"Queridos hermanos y hermanas, cuando el hombre y la mujer juntos colaboran con el destino divino, la tierra se llena de armonía y confianza. ¡Que Dios les bendiga!"
En un miércoles en el que la primavera en Italia
se comienza a sentir, el papa Francisco llegó a la plaza de San Pedro, en donde
saludó a los fieles y peregrinos con la cordialidad que le caracteriza.
No faltó el cambio de solideo con el que le entregaban algunos fieles,
ni los momentos en que hizo detener el jeep blanco para darle bendición a algún
niños que le acercaban.
Cuando ingresó a la explanada, le esperaban los
integrantes de algunas contradas o grupos folclóricos medievales de Italia, que
le recibieron con trompetas y redobles mientras hacían flamear sus
banderas.
Tras la bendición inicial se realizaron las lecturas y en la
catequesis el Papa habló del gran don de Dios al crear el hombre y la mujer y el
matrimonio. Y no solamente del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de
Dios, sino también del matrimonio entre hombre y mujer como imagen y
semejanza de Dios.
Indicó también su duda sobre si la ideología
de género (en italiano, teoria del gender) podría ser fruto de una
frustración por no saber confrontarse con la diferencia sexual.
En la
síntesis de la catequesis pronunciada en español indicó:
«La catequesis
de hoy está dedicada a la diferencia y la complementariedad entre el
hombre y la mujer. El libro del Génesis insiste en que ambos son imagen
y semejanza de Dios. No solamente el hombre, no solamente la mujer, sino también
la pareja. La diferencia ente ellos no es para competir o para
dominar, sino para que se dé esa reciprocidad necesaria para la
comunión y para la generación a imagen y semejanza de Dios. En
esta complementariedad está basada la unión matrimonial y familiar para
toda la vida, sostenida por la gracia de Dios. El ser humano está hecho para la
escucha y la ayuda mutua».
«Para superar las dificultades de esta unión,
me gustaría indicar dos puntos que nos comprometen con urgencia: Tenemos
que hacer mucho más en favor de la mujer. No solamente para que sea más
reconocida, sino para que su voz tenga un peso real, una autoridad
efectiva en la sociedad y en la Iglesia. Por otra parte me pregunto si
la crisis de fe en el Padre no estará relacionada con la crisis de la
alianza entre el hombre y la mujer. De aquí nace la responsabilidad de
la Iglesia y de todos los creyentes de descubrir nuevamente la belleza del
diseño creador de Dios, que imprime también su imagen en el vínculo del hombre y
de la mujer».
Y hacia el término de esta parte de su audiencia dirigió «a
los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España,
México, Argentina, Ecuador entre otros países
latinoamericanos».
«Queridos hermanos y hermanas, cuando el
hombre y la mujer juntos colaboran con el destino divino, la tierra se llena de
armonía y confianza. ¡Que Dios les bendiga! Muchas gracias”.
A
continuación la traducción del texto completo de la catequesis pronunciada en
italiano:
»¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! La catequesis de
hoy está dedicado a un tema central: el gran don que Dios dio a la humanidad con
la creación del hombre y de la mujer y con el sacramento del matrimonio. Esta
catequesis y la próxima se refiere a la diferencia y a la complementariedad
entre el hombre y la mujer, que están en la cumbre de la creación divina; los
próximas dos serán sobre el tema del matrimonio.
»Iniciamos con un breve
comentario a la primera narración sobre la creación, en el libro del Génesis.
Aquí leemos que Dios, después de haber creado el universo y a todos los seres
vivientes, creó su obra maestra, o sea el ser humano, que hizo a su propia
imagen: “A imagen de Dios los creó: varón y mujer los creó”. (Gen 1,27).
Así dice el libro del Génesis.
»Como todos sabemos, la
diferencia sexual está presente en tantas formas de vida, en la amplia escala de
los vivientes. Aunque solamente en el hombre y la mujer esta lleva en sí
la imagen y semejanza de Dios: ¡el texto bíblico lo repite nada menos que tres
veces en dos estrofas (26-27)!
»El hombre y la mujer son creados
a imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no solamente el hombre en sí es
a imagen de Dios, no solamente la mujer tomada en sí es a imagen de Dios, sino
también el hombre y la mujer como pareja, lo son a imagen y semejanza de
Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es contraposición, o la
subordinación, pero para la comunión y la generación, siempre a imagen y
semejanza de Dios.
»La experiencia nos enseña: para conocerse bien y
crecer armónicamente el ser humano tiene necesidad de la reciprocidad entre
hombre y mujer. Cuando esto no sucede, se ven las consecuencias. Estamos hechos
para escucharnos y ayudarnos mutuamente. Podemos decir que sin en
enriquecimiento recíproco en esta relación -n el pensamiento y en la acción, en
los afectos y en el trabajo, y también en la fe- los dos no pueden ni siquiera
entender hasta el fondo qué significa ser hombre y mujer.
»La cultura
moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertados y nuevas
profundidades para enriquecer la comprensión de esta diferencia. Pero ha
introducido también muchas dudas y mucho escepticismo.
»Por ejemplo, me
pregunto si la así llamada teoría del gender [en español se habla
más bien de ideología de género; nota de ReL] no sea
también expresión de una frustración y de una resignación, que tiene en vista
borrar la diferencia sexual porque no sabe más confrontarse con ella.
»Sí, corremos el riesgo de hacer un paso hacia atrás. La
remoción de la diferencia de hecho, es el problema, no la solución.
Para resolver su problema de relaciones, el hombre y la mujer tienen en
cambio que hablarse más, escucharse más, conocerse más, quererse más. Tiene que
tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas
por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para
toda la vida.
»La relación matrimonial y familiar es una cosa seria, y lo
es para todos, no solamente para los creyentes. Querría exhortar a los
intelectuales a no disertar sobre el tema, como si fuera secundario
para el empeño en favor de una sociedad más libre y más justa.
»Dios ha
confiado a la tierra la alianza del hombre y de la mujer: su fracaso vuelve
árido el mundo de los afectos y oscurece el cielo de la esperanza. Los señales
son ya preocupantes y los vemos. Querría indicar, entre muchos, dos puntos que
creo deban empeñarnos con más urgencia.
»El primero. Es indudable que
debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la
reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no
solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio
reconocido en la sociedad y en la iglesia.
»El modo mismo con el cual
Jesús ha considerado a las mujeres -el evangelio lo indica así- era un contexto
menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en
segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que
ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo.
»Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos
puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las
cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. Es
un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más
audacia.
»Una segunda reflexión se refiere al tema del hombre y de la
mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Me pregunto si la crisis de
confianza colectiva en Dios, que nos hace tanto mal, y nos hace enfermar
volviéndonos resignados delante de la incredulidad y del cinismo, no
esté conectada a la crisis de alianza entre el hombre y la mujer.
»De
hecho la narración bíblica con el gran cuadro simbólico sobre el paraíso
terrenal y el pecado original, nos dice justamente que la comunión con
Dios se refleja en la comunión de la pareja humana y que la pérdida de
la confianza en el Padre celeste genera división y conflicto entre el hombre y
la mujer.
»De aquí se ve la gran responsabilidad de la Iglesia y de todos
los creyentes, y sobretodo de las familias creyentes, para descubrir la belleza
del plan creador que pone la imagen de Dios, también en la alianza entre el
hombre y la mujer. La tierra se llena de armonía y de confianza cuando la
alianza ente el hombre y la mujer se vive en el bien. Y si el hombre y la mujer
la buscan juntos entre ellos y con Dios, sin dudas la encuentran. Jesús nos
anima explícitamente al testimonio de esta belleza, que es la imagen de Dios.
Gracias».
Fuente: Zenit
