Una idea generalizada es que la vida eterna comienza cuando morimos, sin embargo, la realidad es distinta y tiene que ver con el momento de nuestro Bautismo
![]() |
| Bautismo/Mark Zhyhman | Shutterstock |
Los cristianos
aspiramos a entrar en la vida eterna, para eso vivimos y nos esforzamos para
que, cuando llegue el momento de morir y rendir cuentas a Dios, estemos
preparados para ingresar en el cielo. Entonces, ¿qué tiene que ver el Bautismo
con todo esto?
Renacer a la
vida eterna
Leemos que el
Catecismo de la Iglesia católica recuerda estas palabras del Catecismo Romano:
"El
bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la
palabra": Catecismo Romano 2,2,5) (CEC 1213).
El Catecismo
agrega muchas enseñanzas acerca del agua y, sobre todo, de los efectos del
Bautismo:
Este
sacramento recibe el nombre de Bautismo en razón del carácter
del rito central mediante el que se celebra: bautizar (baptizein en
griego) significa "sumergir", "introducir dentro del agua"
(CEC 1214).
Ahora bien,
hacemos hincapié en la parte que sigue:
la
"inmersión" en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en
la muerte de Cristo, de donde sale por la resurrección con Él (cf Rm 6,3-4; Col 2,12)
como "nueva criatura" (2 Co 5,17; Ga 6,15)
(CEC 1214).
Esta frase es
fundamental, porque nos explica claramente cómo, después de haber nacido
muertos a la vida sobrenatural debido al pecado de nuestros primeros padres,
nuevamente nos sumergimos en la muerte salvadora de Cristo para salir del agua
resucitados con Él.
Mantener la
vida sobrenatural es prioridad
Ahora el alma
del bautizado goza de la vida sobrenatural y ha renacido para gozar de la vida
eterna que le ofrece Dios de manera gratuita.
Es por esta
razón que el día del Bautismo, cuando se pide la fe, se rechazan el pecado y la
muerte. Los padres y padrinos se comprometen a educar en la fe al niño que aún
no tiene voz ni uso de razón para hacerlo por sí mismo, pero lo más urgente que
era rescatarlo de la situación de pecado original, ya se ha resuelto.
Y más aún, si
el que el bautiza es mayor entenderá las maravillas que Dios habrá realizado en
su alma.
A partir del
Bautismo debe ser una prioridad mantenerse en estado de gracia, es decir,
conservarla y aumentarla para no perder lo que Cristo nos ha ganado.
Vivimos ya
en la vida eterna
Por eso, el
Bautismo nos inicia en la vida cristiana y nos capacita para comenzar a vivir
la vida eterna, pero es responsabilidad de cada bautizado conservar este estado
de gracia. No podemos culpar a nadie de nuestro destino final porque Dios nos
da lo necesario en los sacramentos, en la Iglesia y en las gracias que derrama
abundantemente sobre nosotros cada día.
No lo olvidemos
y aprovechemos cada instante de nuestra vida terrena.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
