¿PARA QUÉ SEGUIR HABLANDO DE DOCTRINA SOCIAL?

Todo lo que compete al hombre –incluida su vocación social–, es de interés y competencia de la Iglesia, máxime que el mismo Evangelio y testimonio de Jesús son eminentemente sociales.

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En este sentido, el Magisterio social no es un añadido o algo secundario a su misión evangelizadora, sino constitutivo de ella.

La Iglesia está en el mundo, caminando con nosotros, sus hijos, con una misión fundamental: la evangelización. Esta misión es eminentemente social pues nos expone a la luz del Evangelio que, como ya señalamos, es social; y nos confronta como personas y sociedad al poder transformador de Jesús resucitado. Nuestro Señor Jesús dio testimonio de ello al darnos la Buena Noticia (Evangelio) de su Reino y redimirnos; es decir, rescatarnos del mal, del pecado y de la muerte. Y junto a ello, como dice san Pablo acerca de Jesús, “pasó haciendo el bien” (Hch 10,38): predicando, curando enfermos, liberando a oprimidos por espíritus malignos, alimentando a hambrientos, consolando a sufrientes y devolviendo la dignidad a todos. 

Formarse en doctrina social 

Una auténtica formación cristiana tiene, natural y necesariamente, cimientos y expresión de doctrina social. No es algo que se adose al Evangelio; tampoco algo que se agregue a fin de sintetizar un nuevo ADN de fe.

La Doctrina Social es natural y constitutiva de la fe cristiana. Considerarlas ajenas o, peor aún, divorciarlas, es una traición al depósito de la fe. Por ello, la Iglesia ha insistido en su doctrina social como expresión de fidelidad evangélica en el mundo contemporáneo; y, por ello, anima a formarnos en ella.

“La Doctrina Social es un punto de referencia indispensable para una formación cristiana completa. La insistencia del Magisterio al proponer esta doctrina como fuente inspiradora del apostolado y de la acción social nace de la persuasión de que ésta constituye un extraordinario recurso formativo: es absolutamente indispensable —sobre todo para los fieles laicos comprometidos de diversos modos en el campo social y político— un conocimiento más exacto de la doctrina social de la Iglesia". Este patrimonio doctrinal no se enseña ni se conoce adecuadamente: esta es una de las razones por las que no se traduce pertinentemente en un comportamiento concreto ".

(Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia –CDSI–, n. 528).

“Evangelizar y humanizar las realidades temporales”

Resulta muy significativo que la Iglesia instruya el acentuar la naturaleza social de la catequesis; máxime si se considera que es la enseñanza más básica, orgánica y sistemática de la doctrina cristiana. Este hecho revela la necesidad de una formación en Doctrina Social como currícula básica de todo cristiano.

“(...) La catequesis no debe omitir, sino iluminar como es debido... realidades como la acción del hombre por su liberación integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna, las luchas por la justicia y la construcción de la paz. Para este fin, es necesario procurar una presentación integral del Magisterio social, en su historia, en sus contenidos y en sus metodologías. Una lectura directa de las encíclicas sociales, realizada en el contexto eclesial, enriquece su recepción y su aplicación, gracias a la aportación de las diversas competencias y conocimientos profesionales presentes en la comunidad”.

(CDSI, n. 529).

Y remata lúcida y proféticamente al señalar que sus enseñanzas (teórico-prácticas) van orientadas a transformar la vida social para "hacerla cada vez más conforme al diseño divino".

"La catequesis social apunta a la formación de hombres que, respetuosos del orden moral, sean amantes de la genuina libertad, hombres que juzguen las cosas con criterio propio a la luz de la verdad, que ordenen sus actividades con sentido de responsabilidad y que se esfuercen por secundar todo lo verdadero y lo justo asociando de buena gana su acción a la de los demás”.

(CDSI, n. 530; cita del Concilio Vaticano II, Decl. Dignitatis humanae, n. 8).

Labor eminentemente laical

Considerando que la sociedad es el lugar teológico propio donde el laico está llamado a vivir y testimoniar su fe, esperanza y amor cristianos, la Iglesia les exhorta a tomar la delantera en la promoción y vivencia de la doctrina social; en dos niveles:

“El primer nivel de la obra formativa dirigida a los cristianos laicos debe capacitarlos para a encauzar eficazmente las tareas cotidianas en los ámbitos culturales, sociales, económicos y políticos, desarrollando en ellos el sentido del deber practicado al servicio del bien común. Un segundo nivel se refiere a la formación de la conciencia política para preparar a los cristianos laicos al ejercicio del poder político.” (CDSI, n. 531; cita: s. Pablo VI, Carta enc. Populorum Progressio, n. 81; Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 75).

¿De qué manera nos van a creer?

Indudable: Con el testimonio de santidad. No se trata de compendiar bellas palabras. Tampoco de discursos sofistas. No basta la elocuencia de una oratoria perfecta. Lo que verdaderamente atrae, cautiva y conmueve es el testimonio de santidad.

“Es la vida de santidad, que resplandece en tantos miembros del pueblo de Dios frecuentemente humildes y escondidos a los ojos de los hombres, la que constituye el camino más simple y fascinante en el que se nos concede percibir inmediatamente la belleza de la verdad, la fuerza liberadora del amor de Dios, el valor de la fidelidad incondicionada a todas las exigencias de la ley del Señor, incluso en las circunstancias más difíciles.”  (San Juan Pablo II, Carta enc. Veritatis splendor, 107).

Luís Carlos Frías

Fuente: Aleteia