“La compasión y la empatía pueden ser nuestros instrumentos, pues tienen el poder de devolver la dignidad al otro”
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Este lunes, 11
de mayo, el Santo Padre recibió en audiencia a los participantes del VIII
Coloquio entre el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y el Real Instituto
de Estudios Interreligiosos, centrado en el tema: «La compasión y la empatía
humanas en los tiempos modernos». El Pontífice: “Que nuestra colaboración dé
frutos en gestos concretos de paz, empatía y fraternidad”.
“Reavivar la
humanidad allí donde se ha enfriado, dar voz a quienes sufren y transformar la
indiferencia en solidaridad”, esta es la misión común que señaló el Papa León
XIV a los participantes del VIII Coloquio entre el Dicasterio para el Diálogo
Interreligioso y el Real Instituto de Estudios Interreligiosos, a quienes
recibió en audiencia la mañana de este lunes, 11 de mayo, en la Sala Clementina
del Vaticano.
«La
compasión y la empatía humanas en los tiempos modernos»
En sus saludos,
el Santo Padre agradeció la presencia de los participantes en este VIII
Coloquio, que este año está centrado en el tema: «La compasión y la empatía
humanas en los tiempos modernos». Un tema, indicó el Papa que, resulta
especialmente pertinente para el mundo actual.
“En efecto,
no se trata de sentimientos marginales, sino de actitudes esenciales de
nuestras tradiciones religiosas y aspectos importantes de lo que significa
vivir una vida verdaderamente humana”.
Jesús es la
encarnación viva de la compasión
Al respecto, el
Pontífice señaló que, la tradición musulmana asocia la compasión, ra’fa,
con la misericordia como un don dado por Dios en el corazón de los creyentes,
y al-Ra’uf, nos recuerda que la compasión siempre tiene su origen
en Dios mismo. De manera similar, en la tradición cristiana, la Sagrada
Escritura revela a un Dios que no permanece indiferente al sufrimiento; y que,
en Jesucristo, esta compasión divina se hace visible y tangible.
“Dios va más
allá de ver y oír al asumir nuestra naturaleza humana para convertirse en la
encarnación viva de la compasión. Siguiendo el ejemplo de Jesús, la compasión
cristiana se convierte en compartir o «sufrir con» los demás, especialmente con
los más desfavorecidos. Por esta razón, «el amor a los pobres —cualquiera que
sea la forma que adopte su pobreza— es el sello distintivo evangélico de una
Iglesia fiel al corazón de Dios» (Dilexi Te, 103)”.
Un llamado
de Dios a reflejar su bondad en nuestra vida diaria
Para nuestras
tradiciones, precisó el Papa, la compasión y la empatía humanas no son algo
adicional u opcional, sino un llamado de Dios a reflejar su bondad en nuestra
vida diaria. Por lo tanto, esta creencia tiene implicaciones sociales. En este
sentido, citó al Papa León XIII quien nos enseñó que los pobres y marginados
merecen especial atención y ayuda de la sociedad y del Estado (cf. Rerum
Novarum, 37).
“En este
sentido, deseo expresar mi agradecimiento por los generosos esfuerzos del Reino
Hachemita de Jordania al acoger a los refugiados y ayudar a quienes lo
necesitan en circunstancias difíciles”.
Uno de los
desafíos espirituales más serios de nuestro tiempo
Pero al mismo
tiempo, el Santo Padre advirtió que, la compasión y la empatía corren el riesgo
de desaparecer hoy en día. Los avances tecnológicos nos han conectado más que
nunca, pero también pueden conducir a la indiferencia.
“El flujo
constante de imágenes y videos de las dificultades ajenas puede insensibilizar
nuestros corazones en lugar de conmoverlos. El Papa Francisco nos advirtió que
«nos hemos acostumbrado al sufrimiento ajeno [pensando]: no me afecta, no me
interesa, no es asunto mío». Este tipo de apatía se está convirtiendo en uno de
los desafíos espirituales más serios de nuestro tiempo”.
Reavivar la
humanidad allí donde se ha enfriado
En este
contexto, el Pontífice afirmó que, cristianos y musulmanes, nutridos por la
riqueza de nuestras respectivas tradiciones, estamos llamados a una misión
común: reavivar la humanidad allí donde se ha enfriado, dar voz a quienes
sufren y transformar la indiferencia en solidaridad. “La compasión y la
empatía, concluyó, pueden ser nuestros instrumentos, pues tienen el poder de
devolver la dignidad al otro”.
Finalmente, el
Papa manifestó su deseo que, Jordania siga siendo un testimonio vivo de esta
compasión, así como un signo de diálogo, solidaridad y esperanza, en una región
marcada por las adversidades. Y pidió la bendición para ellos.
Renato Martínez
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News