Solo tenemos una vida y Dios nos da los medios necesarios para ganar el cielo, por eso conviene saber si la aprovechamos o la desperdiciamos en banalidades
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| Crédito: Worranan Junhom |
La vida pasa en
un suspiro. Para el cristiano formado en su fe significa la oportunidad de
aprovechar al máximo sus capacidades y dones para ponerlas al servicio de Dios
y de su prójimo porque sabe que su recompensa estará en el cielo.
Pero para el
bautizado no practicante quizá se trate de pasar el tiempo lo mejor que se
pueda y gozar de las delicias que el mundo ofrece sin pensar en que un día
morirá.
Ir detrás de
los bienes materiales
La sabiduría de
la Sagrada Escritura recopila la experiencia del ser humano desde que este fue
creado por Dios. Por eso nos vendría muy bien leerla con detenimiento y poner
en práctica los consejos del Antiguo Testamento. El libro del Eclesiástico nos
advierte sobre el hombre que solo busca la riqueza:
He observado
bajo el sol una grave dolencia: riquezas guardadas que perjudican al dueño. En
un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nace se queda con las
manos vacías. Como salió del vientre de su madre, así partirá: desnudo; y nada
se llevará de sus fatigas. También esto es grave dolencia: tiene que irse igual
que vino. ¿Y qué sacó de tanta fatiga? ¡Viento! Toda su vida se consume entre
tinieblas, disgustos, enfermedades y rabia.
¡Qué actual
resulta esta advertencia! porque seguramente nos han llegado noticias de
personas que han vivido exactamente así. Se consumen generando dinero y, al
final, solo les sirve para curar sus enfermedades.
¿Y en qué lugar
pusieron a Dios? Lamentablemente, la mayoría ni siquiera piensa en Él.
Pero lo mismo
pasa con aquel que no es rico, pero se desgasta gozando de los placeres de la
vida, desperdiciando su tiempo en situaciones inútiles que le impiden dar
sentido a su paso por el mundo.
Cuida tu
tiempo y tu vida
Por supuesto
que el que trabaja tiene derecho a disfrutar del descanso y del fruto de sus
esfuerzos. Jesús nunca prohibió la diversión ni las fiestas, la prueba es que
él mismo acudió a las bodas de Caná y gustaba de la convivencia con sus amigos,
como cuando llegaba a Betania con Lázaro, María y Marta.
Se trata de no
olvidar para qué llegamos al mundo y vivir como hijos de Dios, con alegría y
santidad cristiana, es decir, esforzándonos por parecernos cada día más a Jesús
y así, algún día llegar al cielo. Y para eso hay que dar sentido a nuestra vida
con nuestras buenas obras y anunciando el Evangelio de palabra y ejemplo.
Dice san Pablo
a los Efesios:
«Así que tengan
cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios,
aprovechando al máximo cada momento oportuno» (Ef 5, 15-16).
Porque en el
momento más inesperado, seremos llamados a la presencia de Dios. Santiago
advierte:
«¿Y qué es la
vida de ustedes? Es como la neblina, que en un momento aparece, y luego se
evapora» (St 4, 14)
No perdamos
tiempo y aprovechemos cada minuto para agradar al Señor, llenando nuestro
"saco" de buenas obras.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
