Pónese el primer verso y explícase cómo, yendo el alma
a oscuras, va segura
1. La oscuridad que aquí dice el alma, ya habemos
dicho que es acerca de los apetitos y potencias sensitivas, interiores y
espirituales, porque todas se oscurecen de su natural lumbre en esta noche
porque, purgándose acerca de ellas, puedan ser ilustradas acerca de lo
sobrenatural.
Porque los apetitos sensitivos y espirituales están adormecidos y
amortiguados sin poder gustar de cosa ni divina ni humana; las afecciones del
alma, oprimidas y apretadas, sin poderse mover a ella ni hallar arrimo en nada;
la imaginación, atada, sin poder hacer algún discurso de bien; la memoria,
acabada; el entendimiento, entenebrecido, sin poder entender cosa, y de aquí
también la voluntad seca y apretada, y todas las potencias vacías e inútiles,
y, sobre todo esto, una espesa y pesada nube sobre el alma, que la tiene angustiada
y ajenada de Dios. De esta manera a oscuras, dice aquí el alma que iba segura.
2. La causa de esto está bien declarada; porque,
ordinariamente, el alma nunca yerra sino por sus apetitos o sus gustos, o sus
discursos, o sus inteligencias, o sus afecciones; porque de ordinario en éstas
excede o falta, o varía o desatina, o da y se inclina en lo que no conviene. De
donde, impedidas todas estas operaciones y movimientos, claro está que queda el
alma segura de errar en ellos, porque, no sólo se libra de sí, sino también de
los otros enemigos, que son mundo y demonio, los cuales apagadas las afecciones
y operaciones del alma, no le pueden hacer guerra por otra parte ni de otra
manera.
3. De aquí se sigue que, cuanto el alma va más a
oscuras y vacía de sus operaciones naturales, va más segura; porque, como dice
el profeta (Os. 13, 9), la perdición al alma solamente le viene de sí misma,
esto es, de sus operaciones y apetitos interiores y sensitivos, y el bien, dice
Dios, solamente de mí. Por tanto, impedida ella así de sus males, resta que le
vengan luego los bienes de la unión de Dios en sus apetitos y potencias, en que
las hará divinas y celestiales. De donde en el tiempo de las tinieblas, si el
alma mira en ello, muy bien echará de ver cuán poco se le divierte el apetito y
las potencias a cosas inútiles y dañosas, y cuán segura está de vanagloria,
soberbia y presunción vana y falso gozo, y de otras muchas cosas. Luego, bien
se sigue que, por ir a oscuras, no sólo no va perdida, sino aun muy ganada,
pues aquí va ganando las virtudes.
4. Pero a la duda que de aquí nace luego, conviene a
saber: que, pues las cosas de Dios de suyo hacen bien al alma y la ganan y
aseguran, ¿por qué en esta noche le oscurece Dios los apetitos y potencias
también acerca de estas cosas buenas, de manera que tampoco pueda gustar de
ellas, ni tratarlas como las demás, y aun en alguna manera menos? Respóndese
que entonces conviene que tampoco le quede operación ni gusto acerca de las
cosas espirituales, porque tiene las potencias y apetitos impuros y bajos y muy
naturales; y así, aunque les den el sabor y trato a estas potencias de las
cosas sobrenaturales y divinas, no le podrían recibir sino muy baja y
naturalmente, muy a su modo. Porque, como dice el Filósofo, cualquier cosa que
se recibe está en el recipiente al modo que lo recibe.
De donde, porque estas naturales potencias no tienen
pureza ni fuerza ni caudal para poder recibir y gustar las cosas sobrenaturales
al modo de ellas, que es divino, sino sólo al suyo, que es humano y bajo, como
habemos dicho, conviene que sean oscurecidas también acerca de esto divino,
porque, destetadas y purgadas y aniquiladas en aquello primero, pierdan aquel
bajo y humano modo de recibir y obrar, y así vengan a quedar dispuestas y
templadas todas estas potencias y apetitos del alma para poder recibir, sentir
y gustar lo divino y sobrenatural alta y subidamente, lo cual no puede ser si
primero no muere el hombre viejo.
5. De aquí es que todo lo espiritual, si de arriba no
viene comunicado del Padre de las lumbres (Sant. 1, 17) sobre el albedrío y
apetito humano, aunque más se ejercite el gusto y potencias del hombre con Dios
y por mucho que les parezca los gustan, no los gustarán divina y
espiritualmente, sino humana y naturalmente, como gustan las demás cosas,
porque los bienes no van del hombre a Dios, sino vienen de Dios al hombre.
Acerca de lo cual, si éste fuera lugar de ello, pudiéramos aquí declarar cómo
hay muchas personas que tienen muchos gustos y aficiones y operaciones de sus
potencias acerca de Dios o de cosas espirituales, y por ventura pensarán ellos
que aquello es sobrenatural y espiritual, y por ventura no son más que actos y
apetitos más naturales y humanos, que, como los tienen de las demás cosas, los
tienen en el mismo temple de aquellas cosas buenas, por cierta facilidad
natural que tienen en mover el apetito y potencias a cualquier cosa.
6. Si por ventura encontráremos ocasión en lo
restante, lo trataremos, diciendo algunas señales de cuándo los movimientos y
acciones interiores del alma sean sólo naturales, y cuándo sólo espirituales, y
cuándo espirituales y naturales acerca del trato con Dios. Basta aquí saber
que, para que los actos y movimientos interiores del alma puedan venir a ser
movidos por Dios divinamente, primero han de ser oscurecidos y adormidos,
asosegados naturalmente acerca de toda su habilidad y operación hasta que
desfallezcan.
7. ¡Oh, pues, alma espiritual!, cuando vieres
oscurecido tu apetito, tus aficiones secas y apretadas, e inhabilitadas tus
potencias para cualquier ejercicio interior, no te penes por eso, antes lo ten
a buena dicha; pues que te va Dios librando de ti misma, quitándote de las
manos la hacienda; con las cuales, por bien que ellas te anduviesen, no obraras
tan cabal, perfecta y seguramente, a causa de la impureza y torpeza de ellas,
como ahora que, tomando Dios la mano tuya, te guía a oscuras como a ciego, a
donde y por donde tú no sabes, ni jamás con tus ojos y pies, por bien que
anduvieran, atinaras a caminar.
8. La causa también por que el alma no sólo va segura,
cuando va así a oscuras, sino aún se va más ganando y aprovechando, es porque,
comúnmente, cuando el alma va recibiendo mejoría de nuevo y aprovechando, es
por donde ella menos entiende, antes muy de ordinario piensa que se va
perdiendo, porque, como ella nunca ha experimentado aquella novedad que le hace
salir y deslumbrar y desatinar de su primer modo de proceder, antes piensa que
se va perdiendo que acertando y ganando, como ve que se pierde acerca de lo que
sabía y gustaba, y se ve ir por donde no sabe ni gusta.
Así como el caminante que, para ir a nuevas tierras no
sabidas, va por nuevos caminos no sabidos ni experimentados, que camina no
guiado por lo que sabía antes, sino en duda y por el dicho de otros. Y claro
está que éste no podría venir a nuevas tierras, ni saber más de lo que antes
sabía, si no fuera por caminos nuevos nunca sabidos, y dejados los que sabía;
ni más ni menos, el que va sabiendo más particularidades en un oficio o arte
siempre va a oscuras, no por su saber primero, porque, si aquél no dejase
atrás, nunca saldría de él ni aprovecharía en más; así, de la misma manera,
cuando el alma va aprovechando más, va a oscuras y no sabiendo. Por tanto,
siendo, como habemos dicho, Dios el maestro y guía de este ciego del alma bien
puede ella, ya que le ha venido a entender como aquí decimos, con verdad
alegrarse y decir: a oscuras y segura.
9. Otra causa también por que en estas tinieblas ha
ido el alma segura es porque iba padeciendo; porque el camino de padecer es más
seguro y aun más provechoso que el de gozar y hacer: lo uno, porque en el
padecer se le añaden fuerzas de Dios, y en el hacer y gozar ejercita el alma
sus flaquezas e imperfecciones; y lo otro, porque en el padecer se van
ejercitando y ganando las virtudes y purificando el alma y haciendo más sabia y
cauta.
10. Pero aquí hay otra más principal causa por que
aquí el alma a oscuras va segura, y es de parte de la dicha luz o sabiduría
oscura; porque de tal manera la absorbe y embebe en sí esta oscura noche de
contemplación y la pone tan cerca de Dios, que la ampara y libra de todo lo que
no es Dios. Porque, como está puesta aquí en cura esta alma para que consiga su
salud, que es el mismo Dios, tiénela Su Majestad en dieta y abstinencia de
todas las cosas, estragado el apetito para todas ellas; bien así como para que
sane el enfermo, que en su casa es estimado, le tienen tan adentro guardado,
que no le dejan tocar del aire ni aun gozar de la luz, ni que sienta las
pisadas, ni aun el rumor de los de casa, y la comida muy delicada y muy por
tasa, de sustancia más que de sabor.
11. Todas estas propiedades, que todas son de
seguridad y guarda del alma, causa en ella esta oscura contemplación, porque
ella está puesta más cerca de Dios; porque, cuanto el alma más a él se acerca,
más oscuras tinieblas siente y más profunda oscuridad por su flaqueza; así como
el que más cerca del sol llegase, más tinieblas y pena le causaría su grande
resplandor por la flaqueza e impureza de su ojo. De donde tan inmensa es la luz
espiritual de Dios, y tanto excede al entendimiento natural, que, cuando llega
más cerca, le ciega y oscurece.
Y ésta es la causa por que en el salmo 17 (v. 12) dice
David que puso Dios por su escondrijo y cubierta las tinieblas, y su
tabernáculo en rededor de sí, tenebrosa agua en las nubes del aire. La cual
agua tenebrosa en las nubes del aire es la oscura contemplación y sabiduría
divina en las almas, como vamos diciendo; la cual ellas van sintiendo como cosa
que está cerca de él, como tabernáculo donde él mora, cuando Dios a sí la va
más juntando. Y así, lo que en Dios es luz y claridad más alta, es para el
hombre tiniebla más oscura, como dice san Pablo (1 Cor. 2, 14) según lo declara
luego David en el mismo salmo (17, 13), diciendo: Por causa del resplandor que
está en su presencia, salieron nubes y cataratas, conviene a saber, para el
entendimiento natural, cuya luz, como dice Isaías en el capítulo 5 (v. 30),
obtenebrata est in caligine eius.
12. ¡Oh mísera suerte de vida, donde con tanto peligro
se vive y con tanta dificultad la verdad se conoce, pues lo más claro y
verdadero nos es más oscuro y dudoso, y por eso huimos de ello siendo lo que
más nos conviene, y lo que más luce y llena nuestro ojo lo abrazamos y vamos
tras de ello, siendo lo que peor nos está y lo que a cada paso nos hace dar de
ojos! ¡En cuánto peligro y temor vive el hombre, pues la misma lumbre de sus
ojos natural, con que se ha de guiar, es la primera que le encandila y engaña
para ir a Dios, y, que si ha de acertar a ver por dónde va, tenga necesidad de llevar
cerrados los ojos y de ir a oscuras para ir seguro de los enemigos domésticos
de su casa, que son sus sentidos y potencias!
13. Bien está, pues, el alma aquí escondida y amparada
en esta agua tenebrosa, que está cerca de Dios. Porque, así como al mismo Dios
sirve de tabernáculo y morada, le servirá, ni más ni menos, al alma de otro
tanto y de amparo perfecto y seguridad, aunque a ella en tinieblas, en que está
escondida y amparada de sí misma y de todos los daños de criaturas, como
habemos dicho. Porque de los tales se entiende lo que también David dice en
otro salmo (30, 21), diciendo: Esconderlos has en el escondrijo de tu rostro de
la turbación de los hombres; ampararlos has en tu tabernáculo de la
contradicción de las lenguas, en lo cual se entiende toda manera de amparo.
Porque "estar escondidos en el rostro de Dios de la turbación de los
hombres" es estar fortalecidos en esta oscura contemplación contra todas
las ocasiones que de parte de los hombres les pueden sobrevenir. Y "estar
amparados en su tabernáculo de la contradicción de las lenguas" es estar
el alma engolfada en esta agua tenebrosa, que es el tabernáculo que habemos
dicho de David. Donde, por tener el alma todos los apetitos y afecciones
destetados y las potencias oscurecidas, está libre de todas las imperfecciones
que contradicen al espíritu, así de su misma carne como de las demás criaturas.
De donde esta alma bien puede decir que va a oscuras y segura.
14. Hay también otra causa no menos eficaz que la
pasada para acabar bien de entender que esta tal alma va segura a oscuras, y es
por la fortaleza que esta oscura, penosa y tenebrosa agua de Dios desde luego
pone en el alma. Que, en fin, aunque es tenebrosa, es agua, y por eso no ha de
dejar de reficionar y fortalecer al alma en lo que más le conviene, aunque a
oscuras y penosamente. Porque, desde luego, ve el alma en sí una verdadera
determinación y eficacia de no hacer cosa que entienda ser ofensa de Dios, ni
dejar de hacer lo que parece cosa de su servicio; porque aquel amor oscuro se le
pega con un muy vigilante cuidado y solicitud interior de qué hará o dejará por
él para contentarle, mirando y dando mil vueltas si ha sido causa de enojarle;
y todo esto con mucho más cuidado y solicitud que antes, como arriba queda
dicho en lo de las ansias de amor. Porque aquí todos los apetitos y fuerzas y
potencias del alma están recogidas de todas las demás cosas, empleando su
conato y fuerza sólo en obsequio de su Dios.
De esta manera sale el alma de sí misma y de todas las
cosas criadas a la dulce y deleitosa unión de amor de Dios, a oscuras y segura, por la secreta escala disfrazada.
