Prosigue
en la materia comenzada y dice cómo se acabó de concluir y se fundó este monasterio del glorioso
San José y las grandes contradicciones y persecuciones que después de tomar hábito
las religiosas hubo, y los grandes trabajos y tentaciones que ella pasó, y cómo de todo la
sacó el Señor con victoria y en gloria y alabanza suya.
1.
Partida ya de aquella ciudad (1), venía muy contenta por el camino,
determinándome a pasar todo lo que el Señor fuese servido muy con toda voluntad. La
noche misma que llegué a esta tierra, llega nuestro despacho para el monasterio
y Breve de Roma (2), que yo me espanté, y se espantaron los que sabían la prisa
que me había dado el Señor a la venida, cuando supieron la gran necesidad que
había de ello y a la coyuntura que el Señor me traía; porque hallé aquí al
Obispo (3) y al santo fray Pedro de Alcántara y a otro caballero muy siervo de
Dios (4), en cuya casa este santo hombre posaba, que era persona adonde los
siervos de Dios hallaban espaldas y cabida (5).
2.
Entrambos a dos acabaron con el Obispo admitiese el monasterio, que no fue
poco, por ser pobre, sino que era tan amigo de personas que veía así
determinadas a servir al Señor, que luego se aficionó a favorecerle; y el
aprobarlo este santo viejo (6) y poner mucho con unos y con otros en que nos
ayudasen, fue el que lo hizo todo. Si no viniera a esta coyuntura como ya he
dicho, no puedo entender cómo pudiera hacerse. Porque estuvo poco aquí este
santo hombre, que no creo fueron ocho días, y ésos muy enfermo, y desde a muy
poco le llevó el Señor consigo (7). Parece que le había guardado Su Majestad
hasta acabar este negocio, que había muchos días no sé si más de dos años que
andaba muy malo.
3.
Todo se hizo debajo de gran secreto, porque a no ser así no se pudiera hacer
nada, según el pueblo estaba mal con ello, como se pareció después (8). Ordenó
el Señor que estuviese malo un cuñado mío, y su mujer no aquí (9), y en tanta
necesidad, que me dieron licencia para estar con él. Y con esta ocasión no se
entendió nada, aunque en algunas personas (10) no dejaba de sospecharse algo,
mas aún no lo creían. Fue cosa para espantar, que no estuvo más malo de lo que
fue menester para el negocio y, en siendo menester tuviese salud para que yo me
desocupase y él dejase desembarazada la casa, se la dio luego el Señor, que él
estaba maravillado.
4.
Pasé harto trabajo en procurar con unos y con otros que se admitiese (11), y
con el enfermo, y con oficiales para que se acabase la casa a mucha prisa, para
que tuviese forma de monasterio, que faltaba mucho de acabarse. Y la mi
compañera (12) no estaba aquí, que nos pareció era mejor estar ausente para más
disimular, y yo veía que iba el todo en la brevedad por muchas causas; y la una
era porque cada hora temía me habían de mandar ir. Fueron tantas las cosas de
trabajos que tuve, que me hizo pensar si era esta la cruz; aunque todavía me
parecía era poco para la gran cruz que yo había entendido del Señor había de
pasar (13).
5.
Pues todo concertado, fue el Señor servido que, día de San Bartolomé (14),
tomaron hábito (15) algunas y se puso el Santísimo Sacramento, y con toda
autoridad y fuerza quedó hecho nuestro monasterio del gloriosísimo padre
nuestro San José, año de mil y quinientos y sesenta y dos. Estuve yo a darles
el hábito, y otras dos monjas de nuestra casa misma (16), que acertaron a estar
fuera. Como en ésta que se hizo el monasterio era la que estaba mi cuñado (que,
como he dicho (17), la había él comprado por disimular mejor el negocio), con
licencia estaba yo en ella, y no hacía cosa que no fuese con parecer de
letrados, para no ir un punto contra obediencia.
Y como veían ser muy
provechoso para toda la Orden por muchas causas, que aunque iba con secreto y
guardándome no lo supiesen mis prelados, me decían lo podía hacer. Porque por
muy poca imperfección que me dijeran era, mil monasterios me parece dejara,
cuánto más uno. Esto es cierto. Porque aunque lo deseaba por apartarme más de
todo y llevar mi profesión y llamamiento con más perfección y encerramiento, de
tal manera lo deseaba, que cuando entendiera era más servicio del Señor dejarlo
todo, lo hiciera como lo hice la otra vez (18) con todo sosiego y paz.
6.
Pues fue para mí como estar en una gloria ver poner el Santísimo Sacramento y
que se remediaron cuatro huérfanas pobres (porque no se tomaban con dote) (19)
y grandes siervas de Dios, que esto se pretendió al principio, que entrasen
personas que con su ejemplo fuesen fundamento para en que se pudiese el intento
que llevábamos, de mucha perfección y oración, efectuar, y hecha una obra que
tenía entendido era para servicio del Señor y honra del hábito de su gloriosa
Madre, que éstas eran mis ansias.
Y
también me dio gran consuelo de haber hecho lo que tanto el Señor me había
mandado, y otra iglesia más en este lugar, de mi padre glorioso San José, que
no la había. No porque a mí me pareciese había hecho en ello nada, que nunca me
lo parecía, ni parece. Siempre entiendo lo hacía el Señor, y lo que era de mi
parte iba con tantas imperfecciones, que antes veo había que me culpar que no
que me agradecer. Mas érame gran regalo ver que hubiese Su Majestad tomádome
por instrumento siendo tan ruin para tan gran obra. Así
que estuve con tan gran contento, que estaba como fuera de mí, con grande
oración.
7.
Acabado todo, sería como desde a tres o cuatro horas (20), me revolvió el
demonio una batalla espiritual, como ahora diré. Púsome delante si había sido
mal hecho lo que había hecho, si iba contra obediencia en haberlo procurado sin
que me lo mandase el Provincial (que bien me parecía a mí le había de ser algún
disgusto, a causa de sujetarle al Ordinario (21), por no se lo haber primero
dicho; aunque como él no le había querido admitir, y yo no la mudaba (22),
también me parecía no se le daría nada por otra parte), y que si habían de
tener contento las que aquí estaban en tanta estrechura, si les había de faltar
de comer, si había sido disparate, que quién me metía en esto, pues yo tenía
monasterio.
Todo
lo que el Señor me había mandado y los muchos pareceres y oraciones que había
más de dos años que no casi cesaban, todo tan quitado de mi memoria como si
nunca hubiera sido. Sólo de mi parecer me acordaba, y todas las virtudes y la
fe estaban en mí entonces suspendidas, sin tener yo fuerza para que ninguna
obrase ni me defendiese de tantos golpes.
8.
También me ponía el demonio (23) que cómo me quería encerrar en casa tan
estrecha, y con tantas enfermedades, que cómo había de poder sufrir tanta
penitencia, y dejaba casa tan grande y deleitosa y adonde tan contenta siempre
había estado, y tantas amigas; que quizás las de acá no serían a mi gusto, que
me había obligado a mucho, que quizá estaría desesperada, y que por ventura
había pretendido esto el demonio, quitarme la paz y quietud, y que así no
podría tener oración, estando desasosegada, y perdería el alma.
Cosas
de esta hechura juntas me ponía delante, que no era en mi mano pensar en otra
cosa, y con esto una aflicción y oscuridad y tinieblas en el alma, que yo no lo
sé encarecer. De que me vi así, fuime a ver el Santísimo Sacramento, aunque
encomendarme a El no podía. Paréceme estaba con una congoja como quien está en
agonía de muerte. Tratarlo con nadie no había de osar, porque aun confesor no
tenía señalado (14).
9.
¡Oh, válgame Dios, qué vida esta tan miserable! No hay contento seguro ni cosa
sin mudanza. Había tan poquito que no me parece trocara mi contento con ninguno
de la tierra, y la misma causa de él me atormentaba ahora de tal suerte que no
sabía qué hacer de mí. ¡Oh, si mirásemos con advertencia las cosas de nuestra
vida! Cada uno vería por experiencia en lo poco que se ha de tener contento ni
descontento de ella.
Es
cierto que me parece fue uno de los recios ratos que he pasado en mi vida.
Parece que adivinaba el espíritu lo mucho que estaba por pasar, aunque no llegó
a ser tanto como esto si durara. Mas no dejó el Señor padecer mucho a su pobre
sierva; porque nunca en las tribulaciones me dejó de socorrer, y así fue en
ésta, que me dio un poco de luz para ver que era demonio y para que pudiese
entender la verdad y que todo era quererme espantar con mentiras. Y así comencé
a acordarme de mis grandes determinaciones de servir al Señor y deseos de
padecer por El; y pensé que si había de cumplirlos, que no había de andar a
procurar descanso, y que si tuviese trabajos, que ése era el merecer, y si
descontento, como lo tomase por servir a Dios, me serviría de purgatorio; que
de qué temía, que pues deseaba trabajos, que buenos eran éstos; que en la mayor
contradicción estaba la ganancia; que por qué (25) me había de faltar ánimo
para servir a quien tanto debía.
Con
estas y otras consideraciones, haciéndome gran fuerza, prometí delante del
Santísimo Sacramento de hacer todo lo que pudiese para tener licencia de
venirme a esta casa (26), y en pudiéndolo hacer con buena conciencia, prometer
clausura.
10.
En haciendo esto, en un instante huyó el demonio y me dejó sosegada y contenta,
y lo quedé y lo he estado siempre, y todo lo que en esta casa se guarda de
encerramiento y penitencia y lo demás, se me hace en extremo suave y poco. El
contento es tan grandísimo que pienso yo algunas veces qué pudiera escoger en
la tierra que fuera más sabroso. No sé si es esto parte para tener mucha más
salud que nunca, o querer el Señor por ser menester y razón que haga lo que
todas darme este consuelo que pueda hacerlo, aunque con trabajo. Mas del poder
se espantan todas las personas que saben mis enfermedades. ¡Bendito sea El, que
todo lo da y en cuyo poder se puede! (27).
11.
Quedé bien cansada de tal contienda y riéndome del demonio, que vi claro ser
él. Creo lo permitió el Señor, porque yo nunca supe qué cosa era descontento de
ser monja ni un momento, en veinte y ocho años y más que ha que lo soy (28),
para que entendiese la merced grande que en esto me había hecho, y del tormento
que me había librado; y también para que si alguna viese lo estaba, no me
espantase y me apiadase de ella y la supiese consolar.
Pues
pasado esto, queriendo después de comer descansar un poco (porque en toda la
noche no había casi sosegado, ni en otras algunas dejado de tener trabajo y
cuidado, y todos los días bien cansada), como se había sabido en mi monasterio
(29) y en la ciudad lo que estaba hecho, había en él mucho alboroto por las
causas que ya he dicho (30), que parecía llevaban algún color. Luego
la prelada (31) me envió a mandar que a la hora (32) me fuese allá. Yo en
viendo su mandamiento, dejo mis monjas harto penadas, y voyme luego.
Bien
vi que se me habían de ofrecer hartos trabajos; mas como ya quedaba hecho, muy
poco se me daba. Hice oración suplicando al Señor me favoreciese, y a mi padre
San José que me trajese a su casa, y ofrecíle lo que había de pasar y, muy
contenta se ofreciese algo en que yo padeciese por él y le pudiese servir, me
fui, con tener creído luego me habían de echar en la cárcel (33). Mas a mi
parecer me diera mucho contento, por no hablar a nadie y descansar un poco en
soledad, de lo que yo estaba bien necesitada, porque me traía molida tanto
andar con gente.
12.
Como llegué y di mi descuento (34) a la prelada, aplacóse algo, y todas
enviaron al Provincial (35), y quedóse la causa para delante de él. Y venido,
fui a juicio con harto gran contento de ver que padecía algo por el Señor (36),
porque contra Su Majestad ni la Orden no hallaba haber ofendido nada en este
caso; antes procuraba aumentarla con todas mis fuerzas, y muriera de buena gana
por ello, que todo mi deseo era que se cumpliese con toda perfección. Acordéme
del juicio de Cristo y vi cuán nonada era aquél. Hice mi culpa (37) como muy
culpada, y así lo parecía a quien no sabía todas las causas.
Después
de haberme hecho una gran reprensión, aunque no con tanto rigor como merecía el
delito y lo que muchos decían al Provincial, yo no quisiera disculparme, porque
iba determinada a ello, antes pedí me perdonase y castigase y no estuviese
desabrido conmigo.
13.
En algunas cosas bien veía yo me condenaban sin culpa, porque me decían lo
había hecho porque me tuviesen en algo y por ser nombrada y otras semejantes.
Mas en otras claro entendía que decían verdad, en que era yo más ruin que
otras, y que pues no había guardado la mucha religión que se llevaba en aquella
casa, cómo pensaba guardarla en otra con más rigor, que escandalizaba el pueblo
y levantaba cosas nuevas. Todo no me hacía ningún alboroto ni pena, aunque yo
mostraba tenerla porque no pareciese tenía en poco lo que me decían. En fin, me
mandó delante de las monjas diese descuento, y húbelo de hacer.
14.
Como yo tenía quietud en mí y me ayudaba el Señor, di mi descuento de manera
que no halló el Provincial, ni las que allí estaban, por qué me condenar. Y
después a solas le hablé más claro, y quedó muy satisfecho, y prometióme si
fuese adelante (38) en sosegándose la ciudad, de darme licencia que me fuese a
él, porque el alboroto de toda la ciudad era tan grande como ahora diré.
15.
Desde a dos o tres días, juntáronse algunos de los regidores y corregidor y del
cabildo (39), y todos juntos dijeron que en ninguna manera se había de
consentir, que venía conocido daño a la república (40), y que habían de quitar
el Santísimo Sacramento, y que en ninguna manera sufrirían pasase adelante.
Hicieron juntar todas las Ordenes para que digan su parecer (41), de cada una
dos letrados. Unos callaban, otros condenaban; en fin, concluyeron que luego se
deshiciese.
Sólo un Presentado de la Orden de Santo Domingo (42), aunque era
contrario no del monasterio, sino de que fuese pobre, dijo que no era cosa que
así se había de deshacer, que se mirase bien, que tiempo había para ello, que
éste era caso del Obispo, o cosas de este arte, que hizo mucho provecho. Porque
según la furia, fue dicha no lo poner luego por obra. Era, en fin, que había de
ser; que era el Señor servido de ello, y podían todos poco contra su voluntad.
Daban sus razones y llevaban buen celo, y así, sin ofender ellos a Dios,
hacíanme padecer y a todas las personas que lo favorecían, que eran algunas, y
pasaron mucha persecución.
16.
Era tanto el alboroto del pueblo, que no se hablaba en otra cosa, y todos
condenarme e ir al Provincial y a mi monasterio. Yo ninguna pena tenía de
cuanto decían de mí más que si no lo dijeran, sino temor si se había de
deshacer. Esto me daba gran pena, y ver que perdían crédito las personas que me
ayudaban y el mucho trabajo que pasaban, que de lo que decían de mí antes me
parece me holgaba; y si tuviera alguna fe, ninguna alteración tuviera, sino que
faltar algo en una virtud basta a adormecerlas todas; y así estuve muy penada
dos días que hubo estas juntas que digo en el pueblo (43), y estando bien
fatigada me dijo el Señor: ¿No sabes que soy poderoso?; ¿de qué temes?, y me
aseguró que no se desharía. Con esto quedé muy consolada. Enviaron
al Consejo Real con su información (44). Vino provisión para que se diese
relación de cómo se había hecho.
17.
Hela aquí comenzado un gran pleito; porque de la ciudad fueron a la Corte, y
hubieron de ir de parte del monasterio, y ni había dineros ni yo sabía qué
hacer. Proveyólo el Señor, que nunca mi Padre Provincial me mandó dejase de
entender en ello; porque es tan amigo de toda virtud, que aunque no ayudaba, no
quería ser contra ello. No me dio licencia, hasta ver en lo que paraba, para
venir acá. Estas siervas de Dios (45) estaban solas y hacían más con sus
oraciones que con cuanto yo andaba negociando, aunque fue menester harta
diligencia.
Algunas
veces parecía que todo faltaba, en especial un día antes que viniese el
Provincial, que me mandó la priora (46) no tratase en nada, y era dejarse todo.
Yo me fui a Dios y díjele: "Señor, esta casa no es mía; por Vos se ha
hecho; ahora que no hay nadie que negocie, hágalo Vuestra Majestad".
Quedaba tan descansada y tan sin pena, como si tuviera a todo el mundo que
negociara por mí, y luego tenía por seguro el negocio.
18.
Un muy siervo de Dios, sacerdote (47), que siempre me había ayudado, amigo de
toda perfección, fue a la Corte a entender en el negocio, y trabajaba mucho; y
el caballero santo de quien he hecho mención (48) hacía en este caso muy mucho,
y de todas maneras lo favorecía. Pasó hartos trabajos y persecución, y siempre
en todo le tenía por padre y aun ahora le tengo.
Y
en los que nos ayudaban ponía el Señor tanto hervor, que cada uno lo tomaba por
cosa tan propia suya, como si en ello les fuera la vida y la honra, y no les
iba más de ser cosa en que a ellos les parecía se servía el Señor. Pareció
claro ayudar Su Majestad al Maestro que he dicho, clérigo (49), que también era
de los que mucho me ayudaban, a quien el Obispo puso de su parte en una junta
grande (50) que se hizo, y él estaba solo contra todos y en fin, los aplacó con
decirles ciertos medios, que fue harto para que se entretuviesen, mas ninguno
bastaba para que luego no tornasen a poner la vida, como dicen, en deshacerle.
Este siervo de Dios que digo, fue quien dio los hábitos y puso el Santísimo
Sacramento, y se vio en harta persecución. Duró esta batería casi medio año
(51), que decir los grandes trabajos que se pasaron por menudo, sería largo.
19.
Espantábame yo de lo que ponía el demonio contra unas mujercitas y cómo les
parecía a todos era gran daño para el lugar solas doce mujeres y la priora, que
no han de ser más digo a los que lo contradecían, y de vida tan estrecha; que
ya que fuera daño o yerro, era para sí mismas; mas daño al lugar, no parece
llevaba camino; y ellos hallaban tantos, que con buena conciencia lo
contradecían. Ya vinieron a decir que, como tuviese renta, pasarían por ello y
que fuese adelante. Yo estaba ya tan cansada de ver el trabajo de todos los que
me ayudaban, más que del mío, que me parecía no sería malo hasta que se
sosegasen tener renta, y dejarla después. Y otras veces, como ruin e
imperfecta, me parecía que por ventura lo quería el Señor, pues sin ella no
podíamos salir con ello, y venía ya en este concierto (52).
20.
Estando la noche antes que se había de tratar en oración, y ya se había
comenzado el concierto, díjome el Señor que no hiciese tal, que si comenzásemos
a tener renta, que no nos dejarían después que lo dejásemos, y otras algunas
cosas. La misma noche me apareció el santo fray Pedro de Alcántara, que era ya
muerto (53), y antes que muriese me escribió como supo la gran contradicción y
persecución que teníamos que se holgaba fuese la fundación con contradicción
tan grande, que era señal se había el Señor servir muy mucho en este
monasterio, pues el demonio tanto ponía en que no se hiciese, y que en ninguna
manera viniese en tener renta; y aun dos o tres veces me persuadió en la carta,
y que, como esto hiciese, ello vendría a hacerse todo como yo quería. Ya yo le
había visto otras dos veces después que murió, y la gran gloria que tenía, y
así no me hizo temor, antes me holgué mucho; porque siempre aparecía como
cuerpo glorificado, lleno de mucha gloria, y dábamela muy grandísima verle.
Acuérdome que me dijo la primera vez que le vi, entre otras cosas, diciéndome
lo mucho que gozaba, que dichosa penitencia había sido la que había hecho, que
tanto premio había alcanzado.
21.
Porque ya creo tengo dicho algo de esto (54), no digo aquí más de cómo esta vez
me mostró rigor y sólo me dijo que en ninguna manera tomase renta y que por qué
no quería tomar su consejo, y desapareció luego.
Yo
quedé espantada, y luego otro día dije al caballero (55) que era a quien en
todo acudía como el que más en ello hacía lo que pasaba, y que no se concertase
en ninguna manera tener renta, sino que fuese adelante el pleito. El estaba en
esto mucho más fuerte que yo, y holgóse mucho; después me dijo cuán de mala
gana hablaba en el concierto.
22.
Después se tornó a levantar otra persona (56), y sierva de Dios harto, y con
buen celo; ya que estaba en buenos términos, decía se pusiese en manos de
letrados. Aquí tuve hartos desasosiegos, porque algunos de los que me ayudaban
venían en esto, y fue esta maraña que hizo el demonio, de la más mala digestión
de todas. En todo me ayudó el Señor, que así dicho en suma no se puede bien dar
a entender lo que se pasó en dos años (57) que se estuvo comenzada esta casa,
hasta que se acabó. Este medio postrero y lo primero fue lo más trabajoso.
23.
Pues aplacada ya algo la ciudad, diose tan buena maña el Padre Presentado
Dominico que nos ayudaba (58), aunque no estaba presente, mas habíale traído el
Señor a un tiempo que nos hizo harto bien y pareció haberle Su Majestad para
solo este fin traído, que me dijo él después que no había tenido para qué
venir, sino que acaso lo había sabido. Estuvo lo que fue menester. Tornado a
ir, procuró por algunas vías que nos diese licencia nuestro Padre Provincial
para venir yo a esta casa con otras algunas conmigo (59), (que parecía casi
imposible darla tan en breve), para hacer el oficio (60) y enseñar a las que
estaban. Fue grandísimo consuelo para mí el día que vinimos.
24.
Estando haciendo oración en la iglesia antes que entrase en el monasterio,
estando casi en arrobamiento, vi a Cristo que con grande amor me pareció me
recibía y ponía una corona y agradeciéndome lo que había hecho por su Madre. Otra
vez, estando todas en el coro en oración después de Completas, vi a nuestra
Señora con grandísima gloria, con manto blanco, y debajo de él parecía
ampararnos a todas; entendí cuán alto grado de gloria daría el Señor a las de
esta casa.
25.
Comenzado a hacer el oficio (61), era mucha la devoción que el pueblo comenzó a
tener con esta casa. Tomáronse más monjas, y comenzó el Señor a mover a los que
más nos habían perseguido para que mucho nos favoreciesen e hiciesen limosna; y
así aprobaban lo que tanto habían reprobado, y poco a poco se dejaran del
pleito y decían que ya entendían ser obra de Dios, pues con tanta contracción
Su Majestad había querido fuese adelante. Y no hay al presente nadie que le
parezca fuera acertado dejarse de hacer, y así tienen tanta cuenta con
proveernos de limosna, que sin haber demanda (62) ni pedir a nadie, los
despierta el Señor para que nos la envíen, y pasamos sin que nos falte lo necesario,
y espero en el Señor será así siempre; que, como son pocas, si hacen lo que
deben como Su Majestad ahora les da gracia para hacerlo, segura estoy que no
les faltará ni habrán menester ser cansosas (63), ni importunar a nadie, que el
Señor se tendrá cuidado como hasta aquí.
26 Que es para mí grandísimo
consuelo de verme aquí metida con almas tan desasidas. Su trato es entender
cómo irán adelante en el servicio de Dios. La soledad es su consuelo, y pensar
de ver a nadie que no sea para ayudarlas a encender más el amor de su Esposo,
les es trabajo, aunque sean muy deudos; (64) y así no viene nadie a esta casa,
sino quien trata de esto, porque ni las contenta ni los contenta. No es su
lenguaje otro sino hablar de Dios, y así no entienden ni las entiende sino
quien habla el mismo (65).
Guardamos
la Regla de nuestra Señora del Carmen, y cumplida ésta sin relajación, sino
como la ordenó fray Hugo, Cardenal de Santa Sabina, que fue dada a 1248 años,
en el año quinto del Pontificado del Papa Inocencio IV (66).
27.
Me parece serán bien empleados todos los trabajos que se han pasado. Ahora,
aunque tiene algún rigor, porque no se come jamás carne sin necesidad y ayuno
de ocho meses y otras cosas, como se ve en la misma primera Regla, en muchas
aun se les hace poco a las hermanas y guardan otras cosas que para cumplir ésta
con más perfección nos han parecido necesarias (67). Y espero en el Señor ha de
ir muy delante lo comenzado, como Su Majestad me lo ha dicho (68).
28.
La otra casa que la beata que dije procuraba hacer, también la favoreció el
Señor, y está hecha en Alcalá (69), y no le faltó harta contradicción ni dejó
de pasar trabajos grandes. Sé que se guarda en ella toda religión, conforme a
esta primera Regla nuestra (70). Plega al Señor sea todo para gloria y alabanza
suya y de la gloriosa Virgen María, cuyo hábito traemos, amén.
29.
Creo se enfadará vuestra merced (71) de la larga relación que he dado de este
monasterio, y va muy corta para los muchos trabajos y maravillas que el Señor
en esto ha obrado, que hay de ello muchos testigos que lo podrán jurar, y así
pido yo a vuestra merced por amor de Dios, que si le pareciere romper lo demás
que aquí va escrito (72), lo que toca a este monasterio vuestra merced lo
guarde y, muerta yo, lo dé a las hermanas que aquí estuvieren, que animará
mucho para servir a Dios las que vinieren, y a procurar no caiga lo comenzado,
sino que vaya siempre adelante, cuando vean lo mucho que puso Su Majestad en
hacerla por medio de cosa tan ruin y baja como yo.
Y
pues el Señor tan particularmente se ha querido mostrar en favorecer para que
se hiciese, paréceme a mí que hará mucho mal y será muy castigada de Dios la
que comenzare a relajar la perfección que aquí el Señor ha comenzado y
favorecido para que se lleve con tanta suavidad, que se ve muy bien es
tolerable y se puede llevar con descanso, y el gran aparejo que hay para vivir
siempre en él las que a solas quisieren gozar de su esposo Cristo; que esto es
siempre lo que han de pretender, y solas con El solo, y no ser más de trece; porque
esto tengo por muchos pareceres sabido que conviene, y visto por experiencia,
que para llevar el espíritu que se lleva y vivir de limosna y sin demanda, que
no se sufre más (73).
Y siempre crean más a quien con trabajos muchos y oración
de muchas personas procuró lo que sería mejor; y en el gran contento y alegría
y poco trabajo que en estos años que ha estamos en esta casa vemos tener todas,
y con mucha más salud que solían, se verá ser esto lo que conviene. Y quien le
pareciere áspero (74), eche la culpa a su falta de espíritu y no a lo que aquí
se guarda, pues personas delicadas y no sanas, porque le tienen, con tanta
suavidad lo pueden llevar, y váyanse a otro monasterio, adonde se salvarán
conforme a su espíritu.
NOTAS CAPÍTULO 36
1 Salió de Toledo
a fines de junio o primeros de julio de 1562.
2 El Breve
pontificio había sido expedido por la Sagrada Penitenciaría y llevaba fecha de
7.2.1562. Tanto el texto del Breve como la relativa súplica pueden verse en La
Reforma Teresiana: documentario histórico de sus primeros días (Roma 1962), pp.
139-146.
3 Era Obispo de
Avila, desde diciembre de 1560, Don Alvaro de Mendoza. Se hará pronto gran
amigo y colaborador de la Santa. En 1577 fue trasladado a la diócesis de
Palencia. Murió en Valladolid el 19.4.1586. Fue enterrado en la iglesia de San
José (Avila).
4
"Francisco de Salcedo" anota Gracián en su libro, equivocadamente. Se
trataba de Juan Blázquez (Velázquez) Dávila, señor de Loriana y padre del conde
de Uceda, que solía acoger en su casa de Avila a fray Pedro de Alcántara.
5 Hallar
espaldas y cabida: hallar protección y acogida.
6 Santo viejo:
fray Pedro de Alcántara (cf. c. 27, 18). Contaba unos 62 años.
7 Desde a muy
poco: muy poco después. Falleció en Arenas de San Pedro el 18 de octubre de
1562.
8 Como se
pareció: como se evidenció.
9 Su cuñado:
Juan de Ovalle, casado con la hermana menor de la Santa, Juana de Ahumada,
residentes en Alba. Se había trasladado a Avila para trabajar en la adquisición
de las casas para la fundación. Viajó a Toledo para acompañar a la M. Teresa en
su viaje de regreso. En Avila cayó enfermo, y hubo de ser asistido por la Santa.
10 En algunas
personas: por parte de algunas personas.
11 Que se
admitiese: que aceptase la fundación.
12 Mi compañera:
Doña Guiomar de Ulloa, a cuyo nombre venía expedido el Breve de fundación.
13 Cf. c. 35, 8.
14 Día (fiesta)
de San Bartolomé: 24 de agosto de 1562.
15 Tomaron
hábito religioso Antonia de Henao con el nombre de Antonia del Espíritu Santo,
María de la Paz (en religión María de la Cruz), Ursula de los Santos y María de
Avila (en religión, María de San José), hermana de Julián de Avila. Como
delegado del Obispo, les impuso el hábito Gaspar Daza.
16 De nuestra
casa de la Encarnación: eran Doña Inés y Doña Juana de Tapia, que al hacerse
descalzas se llamaron Inés de Jesús y Ana de la Encarnación.
17 En el n. 3 y
en el c. 33, 1-2. 11.
18 Lo ha
referido en el c. 33, 1-2.
19 Es decir: no
se imponía la obligación de aportar dote, para ser recibidas en el nuevo
monasterio. Ello no obstó para que Antonia del Espíritu Santo ofreciese 17.000
maravedís, y Ursula de los Santos, 300 ducados.
20 Desde a tres
o cuatro horas: 3 ó 4 horas después.
21 Ordinario: el
Obispo de Avila.
22 Yo no mudaba
de obediencia: seguía súbdita del Provincial.
23 Me ponía (=
sugería) el demonio...
24 En Toledo era
su confesor el jesuita P. Doménech. En Avila aún no ha regularizado esa su
situación.
25 Por lapsus
material, omitió ese "qué" en el autógrafo. Seguimos la lectura de
fray Luis (p. 458).
26 Esta casa:
carmelo de San José donde se halla cuando esto escribe.
27 Alusión a Fil
4, 13 (cf. c. 13, 3).
28 En 28 años y
más que hace soy monja. Había tomado el hábito a fines de 1536. Por tanto,
escribe estas páginas hacia finales de 1565.
29 Mi
monasterio: la Encarnación.
30 Lo ha dicho
en el c. 32, 14-15; y c. 33, 2.
31 La prelada de
la Encarnación. "Dª Isabel de Avila", anota Gracián en su libro, pero
se equivoca: era priora María Cimbrón, recién elegida en la temida asamblea de
que habló la Santa a su partida de Toledo (12 de agosto de 1562: cf. c. 35,
7-8). Doña Isabel Dávila era la priora cesante. Doña María Cimbrón había sido
priora por los años de la enfermedad de Teresa (1539-1542).
32 A la hora.
inmediatamente.
33 Cárcel: celda
de castigo en el monasterio. De hecho la Santa no tuvo ese castigo.
34 Di mi
descuento: dar explicaciones justificativas. Cf. nn. 13 y 14; c. 33, 3.
35 Enviaron
aviso o recado al Provincial, Angel de Salazar.
36 Reminiscencia
bíblica: Hech 5, 41.
37 Hice mi
culpa: hice confesión pública de culpada: se refiere a la práctica de rito,
prescrita para el capítulo de culpas.
38 Si fuese
adelante: si continuase en pie la fundación.
39 Regidores
eran los asesores o asistentes del Concejo ciudadano; Corregidor, el
funcionario regio con autoridad judicial y administrativa de la ciudad. Cabildo
catedralicio, compuesto por el deán y los canónigos. - La serie de sesiones del
Concejo se celebró los días 25, 26, 29 y 30 de agosto. Había precedido el día
22 una delación de Lázaro Dávila "cantero veedor de las fuentes". Y
seguirán las sesiones del Concejo en los meses de septiembre, octubre y
noviembre, e incluso en el año siguiente 1563. Las actas respectivas pueden
verse publicadas en La Reforma Teresiana: documentario de sus primeros días
(Roma 1962), pp.152 y ss.
40 República: en
su acepción de "cosa pública" o comunidad ciudadana.
41 Hicieron
juntar...: alude a la convocatoria general del día 29 de agosto, para reunirse
todos al día siguiente. El acta oficial da una idea de la solemnidad del acto:
"Sobre lo del monasterio. - Este día, en el dicho concejo, los dichos
señores Justicia, Regidores, dijeron que para tratar y conferir sobre lo tocante
al monasterio que nuevamente se ha intentado hacer, acordaban y mandaban que
para mañana domingo, a las tres después de medio día, los señores Juan de Henao
y Perálvarez Serrano, de parte de esta ciudad, pidan por merced a los señores
Deán y Cabildo tengan por bien nombren personas que vengan a lo susodicho para
tratar de ello a la dicha hora, y asimismo lo pidan y digan a los señores don
Francisco de Valderrábano y Pedro del Peso, el Viejo, y, si el señor don
Francisco tuviese ocupación, se diga al señor Diego de Bracamonte, y asimismo
se pida y haga saber a los señores Prior de Santo Tomás y Guardián de San
Francisco y Prior de Nuestra Señora del Carmen y a los Abades del monasterio de
Santispíritus, y Nuestra Señora de la Antigua, y a los Rectores del Nombre de
Jesús, y a los letrados de la ciudad, y a Cristóbal Juárez y Alonso de Robledo,
para que haya de todos los estados de la dicha ciudad para tratar de lo
susodicho y para que cada uno diga su parecer en ello, sirviendo a Dios Nuestro
Señor y a Su Majestad del Rey nuestro Señor, y procurando el bien de la
república de esta ciudad" (La Reforma Teresiana... p. 154-155).
42 En el
autógrafo de Vida, el propio Domingo Báñez anotó al margen: "Esto fue el
año de 1562, en fin de agosto; yo me hallé presente y di ese parecer. Fray
Domingo Bañes (rubrica y sigue:) y cuando esto escribo es año de 1575, 2 de
mayo, y tiene esta Madre fundados 9 monasterios de gran religión". También
Gracián anotó al margen de su libro: "El Mº fray Domingo Báñez".
43 Dos días que
hubo estas juntas: según las actas del Concejo, fueron los días 25 y 26. Ya en
la junta del día 26 se proyecta recurrir al Consejo Real contra las monjas.
44 Enviaron al
Consejo Real: el 12 de septiembre se decide apelar al Consejo Real, y se nombra
a Alonso de Robledo "para ir a Madrid a entender en el negocio de las
monjas de San José", y se le asigna "por cada un día de los que en
ello ocupare un ducado". - Vino provisión: el 22 de septiembre regresó de
Madrid Alonso de Robledo con dos provisiones del Consejo Real, que fueron
notificadas al corregidor Garci Suárez para que las haga ejecutar.
45 Estas siervas
de Dios: las monjas de San José.
46 La priora de
la Encarnación, María Cimbrón. Provincial: Angel de Salazar.
47 "Gonzalo
de Aranda", anotó Gracián en su libro. Aranda es sacerdote diocesano.
Confesor en la Encarnación (lo seguirá siendo en 1567). Gran amigo de la Madre
Teresa, abogará su causa ante el Consejo Real en la Corte. Es hermano de
Rodrigo de Aranda, que en 1577 será el encargado de llevar a Madrid la causa de
las monjas de la Encarnación, vejadas por el Provincial Juan G. de la Magdalena.
48
"Francisco de Salcedo", anota Gracián en su ejemplar de Vida. Ya
mencionado en los cc. 23, 6-7; 28, 17; 30, 6; 32, 18.
49 "Gaspar
Daza", anota de nuevo Gracián. De él habló la Santa en el c. 23, 6 y ss.
Ya intervino en la "junta grande" del 30 de agosto. Según las actas,
están presentes "los licenciados Daza, Cimbrón y Ortega, letrados de la
dicha ciudad".
50 Junta grande
del Concejo de la ciudad: alude probablemente a la sesión solemne del 30 de
agosto. Cf. nota 41.
51 Casi medio
año de fuerte oposición: al menos hasta enero/febrero de 1563. En las actas del
Concejo, todavía el 12 de enero se urge al licenciado Pacheco y al señor Juan
de Henao, para que insistan ante la Corte de Madrid.
52 Este
concierto: dar rentas provisionales al monasterio de San José. El 6 de
noviembre, ante el Concejo de la ciudad, Juan de Henao y Diego de Villena
"dicen que quieren concierto y que dotarán al monasterio a vista del Señor
Obispo". Pero ese mismo día es rechazado por los señores del Concejo. (Cf.
La Reforma Teresiana... p. 160-161). - A continuación: Si "se"
comenzásemos, escribió la Santa por lapsus material.
53 Murió el 19
de octubre de ese año de 1562. - Se conserva una carta del Santo a la M. Fundadora,
con fecha de 14.4.1562 (BMC, t. 2, p. 125). La aludida en este pasaje fue
escrita por el Santo ya muy enfermo en septiembre/octubre de 1562, y no la
conocemos. La conoció, en cambio, F. de Ribera: "También vi una carta que
escribió el mismo a la Madre Teresa de Jesús el septiembre adelante: no tiene
cuatro dedos de papel en ancho, sino sólo lo que era menester para lo que había
de escribir. El sobrescrito dice: 'A la muy magnífica y religiosísima señora
Doña Teresa de Ahumada, en Avila, que nuestro Señor haga santa" (Vida, L.
1, c. 17, p. 118).
54 En el c. 27,
19.
55 Al caballero
santo: Francisco de Salcedo. - En el autógrafo, por lapsus, A quien todo...
56 Otra persona:
desconocida.
57 En
"tres" años, había escrito. Luego enmendó. Fray Luis: "en dos años"
(p. 468).
58 "Fray
Pedro Ibáñez", anota Gracián en su libro. Residía en Trianos (León).
Estuvo presente en la "junta grande" del 30 de agosto, juntamente con
"fray Pedro Serrano, prior del monasterio y casa insigne de Señor santo
Tomás de Aquino el Real, de Avila". El P. Pedro figura como "fraile
de dicha casa y Orden". (La Reforma Teresiana... p. 155-156).
59 Algunas otras
monjas de la Encarnación conmigo: fueron, entre otras, Ana de San Juan
(Dávila), Ana de los Angeles (Gómez), María Isabel (Ordóñez) e Isabel de San
Pablo (de la Peña).
60 Para hacer el
oficio: el oficio de priora, o más probablemente el rezo del oficio divino (cf.
n. 25 y c. 38, 25).
61 Comenzando a
hacer el oficio: a recitarlo en el coro, o a celebrar los oficios litúrgicos
(si bien la Santa suele escribir: "decir o rezar el Oficio Divino")
(Const. 21; Fund 17, 8; 24, 16.19...).
62 Sin haber
demanda: sin petición pública al modo de los mendicantes.
63 Cansosas:
gravosas.
64 Deudos:
parientes.
65 Cf. el pasaje
paralelo de Fund. 1, 1.6.
66 La Santa
puntualiza intecionadamente estos datos, tomados casi a la letra de la
Constitución Apostólica "Quae honorem Conditoris" (1.10.1247), que
contiene el texto de la Regla carmelitana adaptada por el Cardenal Hugo de San
Caro ( 1263) y por fray Guillermo, obispo titular de Antarados. A la Santa se
le escapó un error de data: 1248, en lugar de 1247. - Conviene recordar que la
Regla carmelitana, compuesta a principios del siglo XIII por San Alberto,
Patriarca de Jerusalén ( 1214) y aprobada por Honorio III (30.1.1226), fue
sucesivamente modificada y confirmada por Inocencio IV (1247), y mitigada por
Eugenio IV (15.2.1432). Cuando la Santa escribe que en su monasterio de San
José se guarda la "Regla de nuestra Señora del Carmen... sin
relajación", alude al abandono de las cláusulas de mitigación de Eugenio
IV, vigentes en la Encarnación. Ella y las monjas de San José han optado por la
Regla aprobada por Inocencio IV. Era el punto de partida, jurídico y espiritual,
de su Reforma. De ahí su interés por dejar constancia del hecho al concluir el
relato de la fundación de San José.
67 Otras cosas,
además de las prescritas en la Regla: alusión al primer esbozo de
Constituciones de sus Carmelos.
68 La beata que
dije: María de Jesús. Fundó el monasterio de La Imagen en Alcalá de Henares al
año siguiente (1563): cf. c. 35, 1 y ss.
69 Esta primera
Regla nuestra: la aludida en el n. 25 (cf. nota 66). Pero María de Jesús optó
por una versión especial de la misma Regla, adaptando su texto al Carmelo
femenino.
70 Alude
probablemente a las promesas del Señor del c. 32, 11.
71 vVuestra
merced: el P. García de Toledo.
72 Ya otras
veces ha insinuado la hipótesis de que su escrito termine en el fuego (c. 10,
8), o en el cesto de los papeles (cc. 7, 22; 10, 7; 16, 8; 21, 4).
73 No se sufre
(= no se soporta, no es posible) sean más de trece.
74 Aspero: Fray
Luis leyó "espero" (p. 473), seguido por otros editores inducidos a
error por la edición facsimilar de Vida (1873). El mismo fray Luis enmendó el
error en la fe de erratas de la edición príncipe y en la siguiente edición de
Vida (1589: p. 335).
Fuente: Mercaba
