HACIA LA BARCA DE PEDRO: EL VIAJE DE JONATAN DEL PROTESTANTISMO A LA IGLESIA CATÓLICA

Hijo de pastores evangélicos, Jonatan llegó a la fe católica a partir de preguntas que necesitaban una respuesta. Hoy comparte cómo ha sido este viaje en "Hacia la barca de Pedro"

Courtesy of Jonatan Medina

¿Por qué Cristo querría fundar una sola Iglesia? ¿Ha venido a enseñar un estilo de vida o a fundar una religión? ¿Es posible que el Espíritu Santo inspirara confusión, provocando que múltiples denominaciones cristianas se contradijeran entre sí?   En Hacia la barca de Pedro (2025) Jonatan Medina narra, a través de su testimonio, cómo estas preguntas le hicieron ver los agujeros de la balsa cristiana protestante en la que había crecido. Náufrago, se dio cuenta de que en medio de las tempestades del mar, había una única barca que se mantenía unida y firme: la Iglesia Católica. 

Un viaje por teología fundamental, doctrina e historia de la Iglesia, en el que la razón y el corazón fueron vencidos por la fuerza de la verdad. En entrevista con Aleteia, Jonatan comparte más sobre su testimonio.

Aleteia. En tus canales digitales y otros espacios habías compartido tu testimonio y hablado sobre apologética ¿Cómo decidiste contar la historia completa en un libro?

Nació como una explicación y defensa de mi fe ante mis padres. Soy hijo de pastores evangélicos, ellos son unos excelentes cristianos hay que decirlo, mejor que yo en muchas cosas. Pero en la pandemia es cuando yo tengo concretamente mi conversión, estaba a punto de bautizarme, y cada vez que surgía una discusión yo me iba y tenía la necesidad de escribir sobre el asunto, pensando en que algún día lo leyeran. 

Luego me di cuenta de que en realidad existía un gran público que podía estar pasando lo que yo. Y también, en que mis papás probablemente nunca lean el libro y hasta ahora no lo han leído —ríe—. Y puede servir para cualquier protestante que está abierto a la posibilidad de la Iglesia Católica y para cualquier católico que quiere conocer más sobre su Iglesia o que ha tenido las mismas dudas que yo tuve.

Lo fui sistematizando, por momentos es testimonial, en otros práctico, en otros más académico, con argumentos más elaborados; pero a la vez, he tratado de que sea sencillo de entender.

Uno de los primeros momentos que narras es la etapa universitaria, en que fuiste agnóstico, e influyó una confrontación personal que tuviste con tu profesor de Filosofía sobre la existencia de Dios durante la clase. Es una experiencia con la que muchos jóvenes pueden identificarse. ¿Qué le dirías a un chico que se encuentra en esta etapa y quiere seguir creyendo pero se siente tambalear? 

Le diría que está muy bien que cuestione su fe, su tradición, pero no por el mero cuestionamiento sino para que llegues a la verdad. Spurgeon decía "Yo confío más en un cristiano que ha dudado, que en uno que nunca ha dudado. Porque eventualmente va a dudar y va a ser peor”.

Segundo, dale beneficio a la duda de la iglesia, una institución que tiene 2 mil años, y que, como decía Chesterton, ha probado y ha desafiado todos los errores, se ha hecho todas las preguntas y ha tenido los más grandes teólogos y filósofos de la historia. 

Y lo último, que desafíe a su propio sistema universitario. Cuestiona lo que te está enseñando, porque lamentablemente se salta mil años de la Edad Media y Antigua. Al menos en mi caso, te enseñan los griegos, porque hay que hacerlo, pero de ahí se saltan hasta Descartes y omiten la filosofía más realista y de sentido común, que es la perenne; a Boecio, a San Agustin, Santo Tomás...

Si la educación de hoy entendiera el tipo de filosofía escolástica y realista, se pensaría dos veces antes de seguir algunas modas filosóficas y no habría tanta crisis de identidad. 

Explicas cómo varias denominaciones cristianas no pueden ser verdaderas a la vez. Sin embargo, pareciera que esta misma condición la ignoras más adelante. Para el protestantismo, expones, cuando Cristo dice «sobre esta piedra edificaré mi iglesia»  (Mt 16, 16-18) se refiere a la confesión de fe que hace Pedro y no sobre Pedro mismo, mientras que para la Iglesia Católica son ambas. ¿Esto no se contradice?

Los católicos sostenemos que no puede haber dos religiones que sean plenamente verdaderas, por el solo principio de no contradicción. Por ejemplo, los judíos dicen que Jesús no es Dios, los cristianos decimos que Jesús es Dios, son dos proposiciones mutuamente excluyentes. 

Pero si yo digo “El hombre es digno” y “El hombre no es digno”, sí, también se excluyen, no pueden ser ambas al mismo tiempo y en el mismo sentido, pero sí lo pueden ser en otro. Y ahí es donde uno tiene que explicar ¿en qué sentido el hombre sí es digno?: en la dignidad ontológica (todo hombre es digno por el hecho de ser humano) y en la dignidad moral (depende de lo que el hombre haga o no haga). Puede ser y ser en un sentido y en otro, y no hay contradicciones. 

Por eso me encanta la teología católica, porque hace esas distinciones. En este caso estamos hablando de que Pedro por un lado es la piedra, y por otro lado la confesión también es la piedra, no se contradicen, se complementan. 

Pensaba en qué tan sencillo o difícil debió ser para las primeras comunidades cristianas seguir y obedecer a Pedro, conociendo los errores que le antecedieron y el impulso de sus decisiones. La misma sensación se puede tener de la Iglesia y del primado ¿Cómo fue para ti fiarte de ella? 

Sí, no fue fácil la confianza, pero hay que dar un paso antes, por eso platico de cuando fui agnóstico y luego me hice cristiano. Si Cristo es Dios y es la verdad, tengo que hacer lo que él dice, y si le ha dejado encomendada su Iglesia a sus apóstoles pero liderada por Pedro, no me queda de otra. 

Si digo que tengo que estar bajo el pastoreo del Papa porque sí, no tiene ningún sentido. Pero no es una especie de salto fideísta, a ciegas, sino porque Cristo lo quiso, y ya todo es un poco más fácil. 

No me gustará, a veces no lo entenderé, pero creo que en eso está el misterio. Pudiendo no hacerlo, ha querido confiar su Iglesia a simples hombres pecadores y mortales, es el milagro y la paradoja. 

Cito a Chesterton diciendo que diversos imperios han caído sobre fuertes hombres, solo la Iglesia de Cristo permanece porque está construida sobre un hombre divino. No es Pedro en sí mismo, porque en ese caso la Iglesia no hubiera durado ni diez años. 

Para que quede claro que es de Dios, la Iglesia recibe gracias y carismas, sacramentos, y en ciertas ocasiones, no equivocarse cuando enseña. Hace que uno diga: "por eso me puedo fiar de la Iglesia y de Pedro". 

A propósito de ello, mencionas que el error puede aparecer pero no prevalecer, y que la Iglesia en su totalidad no se puede equivocar. ¿Cómo es esto posible y quiénes participan de esa totalidad? 

Nos referimos al Sensus fidei, lo que dice este concepto es que los católicos, al haber sido bautizados, en virtud de recibir la verdad de la fe, participan de esa infalibilidad en su totalidad. ¿Cómo se explica eso? ¿Cuánto es su totalidad? Todavía no está claro.

La propone el Concilio Vaticano II, y dice como "A ver, teólogos, empiecen su chamba, de ver qué significa esto", y está en desarrollo. Porque uno puede decir ¿qué pasa si la mayoría de los autónomos ahora está a favor de esto? ¿Cambiaría la doctrina? Pero Sensus fidei no es la mayoría, sino que va más por el lado de aquello en que coincide la totalidad de las personas. 

Un ejemplo que algunos mencionan, respondiendo a tu pregunta de cómo es esto si los laicos recién tenemos participación hace poco, es lo que pasó en el Concilio de Éfeso (431 d.C). Cuando Nestorio niega que María es Madre de Dios para decir que solo es Madre de Jesús, los primeros que encabezan el dogma y dicen, "No, María es Madre de Dios” no fueron los obispos ni el Papa, fueron los fieles, empezaron a meter presión.  La Iglesia en su base, por decirlo así, ya tiene ese carisma.

Entonces la actual Iglesia sinodal, que a unos les puede sonar problemático, es regresar un poco al modo de los primeros siglos, en el buen sentido. 

Es una especie de retroalimentación entre el pueblo de Dios y el magisterio, y un misterio muy muy interesante, rico, de cómo esas dos realidades se van nutriendo. Ahora, cuando hablamos de que no nos equivocamos es solamente en enseñanza, en la práctica hay mucho que decir, lamentablemente. Pero cuando enseña de manera definitiva algo de fe y moral, es ahí que no se equivoca.

La formación, la razón, nos ayuda a encontrar el sentido de la fe, pero más allá del debate de ideas, en algún momento tiene que entrar el corazón y la humildad para poder acoger esta verdad que me sobrepasa. ¿Cómo has vivido esta parte? 

El inicio de mi conversión también fue muy cerebral. Me acuerdo incluso cuando fui a un retiro y me dijeron que ahora tengo que hacer tal, yo decía ‘no voy a hacerlo’. Solamente me encantaba el catolicismo porque me hacía mucho sentido, pero sabía que en el fondo de nada servía si no se involucra el corazón y todo tu ser, no puede haber una auténtica conversión. 

Pero creo que la teología complementa, y eso es muy rico. Cuando comencé a leer a C.S Lewis me di cuenta que un libro teológico es en el fondo también un buen devocional. Porque cuando uno empieza a entender quién es Dios, cómo son sus atributos, es imposible que uno no se involucre con el corazón y lo ame más. 

Como decía san Agustín, uno no puede amar lo que no conoce, entonces uno más lo va conociendo y más se enamora. El corazón más que clave, es necesario, porque si no se queda en un mero intelectualismo. 

Termino con esto: la oración y la contemplación nos humilla y nos baja todo eso que la intelectualidad nos suele elevar. Obviamente somos hechos de barro y tendemos a pensar “mira, ahora sé más cosas”. Pero cuando uno va a la oración, estando solo ante el Santísimo, escuchar “soy una nada” , te ayuda a ubicarte. 

¿Cuál es tu invitación con el libro? 

Me gustaría que los católicos terminen amando más la Iglesia, comprometiéndose con su fe, conociéndola más. A los protestantes que están seguros de su fe nada los puede convencer, pero para aquel que se ha hecho preguntas, ojalá el libro los pueda inquietar todavía más hacia la plenitud. 

“Los creyentes no se rinden. Ellos pueden continuar en su camino hacia la verdad porque confían en que Dios les hizo exploradores y siguen buscando, siempre y en todo lugar, aquello que es bello, bueno y verdadero”. San Juan Pablo II

Monserrat Martínez

Fuente: Aleteia