El Santo Padre, en la eucaristía en la Basílica de
San Pedro con ocasión del Jubileo de la Curia Romana, recuerda que fidelidad y
misericordia son un binomio inseparable
Los trabajadores del Vaticano y la Curia Romana han celebrado este
lunes, día de la Cátedra de San Pedro, su jubileo. La jornada ha
comenzado en el aula Pablo VI con una meditación del padre Marko Rupnik. Desde
allí, han ido en procesión hacia la Puerta Santa, religiosas, religiosos,
laicos y finalmente los sacerdotes. El papa Francisco ha atravesado también la
Puerta Santa. Una vez en la Basílica, ha dado inicio la celebración
eucarística presidida por el Santo Padre.
Durante la homilía, el Pontífice aseguró a los presentes que en
este momento, el Señor Jesús repite a cada uno la pregunta “y vosotros, ¿quién
decís que soy yo?”. Esta es una pregunta –indicó– clara y directa, frente a la cual
no es posible huir o permanecer indiferentes, ni posponer la pregunta o
delegarla a otro. Al respecto recordó que en esta pregunta no hay nada de
“inquisitivo”, sino que está llena de amor. El amor de “nuestro único Maestro,
que hoy nos llama a renovar la fe en Él, reconociéndolo como Hijo de Dios y
Señor de nuestra vida”. El Santo Padre aseguró que Él es la “piedra” sobre la
que debemos construir. La piedra es Cristo, sobre el fundamento del cual
también Pedro ha sido edificado.
De esta profesión de fe –explicó Francisco– deriva para cada uno de
nosotros la tarea de corresponder a la llamada de Dios. Y precisó que a los
pastores, sobre todo, “se les pide tener como modelo a Dios mismo que cuida de
su rebaño”. Buscar a la oveja perdida, es un comportamiento de Dios que “es
signo del amor que no conoce confines”. Es –aseguró el Papa– una dedicación
fiel, constante, incondicional, para que a todos los débiles pueda llegar su
misericordia.
Asimismo, aseguró que “nos hará bien también a nosotros, llamados a ser
Pastores en la Iglesia, dejar que el rostro de Dios Buen Pastor nos ilumine,
nos purifique, nos transforme y nos restituya plenamente renovados a nuestra
misión”. Que también en nuestros ambientes de trabajo –añadió– podamos sentir,
cultivar y practicar un fuerte sentido pastoral, sobre todo hacia las personas
que encontramos todos los días. Que ninguno “se sienta descuidado o maltratado,
sino que cada uno pueda experimentar, antes que en ningún sitio, aquí, el
cuidado amoroso del Buen Pastor”.
El Pontífice recordó a los presentes, trabajadores de la Santa Sede y la
Curia Romana, que “estamos llamados a ser colaboradores de Dios en una tarea
tan importante y única como la de testimoniar con nuestra existencia la fuerza
de la gracia que transforma y el poder del Espíritu que renueva”. Por eso pidió
que “el Señor nos libere de toda tentación que aleja de la esencia de nuestra
misión, y redescubrir la belleza de profesar la fe en el Señor Jesús”.
Para concluir su homilía, el Santo Padre subrayó que la fidelidad al
ministerio se combina con la misericordia que queremos experimentar. Y así,
recordó que en la Sagrada Escritura, fidelidad y misericordia son un binomio
inseparable. La fidelidad que se nos pide –añadió– es la de actuar según el
corazón de Cristo. Concluyó recordando que como dice el apóstol Pedro, debemos
apacentar el rebaño con “ánimo generoso” y convertirnos en un “modelo para
todos”.
Fuente: Zenit
