“No tenéis que tener miedo de casaros y formar una familia”.
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| El Papa León XIV en la multitudinaria vigilia en Madrid (España), congregando a alrededor de 600.000 personas Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN News. |
Las imágenes
difundidas por las televisiones, en las que se veía a jóvenes saltar de alegría
al aparecer el Papa León XIV en la plaza de Lima de Madrid, resultaban
espectaculares, pero no lograron reflejar por completo el clima de auténtica
fiesta que inundó el encuentro.
La acogida fue
apoteósica. Algunos lloraban de emoción; otros coreaban, casi sin voz: “¡Esta
es la juventud del Papa!”.
En términos de
convocatoria, la comparación resulta elocuente: mientras el concierto celebrado
este sábado por el artista puertorriqueño Bad Bunny reunió a 60.000 personas,
el encuentro con el Pontífice congregó, según las autoridades, a más de 600.000
jóvenes.
El Papa se
mostró especialmente cercano y cómodo en español, lengua en la que improvisó en
varias ocasiones. De hecho, una de las frases más destacadas de su intervención
surgió precisamente en un momento espontáneo: “Podéis cambiar la historia,
hacedlo con el amor”.
En otro
momento, animó sin ambages a los jóvenes a no temer el compromiso vocacional:
“No tengáis miedo nunca de tener una vocación a la vida sacerdotal o a la vida
religiosa”. Y añadió: “No tenéis que tener miedo de casaros y formar una
familia”.
Su discurso se
articuló como respuesta a las preguntas de varios jóvenes. En una de esas
intervenciones, resumió lo que presentó como su legado: “Los discípulos de
Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa.
¡Somos libres en Cristo!”.
El Pontífice
subrayó que Cristo libera “con su amor”, un amor que deja a la persona “siempre
libre frente a toda coacción y engaño”. “Somos libres de las modas, porque
somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que
no nos espera la muerte”, afirmó.
Asimismo,
encomendó a los jóvenes una gran “misión”: “¡sed humanos!: hombres y mujeres de
carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la
justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día”.
“Sed humanos
como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros
la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles,
a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano”, añadió.
El contexto en
el que se produce esta visita invita a la comparación histórica. Cuando
Benedicto XVI visitó España hace quince años, el país vivía una fuerte
agitación social, con las protestas del 15‑M y un laicismo militante en algunos
sectores. Hoy, sin embargo, el panorama es distinto. León XIV llega a España en
un momento marcado por el resurgir del catolicismo entre los jóvenes. En apenas
cinco años, el porcentaje de católicos entre 15 y 29 años ha pasado del 31,6 %
al 45 %, según el informe
Jóvenes Españoles 2026 de la Fundación SM, publicado el pasado
abril.
Unos datos que
se reflejaron claramente en el ambiente. El encuentro adquirió tintes de
auténtico festival de la fe, con el rezo del Rosario alternado con actuaciones
musicales y testimonios.
La educación
ocupa un lugar central en el pontificado de León XIV. Nada más iniciarlo,
profundizó en el Pacto Educativo Global impulsado por el Papa Francisco en 2020
—orientado a la fraternidad, la justicia social y el cuidado del planeta— e
incorporó tres nuevos ejes: vida interior, humanismo digital y educación para
la paz. En su encuentro con los jóvenes, insistió especialmente en el primero
de ellos: el silencio, necesario “para reconocer la voz de Dios”.
“Muchas veces
vamos con los cascos, vamos con la música” y no escuchamos, constató en una de
sus improvisaciones.
Frente a ello,
explicó, buscar el silencio implica “decidir qué no escuchar y de qué ruidos no
dejarnos distraer”.
“Muchas veces
en las redes nos engañan y Dios es verdad. Si algo nos lleva lejos de Dios no
es verdad”, advirtió.
“En el silencio
comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”, subrayó.
El Papa explicó
que el diálogo interior se transforma en “oración, alabanza y súplica cuando es
confiado al único que puede escucharlo”. Definió la oración como una “voz
libre”, que no busca justificar ni aparentar, sino abrirse a Dios.
En este
sentido, invitó a los jóvenes a seguir el ejemplo de Cristo y a actuar como
“pastores, educadores y amigos”.
“Si rezáis con
amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe,
transmitiréis su fuego vivo. Si permanecéis fieles a vuestra vocación,
reflejaréis su gracia atrayente”, afirmó. También destacó que la cercanía de
Jesús se manifiesta incluso en la fragilidad, “cuando nos convertimos en mano
tendida y abrazo fraterno para sostenernos mutuamente en el camino”.
Horas antes, el
Pontífice había
visitado el centro para personas sin hogar CEDIA 24 Horas, gestionado
por Cáritas Diocesana de Madrid. Para llegar hasta uno de los barrios más
humildes de la ciudad, recorrió calles flanqueadas por bloques de viviendas
sencillas, en su mayoría construidas en la década de 1960.
Se trata de una
zona especialmente vulnerable, donde la renta mediana de las familias apenas
alcanza la mitad que en otros barrios y se sitúa entre el 2 % y el 4 % más bajo
de toda la Comunidad de Madrid.
Antes de su
intervención, el Papa escuchó varios testimonios. Entre ellos, el de Niurka,
una joven abogada cubana de 33 años que llegó a España hace poco más de un año,
empujada por la grave crisis económica y política de su país. “Tenía mucho
miedo. Pero la Iglesia me acogió”, relató.
También
intervino Khadry, procedente de Senegal, quien llegó en 2020 tras sobrevivir a
la peligrosa ruta atlántica en cayuco hasta Canarias. En un gesto cargado de
simbolismo, entregó al Papa su tarjeta de residencia, reflejando la importancia
de la regularización para comenzar una nueva vida.
En su
alocución, León XIV lanzó además una advertencia a los cristianos ante el
riesgo de dejarse arrastrar por corrientes ajenas al Evangelio. Señaló que, con
frecuencia, “se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas
o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas
generalizaciones y a conclusiones engañosas”.
“El hecho de
que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se
tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión
eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio,
para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana”, concluyó.
Por Victoria Cardiel
Fuente: ACI Prensa
