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| Sacramento de la Confesión. Dominio público |
Monseñor Krzysztof Józef
Nykiel defiende que la contrición nace de saberse amado por Dios y llama a los
confesores a ser “servidores de la reconstrucción” y de la misericordia.
La confesión sacramental no debe confundirse con la psicoterapia ni reducirse a un sentimiento paralizante de culpa. Así lo ha afirmado monseñor Krzysztof Józef Nykiel, regente de la Penitenciaría Apostólica, durante el V Seminario de formación Celebrar el sacramento de la Reconciliación, celebrado los días 23 y 24 de octubre en el Palacio de la Cancillería, en Roma, según informa Vatican News.
En la ponencia de clausura, Nykiel explicó que la contrición auténtica no consiste en recrearse en los propios errores, sino en reconocerlos a la luz del amor de Dios. “La contrición no es un precio que hay que pagar, sino el inicio de la nueva creación obrada por el Espíritu Santo”, subrayó.
El prelado polaco insistió en que el arrepentimiento cristiano no nace del desprecio hacia uno mismo, sino de la certeza de ser amado y acogido por Dios. “El hombre, por lo tanto, se atreve a mirar su propio pecado porque sabe, ante todo, que es amado y acogido”, señaló.
Del sentimiento de culpa a la misericordia
Nykiel advirtió de los riesgos de un sentimiento de culpa “psicológico, estático y autorreferencial”, que puede llevar a la persona a identificarse con sus errores y quedar atrapada en el inmovilismo o buscar en la confesión únicamente un alivio emocional.
Frente a esta actitud, defendió una comprensión del sacramento centrada en la misericordia y en la transformación interior. El confesor, afirmó, no es “un juez de las ruinas”, sino “un servidor de la reconstrucción que acompaña al penitente desde la culpa hasta la misericordia”.
El regente también destacó la relación entre el arrepentimiento y la reparación del daño causado. Esta, explicó, “no es un mero deber moralista”, sino “el fruto de un corazón traspasado que elige construir sobre las ruinas causadas por el pecado”. Para ilustrarlo, evocó el llanto de san Pedro tras encontrarse con la mirada de Jesús, la experiencia de san Agustín y la pedagogía espiritual de san Ignacio de Loyola.
Cuatro claves para aprender a confesarse
Como fruto práctico del seminario, Nykiel propuso cuatro orientaciones para vivir mejor el sacramento. La primera consiste en “comenzar por el amor, no por el tribunal interior”: el examen de conciencia debe partir de la contemplación de la misericordia divina, sin justificar el pecado ni caer en la desesperación.
La segunda es “llamar al pecado por su nombre y superar la autorreferencialidad”, sustituyendo el pensamiento “no valgo nada” por el deseo de regresar a Dios.
La tercera invita a prolongar la confesión mediante la reparación, pues “si la contrición mira a Dios, la reparación mira al hermano y a la comunidad”.
Por último, animó a mantener un corazón abierto a la Palabra de Dios, capaz de no juzgar a los demás y dispuesto a recomenzar cada día con esperanza. El objetivo, concluyó, es que el seminario se convierta en una auténtica escuela de oración y reconciliación que dé frutos concretos en la vida espiritual.
Fuente: Religión en Libertad
