En el verano nos solemos juntar las familias para pasar unos días juntos; este verano me he encontrado con dos sobrinas recién llagadas de una experiencia que han tenido con un grupo de treinta y dos jóvenes de Asturias, Salamanca, León y Santander en una Casa de Acogida de discapacitados en Hungría, para ellas ha sido una experiencia riquísima.
Cada verano son miles de jóvenes de toda España, repartidos por todo el planeta, que entregan su tiempo trabajando con los misioneros o grupos de gente necesita, intentando de ser como ellos, testigos del Evangelio, experimentando ese gozo especial que se siente cuando se comparte con los necesitados. Los que tenemos esas experiencias en nuestra vida, todos decimos lo mismo "Recibimos mucho más de lo que damos".
Voluntariado Hungría
2013
Todo esto comenzó un
18 de julio cuando varias niñas de diferentes partes de España se disponían a
poner rumbo hacia Hungría, aunque en realidad para todas nosotras comenzaba
días antes con los preparativos, los nervios y con nuestra imaginación o
intentando imaginar cómo sería todo aquello y aquellas personas con las que
íbamos a convivir y conocer esos 12 días tan inolvidables, unas ya habían hecho
algo parecido , pero para otras era la primera vez, pero para todas iba a ser
una experiencia única e inolvidable . Llego el 18 de julio ¡por fin! Con los
nervios emprendimos el viaje hacia nuestra aventura a Hungría. Cada grupo se las
ingenió para llegar a Budapest, unas en avión, otras en bus...
Después del trayecto
hacia Hungría, ya en tierras húngaras nos empezamos a conocer todas. Después de
un largo viaje no parecíamos cansadas, pero teníamos que recargar fuerzas
porque nos esperaban unos días muy largos. Antes de empezar nuestra labor de
ayudar tuvimos cuatro días intensos arriba abajo y conocimos y descubrimos
grandes monumentos que tuvieron gran importancia en el pasado, como por
ejemplo: el parlamento, la calle del terror, la isla Margarita, la sinagoga
entre otros, estos cuatro días para conocer la historia de Budapest, que no es
poca. A continuación de estos cuatro días, en los cuales no paramos, llegaba la
parte que esperábamos. El lunes 22 partimos hacia Diosjeno, un pueblo necesitado
al norte de Budapest, no muy lejos de donde nos encontrábamos.
Durante esos días
todas nosotras teníamos una gran misión en una casa de acogida para gente
discapacitados y poder darles todo el cariño que pudiéramos. Esos días fueron
muy intensos y cansados y a la vez lleno de emociones. La verdad es que cabe
destacar lo de cansados ya que entre otras cosas teníamos que andar alrededor
de 8 kilómetros diarios en los cuales siempre nos acompañaba el sol y este hacía
el camino más largo e insoportable, pero aun así no se nos quitaron las ganas
de cumplir nuestros objetivos .
Durante esa semana
dimos lo mejor de nosotras y siempre con una sonrisa.
Nos dividimos las
tareas, las cuales íbamos rotando cada día, y eran: jardinería, limpieza en
diferentes partes de la casa de acogida, hacer compañía, dar de comer y hasta
tuvimos tiempo de ocio en los cuales cantábamos, bailábamos y jugábamos con
ellos. Fueron unos días increíbles en los cuales cabe destacar que no nos
alimentábamos mucho ya que la comida no era muy de nuestro agrado, los sabores
húngaros no nos gustaban mucho, donde esté lo español que no se ponga nada.
Esta experiencia de
voluntariado nos ayudó a aprender y a madurar ya que aprendimos que
no es sólo
dar, sino también recibir, es ayudar , prestar apoyo, pero también aprender,
adquirir valores, una nueva cultura de igualdad y solidaridad.
Fundamentalmente
aprendemos que muchas de las personas que estaban ahí, las cuales tenían
problemas, pese a eso, eran felices, nos demostraban que nosotras no teníamos
ninguna barrera para ser felices.
Acabamos este viaje
con una visita al codo del Danubio, donde tuvimos grandes visitas y pudimos
hacer unas maravillosas fotos y
visitamos la basílica donde tuvimos un tiempo de encuentro con Dios y de oración.
El día 30, día que no
queríamos que llegara y que se iba acercando cada vez más rápido, llegaron las
despedidas, dejar Hungría atrás y separarnos de aquellas personas con las que
convivimos esos 12 días, pero no de un adiós, sino un hasta pronto, tocaba la
vuelta a casa.
Esta experiencia nos
ha enseñado un montón de valores desde el ámbito cristiano, gracias a ella
hemos aprendido y mucho.
Si me dijeran si
quisiera repetir esta experiencia no lo
dudaría ni un segundo, la repetiría miles de veces y no me cansaría.
Como he dicho antes
solo espero que no sea un adiós si no un hasta pronto Hungría.
.jpg)
.jpg)