Torna
a contar el discurso de su vida y cómo remedió el Señor mucho de sus trabajos
con traer al lugar
adonde estaba el santo Fray Pedro de Alcántara, de la orden del glorioso San Francisco. Trata de grandes
tentaciones y trabajos interiores que pasaba algunas veces.
1.
Pues viendo yo lo poco o nonada que podía hacer para no tener estos ímpetus tan
grandes, también temía de tenerlos; porque pena y contento no podía yo entender
cómo podía estar junto; (1) que ya pena corporal y contento espiritual, ya lo
sabía que era bien posible; mas tan excesiva pena espiritual y con tan
grandísimo gusto, esto me desatinaba.
Aún
no cesaba en procurar resistir, mas podía tan poco, que algunas veces me
cansaba. Amparábame con la cruz y queríame defender del que con ella nos amparó
a todos (2). Veía que no me entendía nadie, que esto muy claro lo entendía yo;
mas no lo osaba decir sino a mi confesor (3), porque esto fuera decir bien de
verdad que no tenía humildad.
2.
Fue el Señor servido remediar gran parte de mi trabajo y por entonces todo con
traer a este lugar (4) al bendito Fray Pedro de Alcántara, de quien ya hice
mención y dije algo de su penitencia (5), que, entre otras cosas, me
certificaron había traído veinte años cilicio de hoja de lata continuo. Es
autor de unos libros pequeños de oración que ahora se tratan mucho, de romance,
porque como quien bien la había ejercitado, escribió harto provechosamente para
los que la tienen (6). Guardó la primera Regla del bienaventurado San Francisco
con todo rigor y lo demás que allá (7) queda algo dicho.
3.
Pues como la viuda sierva de Dios, que he dicho (8), y amiga mía, supo que
estaba aquí tan gran varón, y sabía mi necesidad, porque era testigo de mis
aflicciones y me consolaba harto, porque era tanta su fe que no podía sino
creer que era espíritu de Dios el que todos los más decían era del demonio, y
como es persona de harto buen entendimiento y de mucho secreto y a quien el
Señor hacía harta merced en la oración, quiso Su Majestad darla luz en lo que
los letrados ignoraban. Dábanme licencia mis confesores que descansase con ella
algunas cosas, porque por hartas causas cabía en ella (9). Cabíale parte
algunas veces de las mercedes que el Señor me hacía, con avisos harto
provechosos para su alma.
Pues
como lo supo, para que mejor le pudiese tratar, sin decirme nada recaudó
licencia de mi Provincial (10) para que ocho días estuviese en su casa, y en
ella y en algunas iglesias le hablé muchas veces esta primera vez que estuvo
aquí, que después en diversos tiempos le comuniqué mucho (11). Como le di
cuenta en suma de mi vida y manera de proceder de oración, con la mayor
claridad que yo supe, que esto he tenido siempre, tratar con toda claridad y
verdad con los que comunico mi alma, hasta los primeros movimientos querría yo
les fuesen públicos, y las cosas más dudosas y de sospecha yo les argüía con
razones contra mí, así que sin doblez ni encubierta (12) le traté mi alma.
4.
Casi a los principio vi que me entendía por experiencia, que era todo lo que yo
había menester; porque entonces no me sabía entender como ahora, para saberlo
decir, que después me lo ha dado Dios que sepa entender y decir las mercedes
que Su Majestad me hace (13), y era menester que hubiese pasado por ello quien
del todo me entendiese y declarase lo que era. El me dio grandísima luz, porque
al menos en las visiones que no eran imaginarias no podía yo entender qué podía
ser aquello, y parecíame que en las que veía con los ojos del alma tampoco
entendía cómo podía ser; que como he dicho (14) sólo las que se ven con los
ojos corporales era de las que me parecía a mí había de hacer caso, y éstas no
tenía.
5.
Este santo hombre me dio luz en todo y me lo declaró, y dijo que no tuviese
pena, sino que alabase a Dios y estuviese tan cierta que era espíritu suyo,
que, si no era la fe, cosa más verdadera no podía haber, ni que tanto pudiese
creer. Y él se consolaba mucho conmigo y hacíame todo favor y merced, y siempre
después tuvo mucha cuenta conmigo y daba parte (15) de sus cosas y negocios. Y
como me veía con los deseos que él ya poseía por obra que éstos dábamelos el
Señor muy determinados y me veía con tanto ánimo, holgábase de tratar conmigo;
que a quien el Señor llega a este estado no hay placer ni consuelo que se
iguale a topar con quien le parece le ha dado el Señor principios de esto; que
entonces no debía yo tener mucho más, a lo que me parece, y plega al Señor lo
tenga ahora.
6.
Húbome grandísima lástima. Díjome que uno de los mayores trabajos de la tierra
era el que había padecido, que es contradicción de buenos, y que todavía me
quedaba harto, porque siempre tenía necesidad y no había en esta ciudad quien
me entendiese; mas que él hablaría al que me confesaba (16) y a uno de los que
me daban más pena, que era este caballero casado que ya he dicho (17). Porque,
como quien me tenía mayor voluntad, me hacía toda la guerra. Y es alma temerosa
y santa, y como me había visto tan poco había tan ruin, no acababa de
asegurarse.
Y
así lo hizo el santo varón, que los habló a entrambos y les dio causas y
razones para que se asegurasen y no me inquietasen más. El confesor poco había
menester; el caballero tanto, que aun no del todo bastó, mas fue parte para que
no tanto me amedrentase.
7.
Quedamos concertados que le escribiese lo que me sucediese más de ahí adelante,
y de encomendarnos mucho a Dios; que era tanta su humildad, que tenía en algo
las oraciones de esta miserable, que era harta mi confusión. Dejóme con
grandísimo consuelo y contento, y con que tuviese la oración con seguridad, y
que no dudase de que era Dios; y de lo que tuviese alguna duda y, por más
seguridad, de todo diese parte al confesor, y con esto viviese segura.
Mas
tampoco podía tener esa seguridad del todo, porque me llevaba el Señor por
camino de temer, como creer que era demonio cuando me decían que lo era. Así
que temor ni seguridad nadie podía que yo la tuviese de manera que les pudiese
dar más crédito del que el Señor ponía en mi alma. Así que, aunque me consoló y
sosegó, no le di tanto crédito para quedar del todo sin temor, en especial
cuando el Señor me dejaba en los trabajos de alma que ahora diré. Con todo,
quedé como digo muy consolada.
No
me hartaba de dar gracias a Dios y al glorioso padre mío San José, que me
pareció le había él traído, porque era Comisario General de la Custodia de San
José (18), a quien yo mucho me encomendaba y a nuestra Señora.
8.
Acaecíame algunas veces y aun ahora me acaece, aunque no tantas estar con tan
grandísimos trabajos de alma junto con tormentos y dolores de cuerpo, de males
tan recios, que no me podía valer (19).
Otras
veces tenía males corporales más graves, y como no tenía los del alma, los
pasaba con mucha alegría; mas cuando era todo junto, era tan gran trabajo que
me apretaba muy mucho. Todas las mercedes que me había hecho el Señor se me
olvidaban. Sólo quedaba una memoria como cosa que se ha soñado, para dar pena.
Porque se entorpece el entendimiento de suerte, que me hacía andar en mil dudas
y sospecha, pareciéndome que yo no lo había sabido entender y que quizá se me
antojaba y que bastaba que anduviese yo engañada sin que engañase a los buenos.
Parecíame yo tan mala, que cuantos males y herejías se habían levantado me
parecía eran por mis pecados.
9.
Esta es una humildad falsa que el demonio inventaba para desasosegarme y probar
si puede traer el alma a desesperación. Tengo ya tanta experiencia que es cosa
de demonio, que, como ya ve que le entiendo, no me atormenta en esto tantas
veces como solía. Vese claro en la inquietud y desasosiego con que comienza, y
el alboroto que da en el alma todo lo que dura, y la oscuridad y aflicción que
en ella pone, la sequedad y mala disposición para oración ni para ningún bien.
Parece que ahoga el alma y ata el cuerpo para que de nada aproveche. Porque la
humildad verdadera, aunque se conoce el alma por ruin, y da pena ver lo que
somos, y pensamos grandes encarecimientos de nuestra maldad, tan grandes como
los dichos (20), y se sienten con verdad, no viene con alboroto ni desasosiega
el alma ni la oscurece ni da sequedad; antes la regala, y es todo al revés: con
quietud, con suavidad, con luz. Pena que, por otra parte conforta de ver cuán
gran merced la hace Dios en que tenga aquella pena y cuán bien empleada es.
Duélele lo que ofendió a Dios. Por otra parte, la ensancha su misericordia.
Tiene luz para confundirse a sí y alaba a Su Majestad porque tanto la sufrió.
En
estotra humildad que pone el demonio, no hay luz para ningún bien, todo parece
lo pone Dios a fuego y a sangre (21). Represéntale la justicia, y aunque tiene
fe que hay misericordia, porque no puede tanto el demonio que la haga perder,
es de manera que no me consuela, antes cuando mira tanta misericordia, le ayuda
a mayor tormento, porque me parece estaba obligada a más.
10.
Es una invención del demonio de las más penosas y sutiles y disimuladas que yo
he entendido de él, y así querría avisar a vuestra merced (22) para que, si por
aquí le tentare, tenga alguna luz y lo conozca, si le dejare el entendimiento
para conocerlo. Que no piense que va en letras y saber, que, aunque a mí todo
me falta, después de salida de ello bien entiendo es desatino. Lo que he
entendido es que quiere y permite el Señor y le da licencia, como se la dio
para que tentase a Job (23), aunque a mí como a ruin no es con aquel rigor.
11.
Hame acaecido y me acuerdo ser un día antes de la víspera de Corpus Christi, fiesta
de quien yo soy devota (24), aunque no tanto como es razón. Esta vez duróme
sólo hasta el día (25), que otras dúrame ocho y quince días, y aun tres
semanas, y no sé si más, en especial las Semanas Santas, que solía ser mi
regalo de oración. Me acaece que coge de presto el entendimiento por cosas tan
livianas a las veces, que otras me riera yo de ellas; y hácele estar trabucado
en todo lo que él quiere y el alma aherrojada allí, sin ser señora de sí ni
poder pensar otra cosa más de los disparates que él la representa, que casi ni
tienen tomo (26) ni atan ni desatan; sólo ata para ahogar de manera el alma,
que no cabe en sí. Y es así que me ha acaecido parecerme que andan los demonios
como jugando a la pelota con el alma, y ella que no es parte (27) para librarse
de su poder.
No
se puede decir lo que en este caso se padece. Ella anda a buscar reparo, y
permite Dios no le halle. Sólo queda siempre la razón del libre albedrío, no
clara (28). Digo yo que debe ser casi tapados los ojos, como una persona que muchas
veces ha ido por una parte, que, aunque sea noche y a oscuras, ya por el tino
pasado sabe adónde puede tropezar, porque lo ha visto de día, y guárdase de
aquel peligro. Así es para no ofender a Dios, que parece se va por la
costumbre. Dejemos aparte el tenerla el Señor (29), que es lo que hace al caso.
12.
La fe está entonces tan amortiguada y dormida como todas las demás virtudes,
aunque no perdida, que bien cree lo que tiene la Iglesia, mas pronunciado por
la boca, y que parece por otro cabo la aprietan y entorpecen para que, casi
como cosa que oyó de lejos, le parece conoce a Dios.
El
amor tiene tan tibio que, si oye hablar en El, escucha como una cosa que cree
ser el que es porque lo tiene la Iglesia; mas no hay memoria de lo que ha
experimentado en sí. Irse
a rezar, no es sino más congoja, o estar en soledad; porque el tormento que en
sí se siente, sin saber de qué, es incomportable (30). A
mi parecer, es un poco del traslado del infierno (31). Esto es así, según el
Señor en una visión me dio a entender; porque el alma se quema en sí, sin saber
quién ni por dónde le ponen fuego, ni cómo huir de él, ni con qué le matar.
Pues
quererse remediar con leer, es como si no se supiese. Una vez me acaeció ir a
leer una vida de un santo para ver si me embebería y para consolarme de lo que
él padeció, y leer cuatro o cinco veces otros tantos renglones y, con ser
romance, menos entendía de ellos a la postre que al principio, y así lo dejé.
Esto me acaeció muchas veces, sino que ésta se me acuerda más en particular.
13.
Tener, pues, conversación con nadie, es peor. Porque un espíritu tan disgustado
de ira pone el demonio, que parece a todos me querría comer, sin poder hacer
más, y algo parece se hace en irme a la mano (32), o hace el Señor en tener de
su mano a quien así está, para que no diga ni haga contra sus prójimos cosa que
los perjudique y en que ofenda a Dios.
Pues
ir al confesor, esto es cierto que muchas veces me acaecía lo que diré, que,
con ser tan santos como lo son los que en este tiempo he tratado y trato, me
decían palabras y me reñían con una aspereza, que después que se las decía yo
ellos mismos se espantaban y me decían que no era más en su mano. Porque,
aunque ponían muy por sí de no lo hacer otras veces (que se les hacía después
lástima y aún escrúpulo), cuando tuviese semejantes trabajos de cuerpo y de
alma, y se determinaban a consolarme con piedad, no podían. No decían ellos
malas palabras digo en que ofendiesen a Dios, mas las más disgustadas que se
sufrían para confesor (33). Debían pretender mortificarme, y aunque otras veces
me holgaba y estaba para sufrirlo, entonces todo me era tormento.
Pues
dame también parecer que los engaño, e iba a ellos y avisábalos muy a las veras
que se guardasen de mí, que podría ser los engañase. Bien veía yo que de
advertencia no lo haría, ni les diría mentira, mas todo me era temor. Uno me
dijo una vez (34), como entendió la tentación, que no tuviese pena, que aunque
yo quisiese engañarle, seso tenía él para no dejarse engañar. Esto me dio mucho
consuelo.
14.
Algunas veces y casi ordinario, al menos lo más continuo en acabando de
comulgar descansaba; y aun algunas, en llegando al Sacramento, luego a la hora
(35) quedaba tan buena, alma y cuerpo, que yo me espanto. No parece sino que en
un punto se deshacen todas las tinieblas del alma y, salido el sol, conocía las
tonterías en que había estado.
Otras,
con sola una palabra que me decía el Señor, con sólo decir: No estés fatigada;
no hayas miedo como ya dejo otra vez dicho (36), quedaba del todo sana, o con
ver alguna visión, como si no hubiera tenido nada. Regalábame con Dios;
quejábame a El cómo consentía tantos tormentos que padeciese; mas ello era bien
pagado, que casi siempre eran después en gran abundancia las mercedes.
No
me parece sino que sale el alma del crisol como el oro (37), más afinada y
clarificada, para ver en sí al Señor. Y así se hacen después pequeños estos
trabajos con parecer incomportables, y se desean tornar a padecer, si el Señor
se ha de servir más de ello. Y aunque haya mas tribulaciones y persecuciones,
como se pasen sin ofender al Señor, sino holgándose de padecerlo por El, todo
es para mayor ganancia, aunque como se han de llevar no los llevo yo, sino
harto imperfectamente.
15.Otras
veces me venían de otra suerte, y vienen, que de todo punto me parece se me
quita la posibilidad de pensar cosa buena ni desearla hacer, sino un alma y
cuerpo del todo inútil y pesado; mas no tengo con esto estotras tentaciones y
desasosiegos, sino un disgusto, sin entender de qué, ni nada contenta al alma.
Procuraba hacer buenas obras exteriores para ocuparme medio por fuerza, y
conozco bien lo poco que es un alma cuando se esconde la gracia. No me daba
mucha pena, porque este ver mi bajeza me daba alguna satisfacción.
16.
Otras veces me hallo que tampoco cosa formada puedo pensar de Dios ni de bien
que vaya con asiento, ni tener oración, aunque esté en soledad; mas siento que
le conozco. El entendimiento e imaginación (38) entiendo yo es aquí lo que me
daña, que la voluntad buena me parece a mí que está y dispuesta para todo bien.
Mas este entendimiento está tan perdido, que no parece sino un loco furioso que
nadie le puede atar, ni soy señora de hacerle estar quedo un credo (39).
Algunas veces me río y conozco mi miseria, y estoyle mirando y déjole a ver qué
hace; y gloria a Dios nunca por maravilla va a cosa mala, sino indiferentes: si
algo hay que hacer aquí y allí y acullá. Conozco más entonces la grandísima
merced que me hace el Señor cuando tiene atado este loco en perfecta
contemplación. Miro qué sería si me viesen este desvarío las personas que me
tienen por buena. He lástima grande al alma de verla en tan mala compañía.
Deseo verla con libertad, y así digo al Señor: "¿cuándo, Dios mío, acabaré
ya de ver mi alma junta en vuestra alabanza, que os gocen todas las potencias?
¡No permitáis, Señor, sea ya más despedazada, que no parece sino que cada pedazo
anda por su cabo!".
Esto
paso muchas veces. Algunas bien entiendo le hace harto al caso la poca salud
corporal. Acuérdome mucho del daño que nos hizo el primer pecado (40), que de
aquí me parece nos vino ser incapaces de gozar tanto bien en un ser (41), y
deben ser los míos, que, si yo no hubiera tenido tantos, estuviera más entera
en el bien.
17.
Pasé también otro gran trabajo: que como todos los libros que leía que tratan
de oración me parecía los entendía todos y que ya me había dado aquello el
Señor, que no los había menester, y así no los leía, sino vidas de Santos, que,
como yo me hallo tan corta en lo que ellos servían a Dios, esto parece me
aprovecha y anima. Parecíame muy poca humildad pensar yo había llegado a tener
aquella oración; y como no podía acabar conmigo otra cosa, dábame mucha pena,
hasta que letrados y el bendito Fray Pedro de Alcántara me dijeron que no se me
diese nada. Bien veo yo que en el servir a Dios no he comenzado aunque en
hacerme Su Majestad mercedes es como a muchos buenos y que estoy hecha una
imperfección, si no es en los deseos y en amar (42), que en esto bien veo me ha
favorecido el Señor para que le pueda en algo servir. Bien me parece a mí que
le amo, mas las obras me desconsuelan y las muchas imperfecciones que veo en mí.
18.
Otras veces me da una bobería de alma digo yo que es, que ni bien ni mal me
parece que hago, sino andar al hilo de la gente, como dicen: ni con pena ni con
gloria, ni la da vida ni muerte, ni placer ni pesar. No parece se siente nada.
Paréceme a mí que anda el alma como un asnillo que pace, que se sustenta porque
lo dan de comer y come casi sin sentirlo; porque el alma en este estado no debe
estar sin comer algunas grandes mercedes de Dios, pues en vida tan miserable no
le pesa de vivir y lo pasa con igualdad, mas no se sienten movimientos ni
efectos para que se entienda el alma.
19.
Paréceme ahora a mí como un navegar con un aire muy sosegado, que se anda mucho
sin entender cómo; porque en estotras maneras son tan grandes los efectos, que
casi luego ve el alma su mejora. Porque luego bullen (43) los deseos y nunca
acaba de satisfacerse un alma. Esto tienen los grandes ímpetus de amor que he
dicho (44), a quien Dios los da. Es como unas fontecicas que yo he visto manar,
que nunca cesa de hacer movimiento la arena hacia arriba.
Al
natural me parece este ejemplo o comparación de las almas que aquí llegan:
siempre está bullendo el amor y pensando qué hará. No cabe en sí, como en la
tierra parece no cabe aquel agua, sino que la echa de sí. Así está el alma muy
ordinario, que no sosiega ni cabe en sí con el amor que tiene; ya la tiene a
ella empapada en sí. Querría bebiesen los otros, pues a ella no la hace falta,
para que la ayudasen a alabar a Dios. ¡Oh, qué de veces me acuerdo del agua
viva que dijo el Señor a la Samaritana!, y así soy muy aficionada a aquel
Evangelio; (45) y es así, cierto, que sin entender como ahora este bien, desde
muy niña lo era, y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquel agua, y la
tenía dibujada adonde estaba siempre, con este letrero, cuando el Señor llegó
al pozo. Domine, da mihi aquam (46).
20.
Parece también como un fuego que es grande y, para que no se aplaque, es
menester haya siempre qué quemar. Así son las almas que digo. Aunque fuese muy
a su costa, querrían traer leña para que no cesase este fuego. Yo soy tal que
aun con pajas que pudiese echar en él me contentaría, y así me acaece algunas y
muchas veces; unas me río y otras me fatigo mucho. El movimiento interior me
incita a que sirva en algo de que no soy para más en poner ramitos y flores a imágenes,
en barrer, en poner un oratorio, en unas cositas tan bajas que me hacía
confusión. Si hacía o hago algo de penitencia, todo poco y de manera que, a no
tomar el Señor la voluntad, veía yo era sin ningún tomo (47), y yo misma
burlaba de mí.
Pues
no tienen poco trabajo a ánimas que da Dios por su bondad este fuego de amor
suyo en abundancia, faltar fuerzas corporales para hacer algo por El. Es una
pena bien grande. Porque, como le faltan fuerzas para echar alguna leña en este
fuego y ella muere porque no se mate (48), paréceme que ella entre sí se
consume y hace ceniza y se deshace en lágrimas y se quema; y es harto tormento,
aunque es sabroso.
21.
Alabe muy mucho al Señor el alma que ha llegado aquí y le da fuerzas corporales
para hacer penitencia, o le dio letras y talentos y libertad para predicar y
confesar y llegar almas a Dios (49). Que no sabe ni entiende el bien que tiene,
si no ha pasado por gustar qué es no poder hacer nada en servicio del Señor, y
recibir siempre mucho. Sea bendito por todo y denle gloria los ángeles, amén.
22.
No sé si hago bien de escribir tantas menudencias. Como vuestra merced (50) me
tornó a enviar a mandar que no se me diese nada de alargarme ni dejase nada,
voy tratando con claridad y verdad lo que se me acuerda. Y no puede ser menos
de dejarse mucho, porque sería gastar mucho más tiempo, y tengo tan poco como
he dicho (51), y por ventura no sacar ningún provecho.
NOTAS CAPÍTULO 30
Los capítulos
30-31 forman una especie de díptico; doble serie de episodios de la vida interior
de la autora: el c. 30, "tentaciones y trabajos interiores"; el 31,
"tentaciones exteriores y representaciones" demoníacas. Abunda en
"menudencias", probablemente instada por el destinatario del escrito,
P. García de Toledo: c. 30, 22.
1 Alude a lo dicho
en el c. 29, 11: "esta pena y gloria junta me traía desatinada... no podía
yo entender cómo podía ser aquello".
2 Nótese el
juego de palabras: "yo me amparaba con la cruz, y con ella me quería
defender de quien con ella nos amparó a todos".
3 Mi confesor:
P. Baltasar Alvarez.
4 Este lugar:
Avila, pero evita nombrarlo, como en el título del capítulo.
5 Habló de ambas
cosas en el c. 27, 16 y s.
6 Se refiere el
Tratado de oración y meditación (Lisboa 1556-1557), y varios otros tratadillos
publicados también en Lisboa (1560): Breve introducción para los que comienzan
a servir a Dios, Tres cosas que debe hacer el que desea salvarse, Oración
devotísima, Petición especial de amor de Dios. En sus Constituciones (n. 8), la
Santa recomendará a sus monjas "los libros... del padre fray Pedro de
Alcántara".
7 Por lapsus de
pluma, en el autógrafo escribió: "ella".
8 "Doña
Guiomar de Ulloa", anota Gracián en su ejemplar de Vida. Su elogio lo ha
hecho la Santa en el c. 24, 4.
9 Descansase con
ella algunas cosas: confiándole sus problemas.
10 Mi
provincial: el P. Angel de Salazar, que era Provincial de las carmelitas de la
Encarnación.
11 Los
encuentros de ambos fueron en casa de Doña Guiomar y "en algunas
iglesias": capilla de Mosén Rubí, parroquia de Santo Tomé y en la
Catedral. - Tuvieron lugar a mediados de agosto de 1560. - De nuevo se
entrevistaron en Toledo (abril 1562) y en Avila (junio/julio de ese mismo año):
cf. 36, 1-2.
12 Sin doblez ni
encubierta: sin dolo ni tapujos. La Santa había escrito: "sin doblez y
encubierta", que luego corrigió. Bien leído ya por fray Luis (p. 359).
13 Nuevamente
recuerda la Santa que su capacitación expresiva frente a lo inefable de la
experiencia mística es reciente. Posterior a 1560, fecha del primer encuentro
con fray Pedro de Alcántara. Cf. c. 12, 6 nota 24.
14 En el c. 28,
4.
15 Daba parte:
comunicar, informar de. - Poco antes: tuvo mucha cuenta conmigo: tener atención
o atenciones (cf. 2, 3).
16 P. Baltasar
Alvarez. - De ello hablan los tres biógrafos: Ribera en su vida de la Santa (I,
c. 11), F. Marchese, en la vida de san Pedro de Alcántara (II, c. 12), y La
Puente, en su vida del P. Baltasar (c. 11).
17 Era el
"caballero santo", Francisco de Salcedo, de quien habló en el c. 23,
6-11.
18 La Custodia
de San José: semi-provincia franciscana que llevaba el título de San José.
19 Una segunda
mano retocó el autógrafo: "valerme ("me", añadido fuera de la
caja de escritura). Fray Luis editó como nosotros: "valer" (p. 362).
20 Dichos al
final del n. 8.
21 Equivale a
nuestra expresión: "a sangre y fuego".
22 Vuestra
merced: es el P. García de Toledo.
23 Cf. el libro
bíblico de Job, 2, 6.
24 Fiesta de
quien: equivale a "fiesta de la que".
25 Duróme hasta
el día: frase oscura. Probablemente, que le duró desde la antevíspera del
Corpus hasta el día de la fiesta.
26 Ni tienen
tomo: sin importancia (cf. 5, 1; 18, 4). - A continuación, en el autógrafo:
"desata" escribió la Santa, creemos que por lapsus (así lo pensó fray
Luis, p. 365). La frase hecha "ni atan ni desatan": repite la idea de
"disparatar", no decir cosa concertada.
27 No es parte:
no es capaz (cf. el final del n. 6), no tiene parte...
28 La razón del
libre albedrío: razón y libertad. Le queda apenas la luz mental suficiente para
el libre uso de la voluntad...
29 Tenerla: en
el sentido de mantener, sostener. La tiene de su mano el Señor.
30 Incomportable
(y de nuevo en el n. 14): insoportable (cf. 5, 7.10 nota 14).
31 Traslado del
infierno: "traslado" en acepción de "copia o trasunto"
(Cobarruvias, p. 140 b 63).
32 Irme a la
mano: refrenarme, retenerme.
33 Para
confesor: en un confesor, o "para ser dichas por un confesor".
34 "El P.
Baltasar Alvarez", anota Gracián en su ejemplar.
35 Luego a la hora:
inmediatamente.
36 Otras dos
veces lo ha mencionado: c. 25, 18; y c. 26, 2.
37 Imagen
bíblica, muy repetida en la liturgia: "como el oro en el crisol, así los
prueba el Señor" (Sab. 3, 6; Ecli 2, 5; Prov 27, 21).
38 No siempre
distingue la Santa entre entendimiento, pensamiento e imaginación. Véase el
epígrafe del cap. 1 de las Moradas IV.
39 Estar quedo
(quieto) un credo: "un credo" es una fracción breve de tiempo (cf. c.
15, 7, nota 25).
40 El primer
pecado: de Adán, pecado original. La Santa nunca utilizará este término técnico
de los teólogos.
41 En un ser:
expresión polivalente en la Santa (cf. c. 5, 8 nota 16:
"continuamente" y "totalmente"). Aquí quiere decir que, a
causa del pecado original, no podemos gozar establemente de las gracias
místicas, sin las turbulencias de la imaginación. Más explícito en el c. 40, 18.
42 Sobre esa
constante de deseos, cf. c. 15, 14; y los testimonios de ese mismo periodo en
R. 1, 8; 3, 9.
43 Bullan, en el
autógrafo.
44 En el c. 28,
8-14; y c. 26, 1.
45 Este
evangelio: capítulo 4 de San Juan.
46 Jn 4, 15.
Ella escribió el latín: "domine da miqui aguan".
47 Sin ningún
tomo: sin valor alguno.
48 Porque no se
mate: porque no se apague el fuego.
49 Llegar almas
a Dios: allegarle almas...
50 Vuestra
merced: P. García de Toledo. Como otras veces, el epílogo del capítulo reanuda
el diálogo con él.
51 Lo ha dicho
en el c. 10, n. 7; y c. 14, n. 8.
Fuente: Mercaba