Bendita curiosidad
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| Dominicas de Lerma |
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Durante
el verano y hasta bien entrado el otoño, estamos trasladadas de la capilla de
invierno a la iglesia para las celebraciones litúrgicas. La iglesia no tiene
nada que ver: es amplia, fresca y, durante estos meses, nos sentimos muy a
gusto rezando allí.
Y
no solo nosotras nos sentimos más a gusto. También lo he podido percibir en las
personas que se acercan a rezar, e incluso en los turistas curiosos que se
asoman.
Pero
esto tiene una razón de ser. En esta época del año dejamos la puerta abierta y,
además, al ser un templo grande, los “curiosos” no se sienten intimidados.
Mientras que en la capilla, que es más pequeña, al abrir la puerta no es raro
que se encuentren de lleno con la mirada de alguna monja que levanta los ojos
al escucharla. Aquí pueden entrar “sin ser vistos”.
Lo
que me encanta es precisamente eso: que puedan entrar o asomarse, porque ¿quién
sabe si, por esa “bendita curiosidad”, el Señor puede tocarles el corazón en un
momento dado? No sería la primera vez...
También
nosotros, que somos templos vivos, reflejamos esto mismo hacia los demás. Un
corazón abierto, magnánimo y amplio, donde todos tengan cabida, atrae cierta
curiosidad y puede que, al contemplar algo diferente, despierte en ellos el
asombro.
Porque
esta es una realidad: no estamos llamados a ser como todo el mundo. A simple
vista se ve que no todo está “abierto al público” gratuitamente. Sin embargo,
Cristo nos llama a ser cada vez más transparentes y acogedores, para que
nuestros actos externos manifiesten quién nos habita por dentro.
“Decid
lo que se os inspire en aquel momento, porque no seréis vosotros los que
habléis, sino el Espíritu Santo” (Mc 13, 11).
Hoy,
el reto del amor es mostrarte abierto y acogedor con todos. Esto no es algo
fácil porque, siendo cristianos, muchas veces guardamos heridas en nuestro
corazón. Pero ese mismo deseo de abrirnos de nuevo a Él y a los demás pone el
corazón al descubierto para que el Señor lo siga sanando y nos convierta en un
testimonio viviente de su Amor.
VIVE
DE CRISTO
¡Feliz
día!
26
agosto 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
