Un tema difícil es el del lugar al que ascendió Jesús cuando se elevó al cielo, ya que, ciertamente, no es un lugar, entonces, ¿a dónde fue el cuerpo del Señor?
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La Biblia no
siempre nos da todos los detalles que queremos; una pregunta que nos deja es a
qué lugar fue el cuerpo de Jesús cuando ascendió. El Evangelio de Lucas
simplemente afirma que fue llevado al "cielo".
"Luego los condujo hasta Betania y, alzando las manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo". Lc 24, 50-51
La misma
pregunta se aplica al cuerpo de María, ya que el dogma de la Asunción afirma que ella también fue
llevada al cielo, en cuerpo y alma.
El Catecismo de
la Iglesia Católica afirma que el "cielo" no es un lugar físico al
que podamos viajar o localizar en un mapa.
"Esta expresión bíblica [Que estás en los cielos] no significa un lugar ("espacio"), sino un modo de ser; no significa que Dios esté distante, sino majestuoso. Nuestro Padre no está "en otra parte": trasciende todo lo que podemos concebir de su santidad. Precisamente porque es tres veces santo, está tan cerca del corazón humilde y contrito". CIC 2794
La solución
de santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino reflexionó sobre
este tema en su Summa Theologiae y dio el siguiente argumento
en cuanto a "dónde" está el cuerpo de Jesús, ya que es un cuerpo
físico, pero no se encuentra actualmente en el mundo creado:
"Un lugar
implica la noción de contener; de ahí que el primer contenedor tenga la
formalidad de primer lugar, y tal es el primer cielo. Por tanto, los cuerpos
necesitan en sí mismos estar en un lugar, en la medida en que están contenidos
por un cuerpo celeste.
Pero los
cuerpos glorificados, especialmente el de Cristo, no necesitan estar
contenidos, porque no toman nada de los cuerpos celestes, sino de Dios por
medio del alma. Así pues, nada impide que el cuerpo de Cristo esté más allá del
radio de contención de los cuerpos celestes, y no en un lugar de contención.
Tampoco es
necesario que exista un vacío fuera del cielo, puesto que allí no hay ningún
lugar, ni hay ninguna potencialidad susceptible de un cuerpo, sino que la
potencialidad de llegar hasta allí reside en Cristo. Así pues, cuando
Aristóteles prueba (De Coelo ii) que no hay ningún cuerpo más allá
del cielo, debe entenderse que se trata de cuerpos que están en estado de
naturaleza pura, como se ve por las pruebas".
Básicamente,
Aquino sostiene que existe algo "más allá" del universo. Esto no
significa que se pueda volar hasta él en una nave espacial, sino que está fuera
del tiempo y del espacio.
Este
"lugar" (a falta de una palabra mejor) es donde moran los cuerpos
glorificados hasta el fin del mundo.
¿Otra
dimensión?
Como humanos,
no tenemos palabras precisas para describir cómo sería esto. Algunos cristianos
medievales pensaban que había varias "esferas" que rodeaban la
Tierra.
Otros teólogos
han descrito este "lugar incontenido" como una "dimensión"
diferente.
Aunque no es
una buena analogía, nuestra imaginación moderna podría pensar en esto de forma
similar al "mutiverso" de Marvel, que es esencialmente otro plano de
existencia que está "fuera" de nuestro universo. La única forma de
"viajar" a él es por la ruta de la muerte.
J.R.R. Tolkien escribió una
visión medieval de la muerte de un modo poético similar en su epopeya de El
Señor de los Anillos. En su mitología existía un lugar llamado
Valinor, que originalmente estaba conectado al mundo "en el
principio", pero luego se desconectó y existió fuera de él. Unas naves
especiales podían llevar a una persona hasta allí a través de un "camino
recto", pero estas naves representaban esencialmente la muerte de una
persona, ya que nunca podría regresar a la Tierra Media.
Las dos
imágenes anteriores son inexactas, pero pueden ayudarnos de alguna manera a
tratar de entender que algo esté fuera del universo conocido.
Un misterio
Dios nunca nos
dio un mapa ni las coordenadas para llegar al "cielo", pero sí nos
dio una brújula.
Esa brújula es
la Biblia y la buena noticia es que, a través de Jesús, podemos llegar al cielo
cuando nuestras vidas en la tierra hayan terminado.
Es un gran
misterio la ubicación del cuerpo de Jesús y María, pero es un misterio que
encontraremos cuando muramos.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
