“La adhesión de la Iglesia a una ciencia rigurosa y honesta no solo es valiosa, sino esencial”

El
Papa León XIV de visita a el Observatorio Vaticano en julio de 2025
El Papa recibió
esta mañana en audiencia a los miembros de la Vatican Observatory Foundation,
organización con sede en EE. UU. que apoya y promueve las actividades del
Observatorio Vaticano. León XIV recordó la solemne responsabilidad compartida
en el cuidado del planeta y en el bienestar de los más vulnerables, hoy
amenazados y en peligro. Y reiteró el valor de la astronomía, que ayuda a
contemplar el cielo: un tesoro "accesible" a todos y fuente de
alegría universal en un mundo dividido.
En un mundo en el que el planeta y los más vulnerables se ven “amenazados por la explotación descontrolada” tanto de las personas como de los recursos, la ciencia y la fe están llamadas a asumir una responsabilidad compartida: la de proteger la Creación y a quienes la habitan. Al mismo tiempo, ambas deben hacer frente a la insidiosa “amenaza” de la negación de la “existencia misma de la verdad objetiva”. Precisamente por eso, “la adhesión de la Iglesia a una ciencia rigurosa y honesta no solo es valiosa, sino esencial”. Así lo afirmó el Papa León XIV en la audiencia de esta mañana, 11 de mayo, a los miembros de la Vatican Observatory Foundation, una organización sin ánimo de lucro con sede en Tucson, Arizona (EE. UU.), que apoya financieramente y promueve las actividades científicas y educativas de la Observatorio Vaticano, “una institución valiosa del Estado de la Ciudad del Vaticano al servicio de la Santa Sede y de la Iglesia universal”.
Nuevas amenazas
En su discurso
en inglés, el Papa León XIII se muestra “profundamente agradecido” por el “fiel
y generoso apoyo” de la Fundación del Observatorio Vaticano al Observatorio
Astronómico Vaticano, que —recuerda —hace 135 años el Papa León XIII quiso
refundar para que “todos pudieran ver claramente que la Iglesia y sus pastores
no se oponen a la ciencia verdadera y sólida, ya sea humana o divina, sino que
la acogen, la alientan y la promueven con la máxima dedicación”. Era, de hecho,
una época en la que “la ciencia era presentada cada vez más como una fuente de
verdad rival de la religión”; por lo tanto, “la Iglesia sintió la urgente
necesidad de contrarrestar la creciente percepción de que la fe y la ciencia
eran enemigas”. Hoy, en cambio, la ciencia y la religión deben hacer frente a
“una amenaza diferente y quizás más insidiosa: aquellos que niegan la
existencia misma de la verdad objetiva”.
Demasiadas
personas en nuestro mundo se niegan a reconocer lo que tanto la ciencia como la
Iglesia enseñan claramente: que tenemos una solemne responsabilidad en el
cuidado de nuestro planeta y en el bienestar de quienes lo habitan,
especialmente de los más vulnerables, cuyas vidas se ven amenazadas por la
explotación desconsiderada tanto de las personas como del mundo natural.
Una ciencia
rigurosa y honesta
Por lo tanto,
la adhesión de la Iglesia a una “ciencia rigurosa y honesta” no solo es
“valiosa”, sino “esencial”. Y la astronomía ocupa "un lugar especial"
en esta misión, afirma el Papa. Porque "la capacidad de contemplar con
asombro el sol, la luna y las estrellas es un don concedido a todo ser humano,
independientemente de su condición social o de sus circunstancias. Despierta en
nosotros tanto un sentido de asombro como un sentido salvífico de las
proporciones". "Contemplar los cielos nos invita a ver nuestros
miedos y nuestras carencias a la luz de la inmensidad de Dios", subraya el
Pontífice.
El cielo
nocturno es un tesoro de belleza accesible a todos —ricos y pobres— y, en un
mundo tan dolorosamente dividido, sigue siendo una de las últimas fuentes de
alegría verdaderamente universales.
Compartir la
maravilla de la astronomía
Pero
“trágicamente, también este don se ve ahora amenazado”, señala el Papa León,
parafraseando al Papa Benedicto cuando afirmaba que «hemos llenado nuestros
cielos de luz artificial que nos ciega ante la luz que Dios ha puesto en ellos.
Una imagen apropiada, sugirió, del pecado mismo». En este contexto, el Papa se
muestra verdaderamente agradecido por la labor de la Fundación, cuyo compromiso
“permite a los científicos del Vaticano interactuar de manera significativa con
el gran público y con la comunidad científica global”.
Su
generosidad hace posible que el Observatorio Vaticano comparta la maravilla de
la astronomía con estudiantes de todo el mundo y ofrezca talleres y cursos de
verano a quienes trabajan en escuelas y parroquias católicas. Y es, en
definitiva, su dedicación la que permite que los telescopios y los laboratorios
del Observatorio sigan siendo lo que siempre han estado destinados a ser:
lugares en los que la gloria de la creación de Dios es acogida con reverencia,
profundidad y alegría.
Atraídos por el
universo
De hecho,
subraya el Papa, "no debemos perder nunca de vista la visión teológica que
anima todo esto. La nuestra es una religión de la Encarnación. Las Escrituras
nos enseñan que, desde el principio, Dios se ha revelado a través de las cosas
que ha creado, y que ha amado tanto a esta creación que envió a su propio Hijo
para entrar en ella y redimirla".
No es de
extrañar, pues, que las personas de fe profunda se sientan atraídas por la
exploración de los orígenes y los mecanismos del Universo. La sed de comprender
más profundamente la creación no es más que el reflejo de ese inquieto deseo de
Dios que reside en el corazón de toda alma.
Fuente: Vatican
News