CÓMO VIVIR LA TERNURA DEL SAGRADO CORAZÓN EN FAMILIA

El Sagrado Corazón de Jesús nos invita a vivir sus promesas con ternura para que las recibamos en familia. A través de santa Margarita, podemos unirnos con fe
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En un mundo donde abundan las prisas, las tensiones y la falta de tiempo para escucharnos, la ternura puede parecer un valor olvidado. Sin embargo, la devoción al Sagrado Corazón nos recuerda que el amor auténtico se expresa en la cercanía, la paciencia y la compasión.

Cuando Jesús mostró su Corazón a Santa Margarita María Alacoque, le reveló un amor inmenso por la humanidad, un amor que muchas veces no es correspondido. Hoy, las familias pueden responder a esa invitación haciendo de sus hogares espacios donde reine la ternura y la misericordia. ¿Qué pasaría si las familias se inspiraran en estas actitudes para construir hogares que fueran verdaderos refugios emocionales?

La ternura comienza por sentirse amados

Jesús, se le apareció a santa Margarita María Alacoque y con ello nos recuerda su inmenso amor por cada uno de nosotros, de modo que le expresó a esta santa su mensaje para toda la humanidad, pues Cristo mostró "un Corazón que ha amado tanto a los hombres". 

Santa Margarita insistía en contemplar el amor de Cristo para dejarse transformar por él. En una de sus primeras apariciones, Jesús le reveló a la danta lo siguiente: 

"Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo ya contener en sí mismo las llamas de su caridad ardiente, le es preciso comunicarlas por tu medio, y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que te descubro". 

¿Cómo vivir la ternura del Sagrado Corazón en familia?

1. Comulgar nueve viernes primeros de cada mes

La petición que Jesús le hace a santa Margarita fue muy clara, quedando plasmada como una de sus 12 promesas: "Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes, y todas las noches del jueves al viernes te haré participante de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el huerto [de los olivos]". 

Jesús promete derramar sus gracias, especialmente a la hora de la muerte, concediendo a cada persona que al morir tenga los sacramentos a quienes hagan este acto de amor cada primer viernes en reparación de los pecados cometidos de la humanidad contra el Sagrado Corazón. 

Qué mejor manera de hacerlo en familia y acudiendo juntos viviendo juntos el amor ardiente de Cristo para fortalecer los lazos familiares. 

2. Dar ternura y amor en la familia

Santa Margarita María insistía en contemplar el amor de Cristo para dejarse transformar por él. No se puede transmitir ternura si antes no hemos permitido que nuestro propio corazón sea alcanzado por el amor.

Dediquen un momento de oración y contemplación para sentirse amados por Dios y así ayudar a amar con mayor paciencia a los demás.

3. Transformar los pequeños actos cotidianos en expresiones de amor

Santa Margarita María promovía la idea de ofrecer pequeños actos de amor a Dios como: 

  • Preparar una comida con cariño.
  • Escuchar atentamente.
  • Tener paciencia en momentos difíciles.
  • Ayudar sin esperar reconocimiento.

4. Aprender a reparar las heridas familiares

El Corazón de Jesús aparece herido, pero sigue amando. Por lo que podemos pedir perdón, reconocer nuestros errores, evitar guardar resentimientos y enseñar a los hijos que el amor también sabe reconciliarse, así como Jesús nos perdona cuando cometemos una falta. 

5. Hacer del hogar una escuela de misericordia

Uno de los grandes mensajes del Sagrado Corazón es la misericordia, ¿Cómo reaccionamos cuando alguien de nuestra familia falla? Si bien, todos podemos equivocarnos, podemos evitar humillaciones, corregir con respeto, dar nuevas oportunidades y acompañar en lugar de condenar.

6. Entronizar el Sagrado Corazón en el Hogar

Pueden escoger una imagen del Sagrado Corazón y llevarla a su hogar para venerarla, pidan a un sacerdote que bendiga la imagen y así vivir conforme a su ejemplo. 

Porque cuando la ternura entra en una familia con pequeños actos el amor deja de ser una idea y se convierte en una experiencia concreta.

Karen Hutch 

Fuente: Aleteia