La Biblia contiene un total de 73 libros, 27 son del Nuevo Testamento y entre los 46 del Antiguo encontramos los Salmos, pero ¿qué son y quién los escribió?
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| Aaron Burden | CC0 |
La Biblia es una colección de libros sagrados que contiene 73
libros, divididos en Antiguo Testamento (46 libros) y Nuevo Testamento (27).
Entre los del A. T., encontramos los Salmos, pero ¿qué son y quién los
escribió? Hagamos un poco de historia.
El Salterio
Israel como sus vecinos de Egipto, Mesopotamia y Canaán, cultivó
desde sus orígenes la poesía lírica en todas sus formas. Y el tesoro de la
lírica religiosa de Israel nos ha sido conservado por el salterio.
El salterio (del griego psalterion, propiamente es el nombre
del instrumento de cuerda que acompañaba a los cantos, los salmos) es la
colección de los 150 salmos.
La palabra salmo, etimológicamente hablando, viene de la palabra
latina psalmus, que a su vez viene de la palabra griega psalmoi, que
significa alabanza.
Son, pues, al mismo tiempo poemas religiosos y plegarias de
alabanza.
¿Para qué sirven los salmos?
Son unas composiciones que, principalmente y en la gran mayoría de
casos, tienen como finalidad alabar a la divinidad; aunque también tienen otras
finalidades (súplicas y lamentos).
Los salmos nos recuerdan la necesidad de alabanza y adoración, simplemente
por la alegría de estar en la presencia de Dios que crea y sostiene el
universo.
Orando con los salmos no tenemos que preocuparnos por pedir algo o
por pedir explicaciones sino que más bien nos ayudan a admirarnos de la bondad
de Dios y de su grandeza, y esta es la mejor oración; es una oración
desinteresada, generosa y más grata a sus ojos.
Los salmos son unos himnos que ayudan a orar, como mejor lo dice
san Atanasio, obispo de Alejandría (siglo IV):
¿Quién los escribió?
El conjunto de los salmos o el salterio son los cánticos del
Templo de Jerusalén. Todos ellos son, como toda la Sagrada Escritura,
inspirados por el Espíritu Santo.
Y en la composición de estos himnos o cantos juegan un rol
importante los levitas a quienes se les atribuye, aunque sea de manera anónima,
unos 50 salmos.
Del resto, según la tradición, algunos salmos tienen como autores
a personas concretas como es el caso, entre otros, del Rey David (a quien se le atribuyen 73 salmos)
y del Rey Salomón.
Un libro de 5 colecciones
Los salmos están agrupados en cinco libros o cinco colecciones:
Cada uno de estos grupos está separado por una doxología.
Diversos géneros literarios
En cuanto a los géneros literarios los salmos se dividen en:
¿Cómo nació el salterio?
El pueblo de Israel tenía una tradición o una práctica de rezar
comunitariamente en horas establecidas, en tres momentos del día: mañana, tarde
y noche.
Esta tradición se desarrolló hasta tal punto que se organizó un
plan de oraciones teniendo como base los salmos, ya que expresaban los
múltiples anhelos y deseos del corazón humano.
Son tan importantes, que nos hablan de Jesús, lo preanuncian. Él
mismo lo dice:
“Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era
necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los
profetas y salmos acerca de mí” (Lc
24, 46).
Las oraciones que Jesús rezaba
Jesús mismo, como judío piadoso, oraba con los salmos, rezaba en
dichas horas. Los salmos lo acompañaron a lo largo de su vida. “Desde pequeño”,
Jesús se los aprendió de memoria, como también lo hizo Timoteo (2
Tm 3, 15).
Y Él los usaba no sólo para orar (para dirigirse al Padre) sino
también para refutar las críticas de sus adversarios y para transmitir su
mensaje al pueblo. Por ejemplo, Jesús utiliza un salmo para expresar el sentido
de su misión al venir al mundo:
“Aquí estoy, he venido como está escrito en la ley: para hacer tu
voluntad” (Sal 40, 8-9).
En la última cena Jesús entonó los salmos que recitaban los judíos
al celebrar la cena pascual. El evangelista san Mateo dice que Jesús y sus
discípulos, después del canto de los salmos (himnos), salieron hacia el monte
de los Olivos (Mt 26, 30).
Y a la hora nona, estando crucificado Jesús rezó las primeras
palabras del salmo 22:
"Dios mío, por qué me has abandonado".
Los salmos en la Iglesia católica
Si los salmos eran y son importantes para Israel, el antiguo
pueblo de Dios, lo son también para el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia,
comenzando por los apóstoles como ya hemos visto.
También fueron importantes para la Iglesia primitiva debido,
principalmente, a que la mayor parte de los primeros cristianos eran conversos
del judaísmo.
Sabemos que los fieles rezaban en ciertos momentos, principalmente
cuando la noche desaparece con la salida del sol (las laudes) y al hacerse de
noche cuando se encienden las luces (las vísperas).
Avanzando en los tiempos el transcurrir de las horas fue
santificado con la oración comunitaria de las otras horas como vemos en los
Hechos de los Apóstoles.
Allí encontramos reunidos a los Apóstoles en la hora de tercia (Hch
2, 15). Pedro “sube al tejado a orar hacia la hora de sexta” (Hch
10, 9). “Pedro y Juan subían al templo a orar hacia la hora de nona” (Hch
3, 1). “A medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios (Hch
16, 25)”.
La importancia de los salmos hoy
Este tipo de oración fue importante pues ayudó a la consolidación
de la fe cristiana a medida que se expandía la Iglesia. Por donde se iba
extendiendo la Iglesia los cristianos se reunían en las iglesias para rezar los
salmos.
En este sentido, para la Iglesia, tienen tanta importancia que
forman parte fundamental del Oficio Divino. El Oficio Divino es el conjunto de
oraciones que la Iglesia ha querido que sean rezadas en diferentes horas del
día, de aquí el otro nombre ‘Liturgia de las Horas’.
El objetivo de la Liturgia
de las Horas es consagrar los diferentes momentos del día al Señor
extendiendo la comunión con Cristo concretada en el sacrificio de la Misa.
Quien reza el oficio hace un alto en su cotidianidad para rezar
con la Iglesia aunque se encuentre solo.
"Se invita encarecidamente también a los demás fieles a que,
según las circunstancias, participen en la Liturgia de las Horas, puesto que es
acción de la Iglesia” (Canon 1174, 2).
La Liturgia de las Horas o el Oficio Divino es parte fundamental
que, junto con la Sagrada Eucaristía, forma parte de la oración pública y
oficial de la Iglesia.
Henry
Vargas Holguín
Fuente: Aleteia
