. Sin embargo, Dios permitió que, sin darse cuenta,
fuese MUY DURA. No podía cruzarme con ella sin tener que besar el suelo.
Cierto, que yo quería mucho a nuestra Madre, pero con un afecto puro que me
elevaba hacia el Esposo de mi alma... Nuestra maestra de novicias era una
verdadera santa, el tipo acabado de las primitivas carmelitas. Yo pasaba todo
el día a su lado, pues era la que me enseñaba a trabajar. Su bondad para
conmigo no tenía límites, y, sin embargo, mi alma no lograba expansionarse con
ella... Me suponía un gran esfuerzo hacer con ella la conferencia espiritual.
Como no estaba acostumbrada a hablar de mi alma, no sabía cómo expresar lo que
sucedía en mi interior.
Una Madre ya mayor intuyó un día lo que me pasaba y me
dijo, sonriendo, en la recreación: -«Hijita, me parece que tú no debes de tener
gran cosa que decir a las superioras».-«¿Por qué dice eso, Madre...?» -«Porque
tu alma es extremadamente sencilla ; y cuando seas perfecta, serás más sencilla
todavía, pues cuanto uno más se acerca a Dios, más se simplifica». Aquella
anciana Madre tenía razón. No obstante, la dificultad que yo tenía para abrir
mi alma, aun cuando proviniese de mi sencillez, era un auténtico problema para
mí. Lo reconozco hoy que, sin dejar de ser sencilla, expreso con gran
facilidad lo que pienso. He dicho que Jesús había sido «mi director
espiritual».
Cuando entré en el Carmelo, conocí al que podía haberlo sido. Pero
apenas me había admitido entre el número de sus hijas, tuvo que partir para el
exilio... Así que sólo lo conocí para perderle enseguida... Reducida a no
recibir de él más que una carta al año, por doce que yo le escribía, pronto mi
corazón se volvió hacia el Director de los directores, y él fue quien me
instruyó en esa ciencia escondida a los sabios y a los prudentes, que él quiere
revelar a los más pequeños...
Fuente: Catholic.net
