Muchos de nosotros nos habremos hecho más de una vez esta pregunta:
desde la realidad en que vivimos, ¿qué aporta la fe al hombre y a la mujer de
nuestro tiempo?
Sí, vivir unificados,
vivir en hondura y vivir desviviéndonos nos hace felices. Esto ayuda a crecer
como personas y madurar como creyentes. Todo es fruto de la experiencia de un
encuentro personal con Jesucristo, el Hijo de Dios.
La Iglesia, que vive para
evangelizar, por medio de la transmisión de la fe busca ayudar a niños,
adolescentes, jóvenes y adultos a sentirse queridos por Dios, a seguir a Jesús
y, alentados por el Espíritu Santo, a ser sus testigos en medio del mundo. En
este sentido, podemos indicar algunas claves que sintonizan con las inquietudes
de aquellos hombres y mujeres que se han hecho esta pregunta: creer en Dios
como Padre, en los hombres como hermanos y en el mundo como casa de todos.
Cultivar la confianza,
pues, sin ella, la persona no puede captar su identidad ni descubrir el valor
de la existencia; enseñar a confiar es preparar para la fe.
Alentar la esperanza,
pues toda vida humana es expectación y búsqueda de futuro; no hay castigo mayor
que vivir sin esperanza y las pequeñas esperanzas nos conducen a “Cristo Jesús,
nuestra esperanza”.
Educar para el amor,
pues la vida es un don y solo la merecemos dándola; por eso Dios nos entregó a
su Hijo, expresión máxima de su amor por nosotros.
Favorecer la gratuidad,
pues a veces la vida parece reducirse a utilidad, rendimiento y eficacia; vivir
en gratuidad es facilitar el encuentro con Dios, que es gratuito pero no
superfluo.
Asumir la responsabilidad,
pues estamos en el mundo con los otros y con el Otro, por lo que hemos de
responder ante los hombres, ante Dios y ante nosotros mismos de lo que somos y hacemos.
Animar la solidaridad,
pues más allá de la mentalidad consumista imperante, vivir con generosidad y
aprender a compartir es educar para el encuentro con Jesucristo.
Facilitar la libertad,
pues, amenazada por una organización social que controla al individuo desde
fuera con sus criterios, el defender y avivar la libertad del hombre, trabajar
por su liberación, es educar para el encuentro con Aquel que es Libertad
absoluta y fuente de toda liberación.
La Iglesia, cultivando
estas claves por medio de la transmisión de la fe, nos ayuda a ser “buenos
cristianos y honrados ciudadanos”.
Por Juan L. Martín
Barrios, CEE
Fuente: Periódico
Xtantos
