Tu mochila tiene propietario
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
Ayer estaba en la oración, y caí en la cuenta de que
sólo nos queda una semana de Cuaresma... y ya llegamos a la Semana Santa.
En ese ratito de oración estuve conversando con el
Señor sobre qué es la Cuaresma. O cómo lo he vivido estos últimos años. Y,
volviendo la mirada hacia atrás, iba observando cómo en todos hay un
denominador común: la Cuaresma es tiempo de vaciar la mochila.
En estas últimas Cuaresmas, el Señor me ha regalado
experimentar de forma renovada el poder entregarle un peso que quizá nunca
antes me había sido iluminado, y la alegría de vivir la Resurrección, la
liberación de toda carga. Es volver a nacer de Cristo, ser una persona nueva.
Nosotras, siempre que enseñamos a orar a alguien,
utilizamos este ejemplo de vaciar la mochila. En realidad es una necesidad:
dejar todo lo que has ido cargando durante el día, todo aquello que te haya
podido quitar la paz, todo lo que te resulta pesado y no puedes con ello. Al
coger esa mochila e ir entregándole una a una todas tus cosas a Cristo, lo que
estás haciendo es abrir tu corazón y dejarle entrar. Dejar que sea Él quien
cargue y muera por todo ello, porque lo que está en la Cruz de Cristo es lo que
resucita.
Es algo que todas deseamos experimentar cada día, pero
que, durante este tiempo, se nos regala de forma especial. Dada la grandeza y
el poder de la Semana de la Pasión de Cristo, seguro que nos concede ver en lo
profundo de nuestro corazón esas cosas que Él desearía que le entregases. Él da
la Vida por ti, y todo lo que te preocupa lo quiere hacer suyo, sólo necesita
que tú, libremente, lo quieras poner en Sus manos.
Hoy el reto del Amor es vaciar tu mochila en la cruz
de Cristo. Hoy siéntate un rato junto a Cristo y deja en sus manos aquello que
te pesa: esa persona a la que te gustaría perdonar, pero sientes tu impotencia;
o aquello que querrías asumir pero te atenaza el miedo...
Experimentarás una paz liberadora, y podrás vivir su
Resurrección en primera persona, porque algo de ti murió con Él.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
