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| Papa León XIV. Vatican Media. Dominio público |
Aunque Juan Pablo II visitó España en cinco
ocasiones y Benedicto XVI lo hizo en tres, ninguno llegó a pronunciar un
discurso en la Cámara Baja española.
El
presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis
Argüello, ya subrayó la relevancia del acontecimiento durante
la rueda de prensa de presentación de la agenda oficial del viaje
apostólico.
Según
explicó, el discurso del Pontífice “contribuirá a la regeneración de la vida política”.
Y añadió: “El hecho de que en las Cortes Generales intervenga el obispo de
Roma, y lo que significa en la Iglesia —pero no solo en la Iglesia, sino como autoridad moral y espiritual en el mundo
entero—, en el centro donde se realizan las leyes, es muy
significativo”.
No deja
de ser excepcional que un líder extranjero, ya sea político, económico,
cultural o espiritual, intervenga ante los representantes de la soberanía
nacional española. Y, precisamente por eso, la presencia del Papa en el
Congreso adquiere una dimensión singular. Como señaló Argüello, resulta
especialmente relevante que una figura externa de su peso moral y simbólico
pueda dirigirse directamente a los representantes del pueblo español.
Pero ¿cómo se fraguó una iniciativa de semejante
alcance? Aunque formalmente la invitación partió del
Congreso y del Senado, la pregunta flotaba en el ambiente durante la
presentación oficial del viaje: ¿de quién
surgió realmente la idea? ¿Fue una propuesta de la Santa
Sede, de algún obispo español o del propio equipo organizador?
Durante
el catering posterior ofrecido por la archidiócesis de Madrid,
pude conversar con distintas personas implicadas en la organización. “La Santa Sede cuida mucho la imagen del Papa y
tiene muy en cuenta los contextos”, me comentaba un miembro de la curia
madrileña.
Otro
miembro de la curia, conocedor de las conversaciones, añadía que tanto la
presidenta del Congreso como la del Senado mostraron desde el primer momento una “disposición total” a escuchar al
Pontífice.
También
surgían otras incógnitas inevitables: ¿hubo
reticencias políticas? ¿Existió oposición por parte de
algún grupo parlamentario? ¿Acudirán todos los diputados y senadores al acto?
De
momento, fuentes del equipo organizador explican a este medio que “la iniciativa nació de una conversación entre
el cardenal José Cobo y el Papa, y posteriormente se aseguró el
respaldo de los dos grandes grupos parlamentarios”. Según estas mismas fuentes,
el consenso fue total: “Las mesas
del Congreso y del Senado votaron unánimemente a favor. A partir
de ahí, los presidentes de ambas cámaras cursaron la invitación oficial al
Papa, y el Papa aceptó”.
Así se gestó, discretamente, uno de
los acontecimientos institucionales y eclesiales más relevantes de las últimas
décadas en España. Desde este espacio solo cabe felicitar a quienes lo han
hecho posible. Ahora queda esperar con expectación el contenido del discurso de
León XIV y, por supuesto, las
reacciones de sus señorías.
Zenón
de Elea
Fuente: Religión Confidencial
