Pónese el segundo verso y explícase cómo esta oscura
contemplación sea secreta.
1. Tres propiedades conviene declarar acerca de tres
vocablos que contiene el presente verso. Las dos, conviene a saber, secreta escala,
pertenecen a la noche oscura de contemplación que vamos tratando; la tercera,
conviene a saber, disfrazada, pertenece al alma por razón del modo que lleva en
esta noche.
Cuanto a lo primero, es de saber que el alma llama
aquí en este verso a esta oscura contemplación por donde ella va saliendo a la
unión de amor, secreta escala por estas dos propiedades que hay en ella, es a
saber, ser secreta y ser escala, y diremos de cada una de por sí.
2. Primeramente llama secreta a esta contemplación
tenebrosa, por cuanto, según habemos tocado arriba, ésta es la teología
mística, que llaman los teólogos sabiduría secreta, la cual dice Santo Tomás
que se comunica e infunde en el alma por amor, lo cual acaece secretamente a
oscuras de la obra del entendimiento y de las demás potencias.
De donde, por
cuanto las dichas potencias no la alcanzan, sino que el Espíritu Santo la
infunde y ordena en el alma, como dice la Esposa en los Cantares (2, 4) sin
ella saberlo, ni entenderlo cómo sea, se llama secreta. Y, a la verdad, no sólo
ella no lo entiende, pero nadie, ni el mismo demonio; por cuanto el Maestro que
la enseña está dentro del alma sustancialmente, donde no puede llegar el
demonio, ni el sentido natural, ni el entendimiento.
3. Y no sólo por esto se puede llamar secreta, sino
también por los efectos que hace en el alma. Porque no solamente en las
tinieblas y aprietos de la purgación, cuando esta sabiduría de amor purga el
alma, es secreta, para no saber decir de ella el alma nada; mas también después
en la iluminación, cuando más a las claras se le comunica esta sabiduría, le es
al alma tan secreta para decir y ponerle nombre para decirla, que, demás de que
ninguna gana le dé al alma de decirla, no halla modo ni manera ni símil que le
cuadre para poder significar inteligencia tan subida y sentimiento espiritual
tan delicado. Y así, aunque más gana tuviese de decirlo, y más significaciones
trajese, siempre se quedaría secreto y por decir.
Porque, como aquella sabiduría interior es tan
sencilla y tan general y espiritual, que no entró al entendimiento envuelta ni
paliada con alguna especie o imagen sujeta al sentido, de aquí es que el
sentido e imaginativa, como no entró por ellas ni sintieron su traje y color,
no saben dar razón ni imaginarla para decir algo de ella, aunque claramente ve
que entiende y gusta aquella sabrosa y peregrina sabiduría. Bien así como el
que viese una cosa nunca vista, cuyo semejante tampoco jamás vio, que, aunque
la entendiese y gustase, no le sabría poner nombre ni decir lo que es, aunque más
hiciese, y esto con ser cosa que la percibió con los sentidos; cuánto menos se
podrá manifestar lo que no entró por ellos. Porque esto tiene el lenguaje de
Dios, que por ser muy íntimo al alma y espiritual, en que excede todo sentido,
luego hace cesar y enmudecer toda la armonía y habilidad de los sentidos
exteriores e interiores.
4. De lo cual tenemos autoridad y ejemplos juntamente
en la divina Escritura. Porque la cortedad del manifestarlo y hablarlo
exteriormente mostró Jeremías (1, 6), cuando, habiendo Dios hablado con él, no
supo qué decir, sino: a, a, a. Y la cortedad interior, esto es, del sentido
interior de la imaginación, y juntamente la del exterior acerca de esto,
también la manifestó Moisés delante de Dios en la zarza (Ex. 4, 10), cuando, no
solamente dijo a Dios que después que hablaba con él, no sabía ni acertaba a
hablar, pero aun, según se dice en los Actos de los Apóstoles (7, 32), con la
imaginación interior no se atrevía a considerar, pareciéndole que la
imaginación estaba muy lejos y muda, no sólo para formar algo de aquello que
entendía en Dios, pero ni aun capacidad para recibir algo de ello. De donde,
por cuanto la sabiduría de esta contemplación es lenguaje de Dios al alma de
puro espíritu a espíritu puro, todo lo que es menos que espíritu, como son los
sentidos, no lo reciben, y así les es secreto y no lo saben ni pueden decir, ni
tienen gana porque no ven cómo.
5. De donde podríamos sacar la causa por que algunas
personas que van por este camino, que, por tener almas buenas y temerosas,
querrían dar cuenta a quien las rige de lo que tienen, no saben ni pueden. De
aquí tienen en decirlo grande repugnancia, mayormente cuando la contemplación
es algo más sencilla, que la misma alma apenas la siente; que sólo saben decir
que el alma está satisfecha y quieta y contenta, o decir que sienten a Dios y
que les va bien, a su parecer; mas no hay decir lo que el alma tiene ni la
sacarán más que términos generales semejantes a éstos. Otra cosa es cuando las
cosas que el alma tiene son particulares, como visiones, sentimientos, etc.,
las cuales, como ordinariamente se reciben debajo de alguna especie en que
participa el sentido, que entonces debajo de aquella especie se puede, o de
otra semejanza, decir. Pero este poderlo decir ya no es en razón de pura
contemplación, porque ésta es indecible, como habemos dicho, y por eso se llama
secreta.
6. Y no sólo por eso se llama y es secreta, sino
porque también esta sabiduría mística tiene propiedad de esconder al alma en
sí. Porque, demás de lo ordinario, algunas veces de tal manera absorbe al alma
y sume en su abismo secreto, que el alma echa de ver claro que está puesta
alejadísima y remotísima de toda criatura; de suerte que le parece que la
colocan en una profundísima y anchísima soledad, donde no puede llegar alguna
humana criatura, como un inmenso desierto que por ninguna parte tiene fin,
tanto más deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto más profundo, ancho y solo,
donde el alma se ve tan secreta cuando se ve sobre toda temporal criatura
levantada.
Y tanto levanta entonces y engrandece este abismo de
sabiduría al alma, metiéndola en las venas de la ciencia de amor, que le hace
conocer no solamente quedar muy baja toda condición de criatura acerca de este
supremo saber y sentir divino, sino también echar de ver cuán bajos y cortos y
en alguna manera impropios son todos los términos y vocablos con que en esta
vida se trata de las cosas divinas, y cómo es imposible, por vía y modo
natural, aunque más alta y sabiamente se hable en ellas, poder conocer ni sentir
de ellas como ellas son, sin la iluminación de esta mística teología. Y así,
viendo el alma en la iluminación de ella esta verdad, de que no se puede
alcanzar y menos declarar por términos vulgares y humanos, con razón la llama
secreta.
7. Esta propiedad de ser secreta y sobre la capacidad
natural esta divina contemplación, tiénela no sólo por ser cosa sobrenatural,
sino también es cuanto es vía que guía y lleva al alma a las perfecciones de la
unión de Dios; las cuales, como son cosas no sabidas humanamente, hase de
caminar a ellas humanamente no sabiendo y divinamente ignorando. Porque,
hablando místicamente, como aquí vamos hablando, las cosas y perfecciones
divinas no se conocen ni entienden como ellas son cuando las van buscando y
ejercitando, sino cuando las tiene halladas y ejercitadas.
Porque a este
propósito dice el profeta Baruc (3, 31) de esta Sabiduría divina: No hay quien
pueda saber, dice, sus vías, ni quien pueda pensar sus sendas. También el
profeta real de este camino del alma dice de esta manera, hablando con Dios: Y
tus ilustraciones lucieron y alumbraron a la redondez de la tierra, conmovióse
y contremió la tierra. En el mar está tu vía, y tus sendas en muchas aguas, y
tus pisadas no serán conocidas (Sal. 76, 1920).
8. Todo lo cual, hablando espiritualmente, se entiende
al propósito que vamos hablando. Porque "alumbrar las coruscaciones de
Dios a la redondez de la tierra" es la ilustración que hace esta divina
contemplación en las potencias del alma; y "conmoverse y tremer la
tierra" es la purgación penosa que en ella causa; y decir que "la vía
y camino de Dios", por donde el alma va a él, "es en el mar, y sus
pisadas en muchas aguas y que por eso no serán conocidas" es decir que
este camino de ir a Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como
lo es para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no
se conocen.
Que esta propiedad tienen los pasos y pisadas que Dios va dando en
las almas que Dios quiere llegar a sí, haciéndolas grandes en la unión de su Sabiduría,
que no se conocen. Por lo cual, en el libro de Job (37, 16) se dicen,
encareciendo este negocio, estas palabras: ¿Por ventura, dice, has tú conocido
las sendas de las nubes grandes o las perfectas ciencias?; entendiendo por esto
las vías y caminos por donde Dios va engrandeciendo a las almas y
perfeccionándolas en su sabiduría, las cuales son aquí entendidas por las
nubes. Queda, pues, que esta contemplación, que va guiando al alma a Dios, es
sabiduría secreta.
Fuente: Mercaba