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| Una imagen de archivo de ordenaciones diaconales de fieles del Opus Dei |
Roma ha acogido este 23
de mayo una jornada de júbilo para la Iglesia y la prelatura del Opus Dei.
Dieciocho de sus miembros, procedentes de rincones tan diversos como Nigeria,
Colombia, Filipinas o España, recibirán la ordenación sacerdotal en una
ceremonia presidida por monseñor
Fernando José Castro Aguayo, obispo de Margarita (Venezuela). Detrás
de cada uno de estos nuevos presbíteros hay una biografía profesional y
personal que refleja la universalidad de la Iglesia y la llamada a la santidad
en medio del mundo.
«El
viaje que importa es el de la santidad»
Entre las historias que
destacan este año se encuentra la de Federico
Skodler, un italiano de 48 años que, antes de seguir el camino del
sacerdocio, trabajó durante años como profesor de apoyo en institutos públicos.
Sin embargo, lo que más llama la atención es su faceta como experto en
autobuses urbanos, una pasión que cultiva desde niño y que le llevó a formar
parte de una asociación para salvaguardar el patrimonio histórico del
transporte público.
Para Federico, su nueva
misión tiene un paralelismo con los vehículos que tanto admira: «Lo que siempre
me fascinó de los autobuses es que llevan a las personas a donde necesitan ir.
Como sacerdote, espero acompañar a muchas personas en el único viaje que
importa, el que nos lleva hacia la santidad,
que es nuestra verdadera felicidad».
El ámbito académico
también está muy presente. David
Serrano, nacido en Bogotá, ejerció como profesor de filosofía en su
ciudad natal antes de trasladarse a Roma para investigar en la Universidad de
la Santa Cruz. Con un profundo agradecimiento por haber vivido en la misma
ciudad que el Sucesor de Pedro, Serrano aspira a que su ministerio sea «un
puente que ayude a todos a sentirse parte de la Iglesia y a descubrir, en esta
gran familia, el amor que Dios les tiene».
En una línea similar se
encuentra el madrileño Víctor Torre de
Silva, quien también fue docente de filosofía en un colegio de Madrid, una
experiencia que considera decisiva para su vocación: «Enseñar y anunciar el
Evangelio no son caminos diferentes. En ambos casos, se trata de ayudar a las
personas a abrirse a la verdad y al amor de Dios, que dan sentido a toda vida
humana», afirma.
Vocaciones
marcadas por la familia y la misión
La diversidad de
orígenes marca esta promoción. Desde Nigeria llega Tobe
Atoh, cuya primera conexión con el Opus Dei fue un «dulce espectacular» que
su madre aprendió a cocinar de manos de mujeres de la Obra. Años después, tras
vivir la beatificación de Álvaro del
Portillo, comprendió que aquella anécdota de infancia era el reflejo
de la universalidad de la Iglesia.
Por su parte, el
cordobés Alfonso Cabrera Salinas, el
menor de nueve hermanos, aporta la experiencia de una década trabajando en
Camerún, una etapa que le permitió tocar la «riqueza de la Iglesia» en una
realidad maravillosa y diferente a la suya.
Entre los ordenandos
hay cinco españoles: José María
Álvarez de Toledo Martín de Peralta, Alfonso Carlos Aza Jácome, Pablo Bistué
Muñoz, Alfonso Cabrera Salinas y Víctor Torre de Silva Valera. Nigeria aporta
cuatro nuevos sacerdotes: Tobechukwu Ugochukwu Attoh, Anthony Oluchukwu Momah,
Charles Ejike Ozoene y Augustine Onyekachi Ufoegbune.
Desde Hispanoamérica llegan Juan Martín
Gismondi, de Argentina; Josimar Pereira Freitas, de Brasil; José Tomás Larraín
Correa, de Chile; David Serrano Ariza, de Colombia; Pedro José de León Chávez,
de Guatemala; y Francisco de Paula Febres-Cordero Carrillo, de Venezuela. La
lista se completa con Joseph Michael Nicolas Arbilo, de Filipinas; Peter
Leonard Otieno Ndeda, de Kenia; y Federico Angelo Carlo Skodler, de Italia.
Con esta ceremonia, la
Iglesia gana 18 nuevos servidores que, desde sus diversas trayectorias como
profesores, expertos o misioneros, inician hoy una nueva etapa para llevar el
mensaje del Evangelio a todos los rincones y ser esa levadura y sal que haga
presente a Cristo en medio del mundo.
