Mensaje de aliento que León XIV dirigió, ayer por la mañana 22 de agosto, a los sacerdotes, consagrados, religiosos y a toda la comunidad eclesial de San Marino-Montefeltro
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| León XIV pronuncia su discurso en la Basílica de San Marino. |
En su encuentro con
sacerdotes, consagrados y comunidades eclesiales en la Basílica de San Marino,
el Papa recomienda el perdón, la comunión y la solidaridad como antídotos
contra la violencia, el aislamiento y el miedo al otro. Alienta a los
religiosos a fortalecer el "pacto educativo" con las familias y les
pide a los jóvenes que "mantengan abierta la ventana al infinito" y
que no tengan miedo de tomar "decisiones exigentes".
Las experiencias de cercanía y solidaridad
"aparentemente pequeñas y marginales" pueden tener un enorme
"valor profético", "en un mundo herido por muchos conflictos, en
el que se observa con preocupación el aumento de violencias, cerrazones y miedo
al otro". Este es el mensaje de aliento que León XIV dirige, esta mañana
22 de agosto, a los sacerdotes, consagrados, religiosos y a toda la comunidad
eclesial de San Marino-Montefeltro, al reunirse con ellos en la basílica
diocesana, durante su visita pastoral a la república más antigua del mundo.
Ante estas tendencias inquietantes, nuestra respuesta
no puede ser otra que caminar con aún mayor convicción por el camino del
Evangelio (…) que enseña y exige atención a los más débiles, perdón, comunión y
solidaridad.
Los jóvenes y la ventana abierta al
infinito
En su encíclica Magnifica
humanitas —citando al escritor católico John Ronald Reuel
Tolkien, autor de El Señor de los Anillos—, el Pontífice advertía del peligro
de caer en la “tentación sutil” de pensar que solo quienes “gobiernan” o
“dirigen instituciones” tienen responsabilidades ante el mundo. En realidad,
argumentaba el Papa, "nadie está exento de responsabilidad". Todos
deben elegir entre "alimentar la lógica de la fuerza o promover la lógica
de la paz".
A la comunidad eclesial de San Marino, a cada uno
según su rol, León XIV le pide este compromiso cotidiano, compuesto, como
reitera su encíclica, de "fidelidades pequeñas y tenaces". Se dirige
"ante todo" a los jóvenes, citando las palabras proféticas y poéticas
del Papa Benedicto XVI, pronunciadas en 2011 precisamente en San Marino, que
los invitaba a "mantener abierta la ventana al infinito".
Sigan con la mirada del alma los senderos trazados en
ustedes por los grandes deseos de belleza, de bondad y de vida que llevan en el
corazón. Si observan atentamente los recorridos y escuchan la voz, estos los
llevarán hacia lo alto, al encuentro con Dios, allí donde Él los busca y los
espera.
Los jóvenes deben, ante todo, comprender cuál es su
llamado y luego abrazar “con entusiasmo” su misión en el mundo. Sin temor a
hacer “elecciones exigentes, como el matrimonio, la consagración, el ministerio
ordenado, la vida profesional, el compromiso social y político”. El Papa los
exhorta a “dejarse involucrar” en proyectos de caridad y justicia,
contribuyendo así —como reza el lema elegido para su visita a la República de
San Marino— a dar “un testimonio de paz que le habla al mundo”.
Fortalecer el pacto entre familias,
sacerdotes y educadores
A continuación, expresó su agradecimiento a los
sacerdotes, a los catequistas y a todos los educadores de la diócesis, fundada
hace dieciocho siglos por los santos Marino y León sobre los "principios
cristianos de libertad, respeto mutuo y comunión", valores —señala el
Pontífice— que la comunidad eclesial y civil sigue promoviendo hoy en día
"con el mismo entusiasmo y la misma fidelidad". “Es un trabajo
oculto, pero muy importante” el de quienes se ocupan del “crecimiento humano y
cristiano de los niños”. Este servicio es “humilde y valioso” porque apoya a
los padres en su misión de educar a los hijos en la fe: la familia, subraya el
Obispo de Roma, es precisamente el seno natural en el que “se aprende y se
respira el Evangelio a diario”.
Por eso, una pastoral sabia se encargará de fomentar
una fuerte sinergia formativa entre las familias y las comunidades eclesiales,
un pacto educativo, para que los padres se sientan involucrados, redescubran
ellos mismos la fe de una manera nueva y tengan la alegría de transmitir a los
hijos los valores cristianos de los que son depositarios.
El don del encuentro con Cristo
Desde el punto de vista de los contenidos, los
"caminos de crecimiento" promovidos por los sacerdotes y catequistas
deben centrarse, subraya León XIV, ante todo en la "belleza y el gusto de
la vida bautismal", a fin de fortalecer "en las comunidades los
caminos de santidad" y hacer madurar la conciencia de la "propia
dignidad profética, sacerdotal y real" . Anunciar el Evangelio
—"camino de libertad para los hombres y las mujeres de todos los
tiempos"— y ayudar a las personas con las que nos cruzamos a encontrarse
con el Dios hecho hombre es el «el don mayor que podemos ofrecer".
En esta luz, ejerzamos la caridad en todas sus formas,
sin escatimar esfuerzos, pero siempre teniendo muy presente y en nuestro
corazón el bien último e integral de las personas a quienes ofrecemos nuestro
apoyo.
La "llama" que vence al
individualismo
Precisamente el “apoyo mutuo” y la “cercanía”
brindados a las “pequeñas comunidades” en las “zonas más recónditas de este
territorio”, que enfrentan la “despoblación” y la “falta de servicios”, revisten
gran importancia, subraya nuevamente el Papa. Estos testimonios de cercanía son
como "llamas" a las que siempre se puede recurrir para reavivar
"el fuego de los valores sólidos", que mantienen viva el calor de esa
magnífica humanitas a la que "es necesario tender", para vencer el
"individualismo", la "cultura metropolitana y consumista" y
el "patriotería desconfiada y divisiva". Un compromiso cotidiano,
agrega el Pontífice, que da un nuevo aliento "a nuestras esperanzas de
fraternidad y paz".
Al encomendar la realidad eclesial de San Marino a la
intercesión de los santos Marino y León y asegurarle un lugar en su oración
personal, el Papa ha recomendado, por último, prestar atención al valor de la
"comunión" que debe cultivarse entre las parroquias, entre los
pastores y los fieles, y entre "los diversos carismas y ministerios",
con el fin de dar siempre testimonio de unidad.
Junto al Papa, por la dignidad del ser
humano
El compromiso de toda la diócesis de San
Marino-Montefeltro —una Iglesia local que se extiende entre los territorios de
dos repúblicas, la italiana y la de San Marino— se centra precisamente en el
reto de "mantener vivo el sentido de comunidad de un pueblo unido por la
fe", como lo afirma el obispo, monseñor Domenico Beneventi, en su discurso
de bienvenida al Pontífice, al término de la adoración del Santísimo Sacramento
y de la veneración de las reliquias de San Marino, conservadas en la basílica.
"Aquí - continúa - donde la belleza de los pueblos y los territorios se
une a la generosidad de las relaciones, aprendemos cada día el valor de la cercanía
y la colaboración por el bien común".
Monseñor Beneventi destaca que el principio de
libertad sobre el que se fundamenta la pequeña República coincide con el
defendido por la encíclica de León XIV Magnifica humanitas, que rechaza “toda
lógica funcionalista que reduzca al hombre a rendimiento, salvaguardando la
dignidad inviolable de toda vida desde la concepción hasta su cumplimiento
natural” . "En un diálogo franco y respetuoso con todas las instituciones
—explica además el obispo—, la Iglesia colabora como voz profética del
Evangelio para apoyar a la familia, promover una educación integral de las
nuevas generaciones y servir al bien común, rechazando la lógica del descarte,
la lacra del aborto y la práctica creciente de la maternidad subrogada".
Y si bien es cierto que incluso desde una pequeña
ventana se puede ver el mundo —como afirmaba Monaldo Leopardi, padre del
poeta—, también desde la realidad de la diócesis de San Marino-Montefeltro no
pasa desapercibido el avance del “rápido cambio de paradigma cultural”, que
impone “una visión tecnicista y funcionalista” del hombre, contra la cual la
comunidad lucha diariamente. "No podemos callarnos —concluye el obispo—
ante los delitos universales contra la vida y la dignidad de todo ser humano.
Por eso, reiteramos y hacemos nuestro, todos juntos, su constante y ardiente
llamado a la paz, para que cesen todas las guerras".
Daniele Piccini
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
