A pesar
de los ataques que ha sufrido la Iglesia desde su comienzo, es una institución
que siempre nos hará crecer
La Iglesia católica, tan de ayer que la fundó
Jesucristo, tan de hoy que aún se derrama sangre por ella. Aunque son pastores
humanos quienes gobiernan a las "ovejas" que conforman la Iglesia
católica, es Cristo quien la guía y alimenta.
"La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros que permanecemos en Él por medio de la Iglesia y que sin Él no podemos hacer nada." (Jn.15,1-5).
"La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros que permanecemos en Él por medio de la Iglesia y que sin Él no podemos hacer nada." (Jn.15,1-5).
"La Iglesia solo llegará a su perfección en la gloria
del cielo, cuando Cristo vuelva glorioso, hasta ese día la Iglesia avanza en su
peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de
Dios"(san Agustín).
Por grandes tribulaciones
ha pasado la Iglesia en todos los tiempos. Malos Papas, sacerdotes infieles y
miles de pecadores que la conforman, no es suficiente para que sea
destruida, ya que Cristo la formó, la ama y cuida. Su Iglesia es la barca
donde subió Pedro hace más de dos mil años. Pedro murió crucificado, cabeza
abajo, por no sentirse digno de morir en la misma postura que su Maestro, su
Señor, su Dios.
Desde aquellos tiempos la
sangre de los testigos de Cristo comenzó a ser derramada sobre la Tierra.
Esteban, con su predicación, enfureció a los miembros del Sanedrín y sacándole
de la ciudad, lo apedrearon hasta la muerte y su túnica fue depositada a los
pies de un joven que admitía que lo mataran, llamado Saulo. Y Saulo, que
después de que conoció a Cristo,- aquel del que hablaba Esteban- de una manera
brusca e imperiosa, pasó su vida predicando incansablemente y murió , al igual
que Esteban, por proclamar y defender esa fe.
Como la comunión de los
hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también el Sacramento de
la unidad del género humano. "La Iglesia católica, abrazando en su
seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación,
buscando sin cesar la conversión y la renovación".(LG8;ef UR3;6). La
cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del
Evangelio y estará así hasta el fin de los tiempos.
La Iglesia católica, cuya
cabeza es Jesucristo y los fieles sus miembros, tiene como vicario y
representante al Papa Francisco, pastor de la Iglesia universal en la Tierra.
Los buenos sacerdotes y hermanos en sus distintas órdenes, los Evangelistas de
tiempo completo, las religiosas en los asilos de ancianos, de niños
abandonados, enfermos, las que recogen drogadictos y moribundos como las
religiosas de la Madre Teresa de Calcuta, los sacerdotes Diocesanos en las
Parroquias, los Misioneros en las lejanas y difíciles tierras, las religiosas
que curan a los leprosos y tantas y tantas asociaciones como “Cártitas” que son
de un apoyo ejemplar.
Las órdenes del "Opus
Dei", los Legionarios de Cristo y los millones de fieles, son los
baluartes de esta Iglesia, en la que el Papa pide por la unión de todas las
demás Iglesias, por la paz y porque Dios esté en los corazones de todos los
hombres.
A pesar de los ataques que
ha sufrido la Iglesia desde su comienzo hasta nuestros días, es una institución
que siempre nos hará crecer y prepararnos mejor para defenderla con la
confianza de que Cristo la ama y la guía y nunca, jamás, será vencida.
Por Ma. Esther de Ariño
