Trata cómo por diferentes vías nunca
falta consolación en el camino de la oración, y aconseja a las hermanas de esto
sean sus pláticas siempre.
1. Parece que me contradigo en este capítulo pasado de lo
que había dicho; porque, cuando consolaba a las que no llegaban aquí (1), dije
que tenía el Señor diferentes caminos por donde iban a El, así como había
muchas moradas (2). Así lo torno ahora a decir; porque, como entendió Su
Majestad nuestra flaqueza, proveyó como quien es. Mas no dijo: "por este
camino vengan unos y por éste otros"; antes fue tan grande su
misericordia, que a nadie quitó procurase venir a esta fuente de vida a beber.
¡Bendito sea por siempre, y con cuánta razón me lo quitara a mí!
2. Pues no me mandó lo dejase cuando lo comencé e hizo que
me echasen en el profundo, a buen seguro que no lo quite a nadie, antes
públicamente nos llama a voces (3). Mas, como es tan bueno, no nos fuerza,
antes da de muchas maneras a beber a los que le quieren seguir, para que
ninguno vaya desconsolado ni muera de sed.
Porque de esta fuente caudalosa
salen arroyos, unos grandes y otros pequeños, y algunas veces charquitos para
niños, que aquello les basta, y más sería espantarlos ver mucha agua; éstos son
los que están en los principios.
Así que, hermanas, no hayáis miedo muráis de sed en este
camino. Nunca falta agua de consolación tan falto que no se pueda sufrir. Y
pues esto es así, tomad mi consejo y no os quedéis en el camino, sino pelead
como fuertes hasta morir en la demanda, pues no estáis aquí a otra cosa sino a
pelear. Y con ir siempre con esta determinación de antes morir que dejar de
llegar al fin del camino, si os llevare el Señor con alguna sed en esta vida,
en la que es para siempre os dará con toda abundancia de beber y sin temor que
os ha de faltar. Plega al Señor no le faltemos nosotras, amén (4).
3. Ahora, para comenzar este camino que queda dicho (5) de
manera que no se yerre desde el principio, tratemos un poco de cómo se ha de
principiar esta jornada, porque es lo que más importa; digo que importa el todo
para todo. No digo que quien no tuviere la determinación que aquí diré le deje
de comenzar, porque el Señor le irá perfeccionando; y cuando no hiciese más de
dar un paso, tiene en sí tanta virtud, que no haya miedo lo pierda ni le deje
de ser muy bien pagado.
Es -digamos- como quien tiene una cuenta de perdones (6),
que si la reza una vez gana, y mientras más veces, más. Mas si nunca llega a
ella, sino que se la tiene en el arca, mejor fuera no tenerla. Así que, aunque
no vaya después por el mismo camino, lo poco que hubiere andado de él le dará
luz para que vaya bien por los otros, y si más andare, más. En fin, tenga
cierto que no le hará daño el haberle comenzado para cosa ninguna, aunque le
deje, porque el bien nunca hace mal.
Por eso todas las personas que os trataren, hijas, habiendo
disposición y alguna amistad, procurad quitarlas el miedo de comenzar tan gran
bien. Y por amor de Dios os pido que vuestro trato sea siempre ordenado a algún
bien de quien hablareis, pues vuestra oración ha de ser para provecho de las
almas. Y pues esto habéis siempre de pedir al Señor, mal parecería, hermanas,
no lo procurar de todas maneras.
4. Si queréis ser buen deudo, ésta es la verdadera amistad.
Si buena amiga, entended que no lo podéis ser sino por este camino. Ande la
verdad en vuestros corazones, como ha de andar por la meditación, y veréis
claro el amor que somos obligadas a tener a los prójimos.
No es ya tiempo, hermanas, de juego de niños, que no parece
otra cosa estas amistades del mundo, aunque sean buenas; ni haya entre vosotras
tal plática de "si me queréis", "no me queréis", ni con
deudos ni nadie, si no fuere yendo fundadas en un gran fin y provecho de aquel
ánima. Que puede acaecer, para que os escuche vuestro deudo o hermano o persona
semejante una verdad y la admita, haber de disponerle con estas pláticas y
muestras de amor que a la sensualidad siempre contentan; y acaecerá tener en más
una buena palabra -que así la llaman- y disponer más que muchas de Dios, para
que después éstas quepan.
Y así, yendo con advertencia de aprovechar, no las
quito. Mas si no es para esto, ningún provecho pueden traer, y podrán hacer
daño sin entenderlo vosotras. Ya saben que sois religiosas y que vuestro trato
es de oración. No se os ponga delante: "no quiero que me tengan por
buena", porque es provecho o daño común el que en vos vieren. Y es gran
mal a las que tanta obligación tienen de no hablar sino en Dios, como las
monjas, les parezca bien disimulación en este caso, si no fuese alguna vez para
más bien.
Este es vuestro trato y lenguaje; quien os quisiere tratar,
depréndale; y si no, guardaos de deprender vosotras el suyo: será infierno.
5. Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por
hipócritas, menos. Ganaréis de aquí que no os vea sino quien se entendiere por
esta lengua. Porque no lleva camino uno que no sabe algarabía (7), gustar de
hablar mucho con quien no sabe otro lenguaje. Y así, ni os cansarán ni dañarán,
que no sería poco daño comenzar a hablar nueva lengua, y todo el tiempo se os
iría en eso. Y no podéis saber como yo, que lo he experimentado, el gran mal
que es para el alma, porque por saber la una se le olvida la otra, y es un
perpetuo desasosiego, del que en todas maneras habéis de huir. Porque lo que
mucho conviene para este camino que comenzamos a tratar es paz y sosiego en el
alma.
6. Si las que os trataren quisieren deprender vuestra
lengua, ya que no es vuestro de enseñar, podéis decir las riquezas que se ganan
en deprenderla. Y de esto no os canséis, sino con piedad y amor y oración
porque le aproveche, para que, entendiendo la gran ganancia, vaya a buscar
maestro que le enseñe; que no sería poca merced que os hiciese el Señor despertar
a algún alma para este bien.
Mas ¡qué de cosas se ofrecen en comenzando a tratar de este
camino aun a quien tan mal ha andado por él como yo! Plega al Señor os lo sepa,
hermanas, decir mejor que lo he hecho, amén (8).
NOTAS
1 En el
c. 17, n. 2.
2 Cf. Jn
14, 2.
3 Alusión
a Pv 1, 20 s., y a Jn 7, 37.
4 En la
1ª redacción matizaba así este importante pasaje: Y con ir siempre con esta
determinación de antes morir que dejar de llegar a esta fuente, si os lleva el
Señor sin llegar a ella en esta vida, en la otra os la dará con toda
abundancia; beberéis sin temor que por vuestra culpa os ha de faltar. Plega al
Señor que no nos falte su misericordia, amén.
5 Este
camino que queda dicho: el de la oración, único de que trata el libro entre los
muchos a que alude el n. 1 y c. 19, título.
6 Cuenta
de perdones: especie de rosario indulgenciado, que servía para contar el número
de veces que se rezaban las oraciones prescritas. Perdones = indulgencias.
7
Algarabía: chapurreo del idioma árabe: lengua atropellada e ininteligible (cf.
Vida c. 14, n. 8 nota). Vuestro trato y lenguaje (n. 4), esta lengua: son
expresiones con que se indica el matiz peculiar e inconfundible que caracteriza
la conversación de quien vive la vida de oración.
8 La 1ª
redacción concluía de otra manera: ¡ojalá pudiera yo escribir con muchas manos,
para que unas por otras no se olvidaran!
Fuente: Mercaba
