Al abortar eliminas no sólo a un
ser humano, sino a también a quienes habrían sido sus descendientes, testimonia
Peter Cook
Desde el 14 de julio pasado, millones de personas en el mundo han visto los
videos donde se dan pruebas de que el aborto es también un negocio, a costa de
vidas humanas e inocentes. Planned Parenthood, la más grande organización que
promueve y realiza abortos, con vínculos por todo el mundo, ha quedado al
descubierto (pulse e infórmese).
Cuando Peter
Cook vio en Maine (USA) el primero y el segundo de esos videos que refiere el
artículo de Portaluz, no pudo contener la emoción. A pocos metros de la
habitación donde se encontraba estaban sus tres hijos y esposa. Supo que era el
momento de hacer público que él “podría haber sido una de las víctimas de
Planned Parenthood”. Lo hizo esta semana escribiendo al portal The
Federalist.
Peter salió hacia donde estaba su familia y al contemplarlos
sintió en la piel que de haber sido otra la decisión, sobre si él viviría o no,
nada de lo que amaba habría sido posible. No existirían sus hijos. “Si en 1971
una asustada joven hubiere hecho una elección distinta, yo no sería padre ni
estaría escribiendo esto”.
En aquél año cierto marinero de Maine fue
destinado a la Base Aérea de la Marina norteamericana en Beeville, Texas, donde
conoció a una joven mexicana. La atracción entre ambos fue inmediata y Peter
sería el fruto inesperado, de aquél encuentro. La sentencia para estos casos
estaba preestablecida, legalizada, y facilitados los medios, en una sociedad de
libertades que privilegia los derechos de quienes tienen poder para ejercerlos.
“Mi existencia obstaculizaba el camino, los sueños de mi madre”, una joven
inmigrante que buscaba escapar de la pobreza.
Recién a los cuarenta años
Peter supo de esta verdad, cuando su madre le entregó un sobre cerrado sobre el
que había escrito: “Antes de leer esto en un momento de tranquilidad,
ora".
Eliminando sólo a un
ser humano eliminas millones
Fue en la escuela pública
donde la madre de Peter comenzó a forjarse un camino para escapar de la pobreza.
Se esmeró y destacó en inglés, logrando obtener una beca tras graduarse, para
estudiar en una universidad de Estados Unidos. Era el primer paso. Allí en Maine
esta joven inmigrante recién comenzaba su nueva vida. “Apenas conocía a tu
padre, tenía una beca completa… así es que por un momento, el aborto se me pasó
por la mente… pero no lo hice”, le confidencia a Peter en la carta.
Todo
estaba dispuesto para que ella se deshiciera del “pequeño grupo de células" que
crecía en su interior, “tal como pregonan los pro aborto”, reflexiona Peter.
“Algunos al leer esto –agrega- se preguntarán el por qué alguien podría
preocuparse por la historia de vida de un escritor cualquiera de Maine... La
mejor respuesta que puedo dar es que no se trata de mí. Se trata de los millones
de historias (seres humanos abortados) que permanecen en el silencio”.
La
realidad es que el aborto elimina vidas y no sólo la de quienes son abortados,
sino también las vidas de los hijos que esos seres humanos podrían haber
concebido, remarca Peter. “Esto no es una cuestión teórica para mí.
Definitivamente si mi madre hubiera tomado la decisión de abortarme, no
existirían mis hijos. Punto Final. Esto no es una opinión que sale de mis
creencias políticas o religiosas, es una lógica y simple conclusión. Mis dos
hijas, de 9 y 7 años, y su hermano pequeño, de 4 años, viven gracias a una
elección que mi madre hizo mucho antes de que nacieran”.
Fomentar el miedo “es su modelo de
negocio”
“Fomentar el miedo” -dice Peter- ha sido el arma
principal de Planned Parenthood, organización global que promueve, facilita,
realiza abortos y comercia por trozos, los seres humanos abortados. Miedo a que
los hijos sean un obstáculo para los sueños personales, miedo a no tener los
recursos para criarlos, miedo al qué dirán, miedo al rechazo, miedo a lo
desconocido, miedo a sufrir física y emocionalmente, miedo a cualesquier riesgo
de la propia vida durante el embarazo, miedo a las dificultades que podría
acarrear si nace con capacidades diferentes, miedo a amar… “El moderno Planned
Parenthood se esconde detrás de eufemismos ofreciendo a las mujeres que se
encuentran en la situación de mi madre, una «solución» conveniente para el
problema. Luego –como ha quedado manifiesto en los videos (que se han hecho
públicos)- se benefician de los cadáveres. Es repugnante, desgarrador y
exasperante, pero evidentemente es su modelo de negocio”.
Los padres
de Peter se casaron poco antes de su nacimiento, en febrero de 1972 y todavía
están juntos. Fue un bebé saludable y amado. Su madre nunca se graduó de la
universidad. Ella renunció a sus sueños académicos para casarse con su padre. Ha
sido feliz formando y amando en todo a Peter, sus hermanos y esposo.
“En 1971, la elección de mi madre nos dio un futuro”, concluye
Peter.
Fuente: PortaLuz
