El P. Vial, profesor de psicología y vida espiritual en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma, subrayó que este problema no debe sorprender, ya que forma parte de una realidad más amplia
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| P. Vial / ACI Prensa |
La angustia
psicológica no es un fenómeno aislado ni exclusivo del clero, pero también
afecta de manera significativa a los sacerdotes, quienes, por la naturaleza de
su misión, pueden verse expuestos a situaciones de estrés, ansiedad y desgaste
emocional. Así lo explicó el sacerdote y médico Wenceslao Vial en una
entrevista concedida a EWTN News.
Sus
declaraciones se dan en un contexto de creciente preocupación dentro de la
Iglesia. A inicios de abril, el cardenal filipino José Advíncula advirtió que
“casi uno de cada cinco sacerdotes en Filipinas sufre angustia psicológica”, e
instó a priorizar la salud mental para sostener la labor pastoral.
Una realidad
que afecta a toda la sociedad
El P. Vial,
profesor de psicología y vida espiritual en la Facultad de Teología de la
Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma, subrayó que este problema no
debe sorprender, ya que forma parte de una realidad más amplia.
“En muchos
países, y no solo los sacerdotes, la gente sufre angustia psicológica”, dijo.
En ese sentido, recordó que “casi un 30% de la población adulta sufre algún
tipo de patología psicológica” y que “en cuanto a la ansiedad, es más o menos
un 25% de la población general”.
“Con lo cual no
nos puede extrañar que los sacerdotes, tomados de entre los hombres, tengan
también dificultades de este estilo”, añadió.
Señales de
alerta: cuándo preocuparse
Uno de los
puntos clave de la entrevista fue la identificación de las señales de alarma.
Según el especialista, la primera señal es “una emotividad excesivamente
negativa continua: miedo, tristeza, angustia, rabia, pensamientos negativos
continuos”.
Advirtió además
que estas señales deben tomarse en serio cuando se prolongan en el tiempo:
“Cuando se ve a una persona demasiado ansiosa, demasiado insegura o demasiado
triste por un periodo que ya dura, por ejemplo, un par de semanas, esa es una
alarma a la que hay que darle importancia”.
De lo
contrario, alertó, la situación puede agravarse: “Si no, la alarma misma se
transforma en fuego. Termina por quemarte”.
Diagnóstico
y tratamiento: sin miedo a pedir ayuda
Respecto al
tratamiento, el P. Vial insistió en la importancia de un diagnóstico adecuado:
“Lo primero es hacer un diagnóstico… darle un nombre a las dificultades”.
Explicó que no basta con tratar los síntomas, sino que es necesario llegar a
las causas profundas.
Asimismo, hizo
un llamado claro a acudir a especialistas: “A los profesionales de la salud no
hay que tenerles miedo: psicólogos, psiquiatras, médicos”.
El burnout,
un riesgo frecuente en sacerdotes
Entre los
problemas más comunes, destacó el llamado burnout o “síndrome
del buen samaritano desilusionado”, que describió como “un estado de
agotamiento” ligado al servicio constante a los demás.
“Se da en
personas que trabajan sirviendo a otros, dándose a otros”, explicó, señalando
que no solo afecta a sacerdotes, sino también a médicos, profesores o madres de
familia.
Un aspecto
particularmente relevante es su causa: “Muchas veces no lo produce el exceso de
trabajo, sino un trabajo de servicio al que se le pierde el sentido”.
Responsabilidad
compartida en la Iglesia
El sacerdote
también subrayó que el cuidado de la salud mental no es solo responsabilidad
individual. “Cuando en una diócesis hay problemas, el obispo tiene que pararse
y ver qué ocurre”, afirmó, indicando que suelen intervenir tanto factores
personales como institucionales.
Entre ellos
mencionó “perfeccionismo exagerado”, “inseguridad”, “heridas no curadas”, pero
también situaciones como “dejar excesivamente solo al sacerdote” o “cargarle
con demasiadas responsabilidades sin ayudarle”.
“Por eso es un
trabajo conjunto”, recalcó.
Finalmente, el
P. Vial destacó la importancia del acompañamiento de los laicos. “Todas las
personas en la Iglesia tenemos que rezar por los sacerdotes [...] estar atentos
a los pastores”, aseguró.
Y concluyó con
una visión profundamente espiritual de su misión: los sacerdotes son “de algún
modo los encargados de llevarnos al cielo y de traer el cielo a la tierra”.
Por Nathalí Paredes, Diego López
Marina
Fuente: ACI Prensa
