El cirio pascual es un elemento principal en la liturgia católica en el tiempo de Pascua y, tras Pentecostés, es usado en algunas celebraciones específicas. Su valor litúrgico y simbología no siempre es conocida por quienes acuden a los templos
¿Qué es el
cirio pascual?
ACI Prensa
El cirio
pascual es una vela de grandes dimensiones que representa a Cristo Resucitado,
la luz que vence a la oscuridad y la victoria sobre la muerte y el pecado. Se
enciende por primera vez en la Vigilia Pascual, en la noche del Sábado Santo y
permanece encendida durante las celebraciones durante 50 días hasta
Pentecostés. Tradicionalmente, está hecho de cera de abejas natural, o al menos
en una gran proporción.
Durante la
Vigilia Pascual se insertan la cruz, el año en curso, y las letras alfa y
omega, mientras se recita la oración: "Cristo, ayer y hoy, principio y
fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder
por los siglos de los siglos. Amén".
A continuación
se pueden insertar cinco granos de incienso en forma de cruz, mientras se
recita: "Por sus llagas santas y gloriosas, nos proteja y nos guarde
Jesucristo nuestro Señor. Amén".
El cirio queda
encendido entonces con el fuego nuevo que ha sido bendecido al inicio de la
celebración y se da paso a la procesión del lucernario que lleva hasta la
proclamación del pregón pascual.
¿Qué hacer
con el cirio pascual tras Pentecostés?
El delegado
episcopal de Liturgia de la Diócesis de Cartagena (España), P. Ramón Navarro,
explicó qué función desempeña el cirio pascual después de la solemnidad de
Pentecostés y dónde ha de ser situado dentro del templo.
En un artículo
publicado en la revista Nuestra Iglesia, el P. Navarro expuso que,
desde la Vigilia Pascual que se celebra en la noche del Sábado Santo el gran
cirio se enciende como símbolo de la resurrección del Señor y se le da un lugar
preeminente, “junto al ambón o cerca del altar”.
De igual modo,
ha de ser encendido tanto durante la celebración de la Eucaristía como en la
Liturgia de la Horas. Por lo tanto “no debe retirarse ni apagarse el cirio
pascual antes de concluir el día de Pentecostés” ya que durante los cincuenta
días “expresa la plenitud del tiempo pascual como ‘un gran domingo’ en honor de
Cristo resucitado”.
Una vez que se
celebra la última Misa del día en que concluye la Pascua, las rúbricas señalan
que “el cirio pascual ha cumplido ya su función y debe ser apagado” y debe
colocarse “cerca de la pila bautismal, apagado pero disponible para ciertos
usos rituales”.
Por lo tanto,
el cirio pascual fuera del tiempo litúrgico de la Pascua sigue siendo usado
principalmente durante la celebración del sacramento del Bautismo y en las
exequias y funerales.
En el Bautismo,
las velas de los nuevos cristianos se encienden de su llama, “simbolizando que
la nueva vida en Cristo brota de su Pascua”; en las exequias, el cirio se
coloca junto al féretro “como signo de la luz de Cristo resucitado que acompaña
al cristiano en su propia ‘pascua’ (paso de la muerte a la vida eterna)”.
El P. Navarro
subraya que “fuera del tiempo de Pascua el cirio pascual no debe colocarse ni
encenderse para otras ocasiones” más allá de las señaladas.
¿Qué hacer
si la pila bautismal está en el presbiterio?
El cumplimiento
de las rúbricas respecto del cirio pascual se complica en aquellas iglesias que
no tienen una capilla específica para los bautizos y que, por necesidades del
espacio, tienen situada la pila bautismal cerca del altar o el ambón.
En estos casos,
el cirio debe colocarse cerca de la pila bautismal, aunque, subraya el experto
“no es lo ideal”.
“Litúrgicamente
no es apropiado que el cirio pascual permanezca junto al altar todo el año como
un elemento decorativo más, ni que la pila bautismal esté permanentemente al
lado del altar, excepto cuando no haya otra posibilidad física”, expone el P.
Navarro.
“El cirio
pascual y la pila bautismal no deben ‘vivir’ en el presbiterio, si se puede
evitar”, enfatiza el liturgista, antes de señalar que esto “no significa
relegarlos a un olvido deshonroso”, sino que responde a la necesidad de
“respetar la identidad de cada signo y espacio litúrgico”.
Al utilizar de
forma adecuada el cirio pascual tanto en el tiempo de Pascua como fuera de él,
“además de cumplir las normas litúrgicas, se educa al pueblo de Dios en el rico
simbolismo de estos signos”, concluye.
Por Nicolás de
Cárdenas
Fuente: ACI Prensa