Al igual que hizo con la
mafia italiana, muchos piensan que el Papa lanzará una advertencia contra los
narcos
Para nadie es un secreto que México vive una de las
peores crisis de violencia, extorsión, secuestro e inseguridad, causada –sobre
todo– por el narcotráfico. Los cárteles de la droga pelean, palmo a palmo,
zonas de influencia, cotos de poder, rutas de trasiego y de exportación a
Estados Unidos, principalmente, de drogas de todo tipo, comenzando por la marihuana
y terminando con las drogas de diseño.
El Papa Francisco enfrentará esta dura realidad los
días 16 y 17 de febrero próximos cuando visite Morelia, la capital del
convulsionado Estado de Michoacán (donde surgió el cártel de “La Familia
Michoacana” y el de “Los Caballeros Templarios”, entre otros) y Ciudad Juárez,
cuna del Cártel de Juárez, uno de los pioneros en el trasiego de drogas en la
frontera norte de México.
Como sucede en la mafia italiana, entre los
narcotraficantes mexicanos existe una mezcla de sincretismo religioso y
cercanía –supuesta—con santos a la medida de los narcos, como “San Malverde” o
derivaciones como el culto a la “Santa Muerte”. De ahí que muchos estén
pensando en la posibilidad de que el Papa Francisco lance una dura advertencia
contra quienes participan en esta guerra con miles de muertos en los últimos 10
años.
La tradición viene de lejos. El 21 de noviembre de 1982, san Juan Pablo II, durante su visita
apostólica a Palermo, Italia, dijo que la mafia “tendrá que combatirse sobre
todo mediante una paciente formación de las conciencias”. De nueva cuenta, en
Agrigento, en 1993, san Juan Pablo II volvió a denunciar a la mafia siciliana,
la Cosa Nostra. (En respuesta, fueron dinamitadas dos iglesias de Roma).
En Agrigento, el Papa, visiblemente enfadado exclamó:
“El pueblo siciliano, tan arraigado a la vida, que ama y da la vida, no puede
vivir siempre bajo la presión de una civilización contraria, de la muerte. Hace
falta la civilización de la vida. En nombre de Cristo crucificado y resucitado,
que es camino, verdad, y vida, me dirijo a los responsables: ¡Convertíos, un
día vendrá el juicio de Dios!”.
También Benedicto XVI, en octubre de 2010, hizo un
llamado a los jóvenes sicilianos en Palermo: “No cedan a las sugestiones de la
mafia, que es un camino de muerte, incompatible con el Evangelio”.
Y en 2014, ante cien mil personas en la llanura de
Síbari -región de Calabria- Francisco, durante su homilía en la Misa celebrada
en la catedral de Cassano, hizo lo que ya era un clamor mundial, excomulgó a
los mafiosos: “La ‘Ndrangheta es esto: adoración del mal y desprecio del bien
común. ¡Este mal hay que combatirlo, hay que alejarlo! ¡Es preciso decirle que
no! La Iglesia, que sé que trabaja tanto en la formación de las conciencias,
debe esforzarse cada vez más para que el bien pueda prevalecer. Nos lo piden
nuestros chicos, nos lo demandan nuestros jóvenes necesitados de esperanza.
Para poder responder a estas exigencias, la fe nos puede ayudar. Los que sigan
en su vida los caminos del mal, como son los mafiosos, no están en comunión con
Dios: ¡Están excomulgados!”.
Antes, en marzo de 2014, en el encuentro, organizado
por la fundación antimafia Libera, en Roma el Papa Francisco había dicho a los
mafiosos: “El poder y el dinero que tenéis ahora por muchos negocios sucios,
por crímenes mafiosos, está lleno de sangre. ¡Convertíos, aún estáis a
tiempo de convertíos y de no ir al infierno!”.
Una llamada de este calibre, quizá sí que podría
cambiar los corazones de los narcotraficantes mexicanos. Y de los que se
asocian a ellos en el negocio de la muerte.
Fuente: Aleteia
