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En la
Solemnidad de la Santísima Trinidad, León XIV recuerda que gracias a ella
estamos hechos para la comunión, la relación, el encuentro, porque las
divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo
destrucción, tristeza y aridez.
El Papa León
XIV, en su alocución antes del Ángelus, invitó a reflexionar sobre el Misterio
de Dios Trinidad y su centro, que "es la vida de Dios que se nos ha
entregado en Jesucristo", y que ha sido derramada en nuestros corazones
por el Espíritu. Ante más de 20 mil fieles y peregrinos del mundo,
reunidos en la Plaza de San Pedro, en una jornada cálida y luminosa, el Santo
Padre recordó que, la Santísima Trinidad, en el mundo, toma forma en la Iglesia
como sacramento de comunión y espacio de vida dinámica, inagotable y fecunda.
“El Espíritu
que une al Padre y al Hijo ha sido derramado en nuestros corazones, de modo que
en el mundo toma forma la Iglesia, sacramento de comunión, espacio de
encuentro, de amor y de vida en el que el cielo y la tierra ya se tocan.
Dios
transforma nuestras vidas
Inspirado en el
Evangelio de hoy que presenta el encuentro de Nicodemo, miembro del Sanedrín,
Consejo de los jefes de Israel, con Jesús, el Pontífice recuerda que el
“misterioso Maestro”, le sugiere que también para un adulto es posible renacer,
dejándole entrever que la vida de Dios habría podido transformar su vida.
“Jesús habló a
Nicodemo del Espíritu Santo, iluminó su noche con la verdad que en la fiesta de
hoy resuena en todas nuestras iglesias: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a
su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna»
(v. 16). Y también: «Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él» (v. 17)”
La Trinidad nos
hace amar todo y a todos
León XIV
recalcó que, en el Misterio de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, estamos en
casa, “tal y como Nicodemo se sintió en casa junto a Jesús”. “La vida de Dios –
continuó el Santo Padre - es maravillosa y cautivadora, da paz a nuestro
corazón”, a veces inquieto, para nuestro encuentro en la alegría del
Espíritu.
La Trinidad
nos hace amar todo y a todos; descubrimos que cada criatura está hecha para la
comunión, la relación, el encuentro. Y, por contraste, comprendemos por qué las
divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo
destrucción, tristeza y aridez.
Quien no acoge
el Espíritu envejece pronto
Nuevamente,
centrándose en la figura de Nicodemo, que esta vez, ante el Sanedrín, defiende
a Jesús de las palabras de desprecio y condena pronunciadas por los jefes del
consejo, el Papa recalca que éste ya había recibido de Dios, a través del mismo
Cristo, el Espíritu de la comunión, que "abre el corazón a la nueva verdad
y a la verdadera novedad".
Quien no
acoge a este Espíritu envejece pronto, sumido en la queja; se encuentra solo,
nunca tiene el ánimo festivo. Hoy, en cambio, queridos hermanos y hermanas, es
fiesta. La fiesta de Dios es nuestra fiesta
Una fiesta,
añadió el Santo Padre, que como escribe San Pablo a los Corintios es «para
alegrarse, trabajar por la perfección, para tener un mismo sentir y vivir en
paz”, porque el Dios del amor y de la paz estará con nosotros.
Alina Tufani
Díaz
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News