EL SECRETARIO DE LEÓN XIV: «DEL PADRE ROBERTO PERMANECE TODO; SOLO HA CAMBIADO LA VESTIMENTA Y EL ENCARGO»
Aseguró que,
con su visita, «el Santo Padre quiere reconocer, con un signo de cercanía y
agradecimiento, todo lo que desde aquí se ha ofrecido al mundo y a la Iglesia
en la fe y en la vida cristiana»
Foto: Archimadrid / Javier Ramírez
El sacerdote
peruano Edgard Iván Rimaycuna Inga (Chiclayo, 1989) es desde mayo de
2025 el secretario personal del Papa León XIV, a quien conoció
siendo seminarista y con quien ha mantenido una relación espiritual y
pastoral durante casi dos décadas. Formado en el Pontificio Instituto Bíblico,
es parte de la nueva generación de sacerdotes latinoamericanos en el corazón
del Vaticano que ya llegaron con el pontificado de Francisco.
A su paso
por Madrid, donde ha hecho parada para asistir a la defensa de la tesis
doctoral de un compañero suyo, conversa con el semanario Alfa y Omega,
donde desvela el sentido profundo de una vocación marcada por la discreción, la
entrega y el silencio. Desde su cercanía con el Pontífice, comparte cómo se
aprende a «estar sin estar», qué rasgos definen el nuevo pontificado y de qué
manera la experiencia latinoamericana ha marcado el estilo cercano y sereno del
Santo Padre.
—¿Qué
significa realmente ser el secretario personal de un Papa, en este caso
de León XIV?
—Es trabajar al lado de un amigo, en mi caso particular; ser quien le ayude en
el trabajo diario y quien lo protege para que logre realizar su trabajo con
tranquilidad. Mi labor también es ayudarle a buscar y a conseguir el descanso
necesario para que el Santo Padre pueda continuar con su misión de guiar a la
Iglesia.
—Su figura,
la del secretario, es una figura discreta. ¿Cómo se aprende el arte de estar y
no estar a la vez?
—Nadie enseña a ser secretario del Papa, porque es un encargo que viene de un
momento a otro. A lo largo de estos meses he estado pensando en dos ideas,
sobre todo en la imagen de dos santos que encontramos en la Sagrada Escritura.
La primera la de san José, que es el santo del silencio; no dice ninguna
palabra. Toda su vida fue estar en segundo lugar, porque los primeros lugares
los tenían siempre María y Jesús. Y la otra figura es san Juan Bautista. Él
tiene una frase que dice que «conviene que yo disminuya y que Él crezca».
Yo creo que
esas son las dos imágenes que resumen la misión y la tarea de un secretario.
Estar en segundo lugar y que el centro de la atención sea el otro.
—Usted que
le conoció muy joven en Chiclayo, siendo seminarista, ¿qué ve que permanece
ahora del padre Roberto?
—Permanece todo, porque no ha cambiado. Yo lo podría decir así: ha cambiado
solo la vestimenta, que ahora es blanca, y el encargo. El hombre que hemos
conocido todos es el mismo: cercano, tranquilo, con una gran capacidad de
escucha y que siempre está disponible. A pesar del gran volumen de trabajo, del
ritmo, de las actividades… siempre encuentra tiempo para atender, para
escuchar.
—¿Qué rasgos
se pueden apreciar de la vivencia que tuvo el Papa con la realidad de la
Iglesia en América Latina que aplique en el pontificado?
—Siempre el contacto con la gente, la cercanía. En Latinoamérica estamos
acostumbrados a la cercanía física, al contacto cercano. La religiosidad
popular es muy viva y eso el Santo Padre lo ha llevado al gobierno de la
Iglesia, pues en la cercanía siempre busca saludar, sonreír, dar una palabra de
aliento, una frase o un pequeño gesto.
—Y eso que,
de momento, los titulares destacan que es prudente, sobrio. ¿Cómo percibe desde
dentro los rasgos de su pontificado?
—Es sobrio porque en su manera de ser es así. Siempre prudente, tranquilo, con
paciencia. Pero también los años en Perú le han ayudado a descubrir esa
cercanía con la gente, a saber vivir la misma realidad, la misma condición de
la gente en las misiones donde ha estado. Sabe combinar la prudencia y la
practicidad americana con la cercanía que ha aprendido en Latinoamérica, con
los gestos cordiales, cercanos, afectuosos.
—Estamos
ansiosos esperando su visita. ¿Qué significa este viaje en este momento del
pontificado?
—En primer lugar, la cercanía del pastor a su pueblo, al pueblo que el Señor le
ha confiado. A lo largo de la historia, esta tierra se ha caracterizado por dar
muchos santos, de gran autoridad y peso en la Iglesia, por su doctrina, por la
santidad de vida. El Santo Padre quiere reconocer en esta visita, con un signo
de cercanía y agradecimiento, todo lo que desde aquí se ha ofrecido al mundo y
a la Iglesia en la fe y en la vida cristiana.
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Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. (Génesis, 1,26-27)