En la Misa presidida por el Cardenal Filoni la noche de Pascua hubo este increíble cruce de historias
Eran cerca de mil las personas que participaron en la vigilia de Pascua en Erbil,
la capital del Kurdistán iraquí, en una tienda levantada por los fieles y donde
cada domingo celebran la Misa. Esa noche el
celebrante fue el Cardenal Fernando Filoni, que ya en agosto estuvo en Irak como
enviado especial del Papa Francisco.
Después del día de Pascua, el Cardenal celebró en Sulemainja junto a casi 400
familias cristianas. La historia de cada uno de ellas no debe ser olvidada.
La precariedad de los dos millones y medio de desplazados, asistidos por
varias estructuras caritativas, realmente no se puede describir. La Misa es para
cualquiera de ellos el único momento para afirmar su propia identidad. Sobre
todo, el único momento en el cual se aferran a la esperanza de que las cosas
cambiarán. Es el momento en el cual cada uno confía su historia personal, sus
dramas y temores, directamente a Dios.
Los ancianos
Entre estas historias está la de una pareja de ancianos que vive en el
edificio de Nishtiman Bazaar, en Erbil. Llegaron de Karmles. Sin embargo,
tuvieron que pasar previamente el drama de haber sido capturados por el Estado
Islámico cuando intentaban escapar de sus casas.
Cinco días permanecieron prisioneros del ISIS, en una de las casas donde
habían sido confinados junto a otros ancianos y mujeres. Durante su cautiverio
los yihadistas les dieron la posibilidad de convertirse al islam, de lo
contrario debían dejar la zona o esperar ser asesinados. Ellos decidieron
partir.
Dejaron Karmles a pie junto a otras personas. Sin embargo, en medio del calor
de la zona se fueron quedando atrás, pues no podían seguir el paso de los más
jóvenes.
El hombre caía continuamente a tierra debido al cansancio, tanto que se
lesionó una de las piernas. Ante esto, a la mujer no le quedó más que
arrastrarlo, pues no tenía fuerzas para llevarlo del brazo y no quería dejarlo
atrás.
Afortunadamente, una monja del grupo con el que habían partido se dio cuenta
que ambos se habían quedado atrás y decidió volver para buscarlos. El hombre fue
puesto en una especie de carro hasta que llegaron a Erbil. Sin embargo, la
pierna debió ser amputada.
Las familias
Además, está el drama de las familias, como el matrimonio yazidí de
Nora Murad de 37 años y su marido de 55 años, que fueron evacuados el 3 de
agosto de Sinjar, donde vivían junto a sus hijos. Ahora están refugiados en Ozal
City, en uno de los tantos edificios que quedaron a medio construir. Ambos
debieron partir a pie a las 10 de la mañana para alcanzar las montañas. No
llevaron consigo más que sus ropas.
Sin embargo, los yihadistas del Estado Islámico estaban a lo largo del
camino. Los niños estaban asustados. Su casa estaba destruida y todo había sido
robado. Permanecieron en las montañas por nueve días, después planearon huir a
Siria a pie. De ahí se movieron hacia Zakho.
Sin comida ni agua tuvieron que soportar las altas temperaturas, que en Irak
pueden llegar hasta los 50 grados. Algunos niños se desmayaban debido al hambre
y la sed. En Zakho buscaron ayuda y pudieron recuperarse. Luego partieron hacia
Erbil, donde la vida no es fácil. El
mayor de los hijos, de 17 años, debió dejar la escuela para encontrar trabajo y
ayudar al sostenimiento de la familia.
La vida de los refugiados no es sencilla. Llega la ayuda, pero se deben pagar
algunos costes. La diócesis ha puesto tres nuevas clínicas para ayudar a estas
personas y se proyecta construir una universidad católica, pero todo tiene un
precio, como el alquiler de las casas o espacios donde se vive
provisionalmente.
También está el caso de Gerges Fares, de 49 años y su familia de cinco
personas. Son cristianos provenientes de Karmles, lugar que abandonaron el 8 de
agosto y ahora viven en Ankawa en una casa alquilada.
Dos días antes se le dijo a la población de Karmles que no dejaran sus casas.
Sin embargo, el 8 agosto a las 7 de la mañana Fares vio por su ventana que los
terroristas del ISIS estaban ingresando a la ciudad. Agarró a su familia, unas
cuantas cosas y abandonó su vivienda.
Sin embargo, los yihadistas los detuvieron. Entre amenazas les interrogaron
por qué estaban partiendo. Fares respondió que no había agua ni comida y por
ello dejaban la ciudad. Pero en el siguiente puesto de control los apuntaron con
armas y los amenazaron por ser cristianos. Aun así lograron llegar a Kazhir,
controlado por los peshmerga, quienes les brindaron ayuda.
En la Misa presidida por el Cardenal Filoni la noche de Pascua hubo este
increíble cruce de historias. Historias lamentablemente cotidianas en un Irak
siempre en conflicto, pero además en Siria, país también atacado por el Estado
Islámico.
Fuente: ACI
