El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, clausurará el próximo martes la fase diocesana de su causa de beatificación, que pasará a Roma
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| Sebastián Gayá, con Juan Pablo II |
Fue en una
peregrinación de jóvenes desde su Mallorca natal a Santiago de Compostela, en
el verano de 1948, cuando surgió el germen de los Cursillos de
Cristiandad, una de las realidades más activas de la Iglesia de la segunda
mitad del siglo XX. El sacerdote Sebastián Gayá fue uno de los
iniciadores de Cursillos —junto a Eduardo Bonnín, laico, y
monseñor Juan Hervás, obispo de la isla—, un movimiento extendido
hoy por todo el mundo. El próximo martes, el cardenal José Cobo,
arzobispo de Madrid, clausurará la fase diocesana de su causa de beatificación,
que proseguirá en Roma. Cuatro años de investigación, un centenar de
testigos y cerca de 27.000 folios constituyen el completo sumario.
En
España, más de 250.000 personas han realizado alguno de los
10.500 cursillos que se han impartido a lo largo de estos 70 años, y el
movimiento está presente en 57 de las 70 diócesis.
«Me fascinó de
él su pasión por el hombre; a nadie daba por perdido, sabía que
todo hombre, con la gracia de Dios, puede ser un hombre nuevo», aseguró del
padre Gayá Pedro Pérez, también sacerdote, que le conoció bien y
decidió entrar al seminario después de asistir a uno de los cursillos. Era
«cultísimo, inteligentísimo». «Fue un sacerdote como la copa de un pino,
enamorado de su vocación y de la nuestra», ha explicado el sacerdote en la web
del arzobispado de Madrid.
Sebastián Gayá
nació en Felanitx (Mallorca) el 30 de julio de 1913. Según relatan sus
biógrafos, en su infancia su familia partió a Argentina en
busca de una vida mejor, pero a los 13 años Sebastián sintió la
vocación sacerdotal y volvió a Mallorca para ingresar en el seminario
de Palma. Fue ordenado sacerdote el 22 de mayo de 1937.
En 1957 se
trasladó a Madrid, y en 1962 se crea el Secretariado Nacional de Cursillos de
Cristiandad, del que fue vicedirector. Desde esa posición promovió la primera
«Ultreya» Mundial de Roma de 1966, en la que participó Pablo VI.
Toda su vida giró en torno a los Cursillos.
En 1977 creó en
Madrid la Escuela de San Pablo, donde fue responsable de la
formación espiritual de los dirigentes de Cursillos. Lo que definió su vida fue
la constante actitud de marcha, el lema de su vida: «Levanta cada mañana la
bandera de la ilusión».
El 10 de marzo
de 2005 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Al final de su vida se
retiró a Mallorca, su tierra. Falleció el 23 de diciembre de 2007, con
94 años de vida «entregados a hacer presente a Cristo en medio del
mundo». Fue sepultado en el monasterio de San Honorato (Mallorca),
lugar donde se celebró el primer Cursillo de
Cristiandad en 1949.
Álex Navajas
Fuente: El Debate
