¿HAS PENSADO EN DAR GRACIAS A DIOS POR TU SALUD?

Estamos acostumbrados a hacer todo en automático, pero, ¿qué pasaría si de repente perdiéramos la salud? Por eso, demos gracias a Dios porque la tenemos

Panumas Yanuthai

La salud es un don de Dios. Pero es tan cotidiano que, tal vez, nunca se nos ha ocurrido dar gracias a Dios porque la tenemos. Pero, ¿nos hemos puesto a pensar qué pasaría en nuestra vida de enfermáramos repentinamente? ¿Cuánto nos afectaría?

Seguramente toda nuestra vida se detendría. Sería un duro golpe. Por eso hay un dicho que reza que "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Además, el cristiano comprende que todo lo bueno viene de Dios, porque Él es dueño de la creación y de lo que contiene, incluyendo al ser humano.

Asimismo, las personas cristianas deben considerar que no pueden ni deben jugar con su salud, por el contrario, todos tenemos la responsabilidad de cuidarnos y hacer buen uso de ella.

La salud es un regalo

Para entender que la salud es un regalo inapreciable que viene de Dios, leamos qué dice el libro del Éxodo:

"Darás culto al Señor tu Dios y él bendecirá tu pan y tu agua. Y yo alejaré de ti las enfermedades" (Ex 23, 25). 

También encontramos esos buenos deseos en el Nuevo Testamento, como san Juan escribió a su amigo Gayo:

"Querido, te deseo que la prosperidad personal de que ya gozas se extienda a todos tus asuntos, y que tengas buena salud" (3Jn 1, 2).

Y el Señor Jesús envía a los discípulos a devolver la salud física y espiritual:

 "Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios" (Mt 10, 8).

El Catecismo de la Iglesia católica también refiere cómo nuestro Señor Jesucristo, médico, se preocupa por lo enfermos que sufren:

"Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Esta atención dio origen a infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren" (CEC 1503).

Una acción de gracias

Así pues, es justo dar gracias a Dios en todo momento de nuestra vida, sobre todo cuando nos va bien, siendo conscientes de que en cualquier momento podemos sufrir un accidente o atravesar por una enfermedad. Aprendamos a agradecer porque el Señor nos ha dotado de salud y fuerza física.

Y el día que las perdamos convirtámoslo en una acción de gracias porque nos estará dando una oportunidad para santificarnos. Recordemos lo que dice el Catecismo:

"Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora"

(CEC 1505).

Que desde hoy, nuestro nuevo propósito espiritual sea dar gracias a Dios por el don de la salud.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia