En Corea
del Sur, una experiencia jubilar única en el mundo
Es la misericordia de Cristo la que sale
al encuentro de los pobres, y no al contrario. Es la Iglesia la que, llevando
la compasión, va a las periferias existenciales de la humanidad herida y la
ayuda a “pasar”.
Pascua, por lo demás, significa “pasaje”.
Es un pasaje muy especial el que durante la Semana Santa se registró en los
suburbios de una metrópolis como Seúl.
En busca de todos estos “fragmentos” de
humanidad, descartados por la sociedad del bienestar, que viven (si va bien)
por las calles, a los márgenes de una civilización que, consumida en el espiral
del consumismo, “parece no darse cuenta de los pecadores, de los excluidos, de
los marginados, de los últimos”. Fue lo que contó a Vatican Insider Vincenzo Bordo, misionero de los
Oblates de María Inmaculada, y creador del autobús de la compasión.
“Nos sentimos provocados y de alguna
manera ‘instigados’ por las palabras del papa Francisco. No nos hemos resistido
a sus desafíos y nos dejamos involucrar por sus utopías. Aprovechando la
invitación a dejar nuestras zonas de “confort” y a llevar a las periferias la
misericordia de Dios”, explicó Bordo.
“Salimos de nuestra Casa de Ana, centro
de asistencia que también sirve cada día 550 comidas para los pobres yhomeless,
para ver si había otras fronteras que explorar y otros horizontes que
alcanzar”, indicó.
El autobús que conduce Bordo lleva en la
puerta las insignias del Jubileo: lo que indica que pasar por esa extraordinaria “puerta
santa automática” ambulante es la esperanza de una vida mejor y un dejarse
estrechar en un abrazo de compasión.
“En las frías noches de invierno —explica
el misionero— nos sumergimos en los peligrosos suburbios de la ciudad, en donde
hemos descubierto que hay una nueva y dramática pobreza: los chicos de la
calle”.
“Son niños, niñas, adolescentes y jóvenes
que, por la violencia, el sometimiento, los abusos, dejan sus casas y se las
arreglan como pueden, en los barrios off-limits de
la bella vita, llenando los
clubes nocturnos, las discotecas, las salas de juego, juegos de azar, la droga,
la prostitución”.
“En esos barrios, llenos de luces
brillantes, buscan la felicidad pero acaban en un abrazo mortal“.
Entonces, esa curiosa Puerta Santa móvil
significa, para muchos niños, pasar una nueva puerta de la misericordia, que
les vuelve a dar a los “desechos” o a las “ruinas” una dignidad que se les ha
negado, a pesar de que sean jóvenes vidas.
Es el pasaje hacia una historia
diferente, el comienzo de un peregrinaje con el que comenzarán un paciente
recorrido de educación y acogida en una de las estructuras de Casa Ana: una
nueva victoria.
“Para nosotros, esa también es una
“puerta santa”: los que pasan por ella, ayudándonos en esta búsqueda de las
periferias, llevan a cabo todas las obras de misericordia (dar de comer a los
hambrientos, curar a los enfermos, vestir a los que están desnudos, consolar a
los afligidos, aconsejar a los que dudan…) hacia todos los que encontramos por
las calles”.
“Esa puerta hace santos a todos los
voluntarios y colaboradores que pasan por ella”.
“Invitamos a todos a que pasen por este
estupendo umbral que conduce a hacer al bien, a practicar lo bello, a
comprometerse con los últimos entre los últimos: los chicos abandonados por sus
padres, ignorados por la sociedad y enganchados por la mala vida”, continuó.
Y afirmó: “Este es nuestro Jubileo, esta es nuestra
Pascua. Hecha no
de fórmulas de oraciones que hay que recitar sentados en la comodidad de una
iglesia hermosa (perfumada con incienso), sino de vida densa, vivida al lado de
los desheredados”.
“Hecha de gestos y de obras de
misericordia prácticos en las zonas inhumanas de nuestras ciudades. En el espíritu del papa Francisco, que
lava y besa los pies de los refugiados”.
Los gestos del papa Francisco motivan y
entusiasman a todos los que viven del otro lado del mundo: “El Papa nos enseña
y demuestra con toda su vida que el cristianismo no es una moral fascinante
que hay que seguir ni todas esas oraciones que hay que saber de memoria, sino
el encuentro con una Persona viva
y presente entre nosotros: Jesucristo, una Persona que debe ser amada y a la
que debemos seguir en el camino del amor misericordioso, por las calles de la
vida”.
Artículo publicado por Vatican
Insider
