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| Papa León XIV. | Crédito: Vatican Media. Dominio público |
“No podemos considerar a la IA como moralmente neutra”, escribe
el Pontífice, quien subraya que no sólo importa el uso que se hace de estas
herramientas, sino también que estén claramente definidas “las
responsabilidades”: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta
quienes los emplean o deciden confiarles decisiones concretas.
El Papa advierte sobre la cuestión de la propiedad de los datos,
que “no puede confiarse sólo al sector privado” ni quedar “vendida o confiada a
unos pocos”. En este sentido, reclama una mayor regulación, al tiempo que
alerta de que la “IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone
de recursos económicos, competencias y acceso a los datos”.
La encíclica aborda una amplia gama de cuestiones sociales, con
especial atención a los efectos de la inteligencia artificial en ámbitos como
la educación, la democracia, la economía, el desempleo, el trabajo, el
desarrollo de los jóvenes, la trata de personas y la guerra.
No es casualidad que el Papa quisiera firmarla el pasado 15 de
mayo, en la misma fecha que la histórica Rerum novarum de León
XIII, con la que se inauguró el magisterio social de la Iglesia.
Para León XIV, los principios de esta doctrina —la dignidad de
la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la
subsidiariedad, la solidaridad y la justicia— deben orientar la toma de
decisiones como “criterios para juzgar si las tecnologías sirven realmente a la
humanidad o terminan por someterla”.
El Pontífice rechaza una visión simplista que enfrente
oportunidades y riesgos, y ofrece en su lugar una lectura crítica del paradigma
tecnológico actual. Frente a ello, reivindica un progreso que sirva a las
personas y a los pueblos, y no uno “que los doblega a lógicas de poder”.
“El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino
que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la
revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana,
según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la
fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo”, advierte.
León XIV toma prestado el concepto de "paradigma
tecnocrático" de la encíclica Laudato Si, publicada en
2015 en la que su predecesor, el Papa Francisco, criticaba un sistema "que
busca reducirlo todo a un objeto que debe ser dominado".
“Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano
es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse más que como
una criatura llamada a la relación y a la comunión”, añade.
Para el Papa, la cuestión central es discernir “qué significa
custodiar lo humano” (112), una responsabilidad que compete a toda la sociedad.
De la Doctrina Social a la lucha por el poder
El pensamiento de san Agustín, uno de sus referentes
espirituales, ocupa un lugar destacado en el texto. León XIV cita De
Civitate Dei (La ciudad de Dios): “‘Dos
amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio
de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial”.
Los 245 párrafos de la encíclica se estructuran en una
introducción y cinco capítulos. Los dos primeros recorren el desarrollo de la
Doctrina Social de la Iglesia, que el Papa define no sólo como un mensaje
dirigido al mundo, sino también como “un examen de conciencia para la Iglesia”,
destacando su carácter dinámico.
“El modo concreto de vivir las relaciones sociales a la luz del
Evangelio no está establecido de una vez para siempre, sino que sigue siendo
una tarea confiada de generación en generación a la comunidad cristiana”,
afirma.
El tercer capítulo aborda dos cuestiones clave: la relación
entre la técnica y el dominio, y la grandeza de la persona humana frente a las
promesas de la inteligencia artificial.
El cuarto se centra en la necesidad de salvaguardar la verdad,
la democracia, el trabajo y la educación, al tiempo que insiste en la defensa
de la libertad frente a nuevas formas de dependencia y esclavitud propias de la
era digital.
El quinto capítulo analiza los riesgos de la normalización de la
guerra, denuncia la crisis del multilateralismo y subraya la responsabilidad de
todos en la construcción de una civilización del amor basada en la paz y la
justicia. En este contexto, condena el uso de armas autónomas.
A lo largo del documento, el Papa recurre a imágenes bíblicas
para explicar el desafío actual: la humanidad —afirma— debe elegir entre
construir la Torre de Babel (Génesis 11, 1-9) o reconstruir una ciudad donde
Dios y el hombre puedan convivir, como hizo Nehemías tras el exilio en
Babilonia.
“A la luz de estas dos imágenes, el Espíritu Santo hoy nos
interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución
digital en curso”, escribe. “La tecnología puede curar, conectar, educar,
cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas
injusticias”.
El Papa denuncia así el “síndrome de Babel”, que identifica con
“la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana
las diferencias y la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de
traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos”.
Apoyándose en pensadores como San Juan Pablo II, Viktor Frankl,
Hannah Arendt, J. R. R. Tolkien, Giorgio La Pira y el P. Romano Guardini, León
XIV insiste en que la IA “no es una solución a los problemas de la humanidad,
como tampoco es un mal en sí misma”. Sin embargo, advierte que “no es neutral,
porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”.
Humanismo cristiano frente al paradigma tecnocrático
El Pontífice analiza las corrientes transhumanistas y
posthumanistas como visiones ideológicas subyacentes a la tecnología, y llama a
discernir entre una integración humana de la técnica y una lógica que promete
una salvación puramente técnica.
Propone, frente a ello, un humanismo cristiano en el que el ser
humano “no está encerrado en los límites de la propia naturaleza, sino que está
llamado a trascenderse a sí mismo; no para huir de la realidad o despreciar el
límite, sino para realizarse en el amor”.
El Santo Padre también expresa su preocupación por los “nuevos
monopolios de la IA”.
En un mundo donde unos pocos sujetos concentran datos, capital
informático y capacidad normativa, escribe el Papa, “hablar de bien común
significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política”.
El Pontífice cita a San Juan Pablo II y asegura, que como él
dijo, la pregunta clave sigue siendo: la IA, “¿hace la vida del hombre sobre la
tierra, en todos sus aspectos, ‘más humana’?; ¿la hace más ‘digna del hombre?”.
En Magnifica humanitas, también
advierte contra el mito del moderno Prometeo, recordando que lo que salva al
hombre “no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una
comunión que transforma”.
“El futuro de una persona no es calculable, sino que está
confiado a su libertad —elevada por la inagotable gracia divina— y a las
relaciones que cultiva”, añade.
“Una violenta cultura del poder”
El Papa dedica una parte relevante del documento a denunciar “un
preocupante resurgimiento de la guerra como instrumento de la política
internacional”, el uso de la IA en los conflictos armados y la erosión de los
principios éticos que limitaban la guerra.
“La humanidad está cayendo en la cultura violenta del poder,
donde la paz ya no se presenta como una tarea por asumir, sino como un
intervalo precario entre conflictos”, advierte.
Asimismo, pide superar la teoría de la “guerra justa”,
subrayando que existen herramientas más eficaces para resolver los conflictos:
“el diálogo, la diplomacia y el perdón”.
En otro pasaje, alerta de que “la Babel moderna no es sólo el
paradigma tecnocrático globalizado, sino también el enfrentamiento a distancia
entre imperialismos contrapuestos”, junto a una creciente carrera tecnológica
“según una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites”.
Pide perdón por el retraso de la Iglesia en condenar la
esclavitud
En otro pasaje del documento, el Papa asume la responsabilidad
del “retraso” con el que la Iglesia condenó “el flagelo de la esclavitud”,
recordando que durante la Antigüedad y la Edad Media “muchas personas e
instituciones eclesiásticas tuvieron esclavos”.
“En nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón”, afirma en
un pasaje de Magnifica humanitas. Según explica, no fue hasta
el siglo XIX cuando se produjo “una condena formal, absoluta y universal de la
esclavitud”, especialmente con el pontificado de León XIII. Este desarrollo,
señala, constituye “un claro ejemplo de los progresos de la Iglesia en la
comprensión de las verdades perennes de la Revelación que ella custodia”.
“El recuerdo de la complicidad y la ceguera del pasado ante la
injusticia de la esclavitud se convierte para nosotros en un llamamiento a la
vigilancia: lo que hemos aprendido debe traducirse en discernimiento y
responsabilidad en el presente”, escribe el Papa.
La encíclica termina con una llamada a la esperanza: “En la
humilde fidelidad de la vida cotidiana, también la era de la IA puede
convertirse en un tiempo en el que el Espíritu Santo haga madurar en nosotros
la civilización del amor”.
León XIV se presenta finalmente “como creyente entre creyentes”
e invita a contemplar en Cristo una “magnífica humanidad” que ilumina también
el tiempo de la inteligencia artificial.
“La dignidad que el Espíritu Santo esculpe en cada uno de
nosotros se reconoce también en la capacidad de reflexionar críticamente, de
elegir y amar gratuitamente, y de establecer relaciones auténticas”, concluye.
Artículo publicado
originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Por Hannah Brockhaus
Fuente: ACI
