La formación espiritual es lo más importante: liturgia de las horas, lectura comunitaria y meditación de la Palabra de Dios, celebración eucarística cotidiana, adoración al Santísimo Sacramento, rosario, y el gran retiro anual sobre el tema de la vocación y el ministerio sacerdotal
Está dedicado al Sagrado Corazón y acoge a 34
seminaristas que están en el primer escalón de su camino hacia el sacerdocio.
Así es el seminario de Luebo, enclavado en pleno corazón de la República
Democrática del Congo.
En una zona de ríos, junglas y belleza, pero donde
también está presente la falta de recursos de la población, los problemas de
comunicación y las enfermedades – de hecho el ébola hizo triste acto de presencia
hace diez años.
El seminario está en la diócesis de Luebo, una
diócesis de la República Democrática del Congo, que ocupa una superficie del
tamaño de Cataluña. Una región atravesada por ocho ríos – hay algunos del
tamaño del Ebro.
El padre Jean-Claude Kasongo Musasa es el rector de
este seminario y ha enviado a las Obras Misionales Pontificias información
sobre este último curso, el que terminó este verano pasado. Como cuenta el
rector, en el Congo el año estuvo dedicado en toda la Iglesia del país a la meditación
sobre la familia cristiana, y en esa línea se ha orientado la formación de los
seminaristas, con ese sentido de vivir la fe, tan de África, en el que Dios es
el padre de la gran familia cristiana.
Explica que la formación espiritual es lo más importante:
liturgia de las horas, lectura comunitaria y meditación de la Palabra de Dios,
celebración eucarística cotidiana, adoración al Santísimo Sacramento, rosario,
y el gran retiro anual sobre el tema de la vocación y el ministerio sacerdotal.
Siempre con el corazón puesto en las exigencias y las alegrías de una vida al
servicio de Cristo y de la Iglesia.
Como no podía ser menos, cuenta el padre Jean-Claude,
se forma humanamente a los seminaristas en el respeto a la persona humana, la
sinceridad, la fraternidad, el diálogo, la educación hacia los demás… con el
convencimiento de que uno como sacerdote también se entrega a la comunidad de
los discípulos. Por eso, una parte importante de la formación radica en vivir
en comunidad, que, una vez pasados los lógicos roces de las primeras semanas,
es una de las cosas que más valoran los seminaristas.
En el seminario se estudia, y mucho. Las clases de
latín, de francés e inglés se suceden junto a las de espiritualidad,
introducción a la Biblia, liturgia… El seminario es propedéutico y tiene que
preparar a los chicos para que comiencen sus estudios de Filosofía y Teología
sin problemas ni lagunas.
El padre Jean-Claude cuenta sus dificultades para
lograr estirar los dineros que tiene a su disposición. El año pasado la Obra
Pontificia de San Pedro Apóstol, que celebra este próximo domingo en España su
jornada de vocaciones nativas, le hizo llegar 10.922 euros. Los seminaristas
aportaron 2.661 y, de donaciones, contó con otros 612 euros. Resumen: 14.195
euros para todo el año, de los que 9.600 van directamente a comida. El resto
son gastos pequeños pero muchos, como medicamentos (123 euros), viajes (290
euros) o teléfono (67 euros)…
Se comenzó hace dos años la construcción de un segundo
edificio para poder ampliar el seminario, pero las obras están paradas. La
explicación que da el rector es la falta de “savoir-faire”, capacitación, de
los albañiles. Están buscando a alguien que los pueda orientar para no tirar el
dinero en una obra mal hecha.
De lo que están muy orgullosos en el seminario del
Sagrado Corazón es de su granja. Tienen cabras, cerdos, gallinas, palomas… y
han logrado cosechar maíz y judías. Es la primera vez pero les da la esperanza
de lograr la autofinanciación en lo que más gastos exige, la alimentación de los
seminaristas. Aún así, para este año, contarán con una nueva ayuda de la Obra
Pontificia de San Pedro Apóstol. Serán 9.104 euros, para que “ninguna vocación
se pierda por falta de medios económicos”.
Fuente: OMPRESS-R. D. CONGO
