“Cuanto más profunda es su unión con Cristo, más radical es su pertenencia a la común humanidad”
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| El Papa durante su homilía (@Vatican Media) |
Este 26 de
abril, Domingo del Buen Pastor, con ocasión de la Jornada Mundial de Oración
por las Vocaciones, el Santo Padre ha ordenado diez nuevos presbíteros para la
diócesis de Roma. En su homilía el Papa alentó a los neo-presbíteros a
¡mantener la puerta abierta! “Dejen entrar y estén listos para salir. Es otro
secreto para sus vidas: ustedes son un canal, no un filtro”.
“Aquellos para
quienes serán sacerdotes —fieles laicos y familias, jóvenes y ancianos, niños y
enfermos— habitan praderas que ustedes deben conocer. A veces les parecerá que
no tienen los mapas; pero los posee el Buen Pastor, del que tienen que escuchar
su voz, tan familiar”, lo dijo el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa
que presidió en la Basílica de San Pedro, este 26 de abril, Domingo del Buen
Pastor y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en el cual ordenó a
diez nuevos presbíteros para la diócesis de Roma.
¡Este es un
domingo lleno de vida!
Al iniciar su
homilía, el Santo Padre dijo que, en la disponibilidad de los jóvenes que la
Iglesia hoy pide que sean ordenados presbíteros constatamos mucha generosidad y
entusiasmo. Y que este es un domingo lleno de vida porque al reunirnos, tan
numerosos y diferentes, en torno al único Maestro, advertimos una fuerza que
nos renueva.
“Es el
Espíritu Santo, que une personas y vocaciones en la libertad, de modo que
ninguno viva más para sí mismo. El domingo —cada domingo— nos llama a salir del
“sepulcro” del aislamiento y de la cerrazón para encontrarnos en el jardín de
la comunión, del que el Resucitado es el guardián”.
El
sacerdocio es un ministerio de comunión
Y dirigiéndose
a los candidatos al sacerdocio el Pontífice les reveló un primer secreto en la
vida del sacerdote, es decir, “cuanto más profunda es su unión con Cristo, más
radical es su pertenencia a la común humanidad”. Por ello, el servicio del
sacerdote, al que la llamada de estos hermanos nos invita a reflexionar, es un
ministerio de comunión.
“Este
misterio vivo y dinámico compromete el corazón a un amor indisoluble; lo
compromete y lo llena. Ciertamente, como el amor de los esposos, también el
amor que inspira el celibato por el Reino de Dios debe cuidarse y renovarse
siempre, porque todo afecto verdadero madura y se vuelve fecundo con el tiempo.
Están llamados a un modo de amar específico, delicado y difícil y, aún más, a
un modo de dejarse amar en la libertad. Un modo que podrá hacer de ustedes, no
sólo buenos sacerdotes, sino también ciudadanos honestos, disponibles,
constructores de paz y de amistad social”.
La realidad
no debe darnos miedo
Y al comentar
el Evangelio de este IV Domingo de Pascua, el Papa León destacó la referencia
de Jesús a figuras y a gestos de agresión, y dijo que “hay un gran realismo en
las palabras del Señor” porque conoce la crueldad del mundo en el que camina
con nosotros. Con sus palabras evoca formas de agresión física, pero sobre todo
espiritual. Sin embargo, esto no lo disuade de dar la vida.
“La denuncia
no se vuelve renuncia, el peligro no lleva a la fuga. Este es un segundo
secreto del sacerdote: la realidad no debe darnos miedo. El que nos llama es el
Señor de la vida. Que el ministerio que se les confía, queridos hermanos,
comunique la paz del que, aun en medio de peligros, sabe por qué se siente
seguro”.
Que su
seguridad no resida en el rol que desempeñan
En este
sentido, el Santo Padre instó a los ordenados a que su seguridad no resida en
el rol que desempeñan, sino en la vida, muerte y resurrección de Jesús, en la
historia de salvación en la que participan con su pueblo. Ya que hoy, la
necesidad de seguridad vuelve los ánimos agresivos, encierra a las comunidades
en sí mismas, instiga a buscar enemigos y chivos expiatorios.
“Es una
salvación que ya actúa en tanto bien que se hace silenciosamente, entre
personas de buena voluntad, en las parroquias y en los ambientes a los que
ustedes se harán cercanos, como compañeros de viaje. Lo que anuncian y celebran
los protegerá también en situaciones y en tiempos difíciles”.
Reunir es
siempre establecer la Iglesia
Asimismo, el
Santo Padre alentó a los nuevos presbíteros a crear comunidad, allí donde serán
enviados son lugares donde el Resucitado ya está presente, donde muchos ya lo
han seguido de manera ejemplar. Reconocerán sus llagas, distinguirán su voz,
encontrarán a quienes se lo indicarán. Son comunidades que los ayudarán también
a ustedes a ser santos. Y ustedes ayúdenlas a caminar unidas en pos de Jesús,
el Buen Pastor, para que sean lugares —jardines— de la vida que renace y se
comunica.
“Con
frecuencia, lo que les falta a las personas es un lugar donde experimentar que
juntos es mejor, que juntos es hermoso, que es posible vivir juntos. Facilitar
el encuentro, ayudar a reunirse con quienes de otro modo no se conocerían nunca
y acercar a los contrarios está íntimamente unido a la celebración de la
Eucaristía y la Reconciliación. Reunir es, siempre y nuevamente, establecer la
Iglesia”.
«Les aseguro
que yo soy la puerta de las ovejas»
Luego, el
Pontífice comentó la imagen de Jesús en el Evangelio cuando se describe como el
“pastor”, pero parece que quienes lo escuchan no lo entienden; entonces, cambia
la metáfora: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas» (Jn 10,7).
“En
Jerusalén había una puerta que se llamaba precisamente así, “la puerta de las
ovejas”, cerca de la piscina de Betsaida. Por allí entraban en el templo las
ovejas y los corderos, antes de ser sumergidos en el agua y luego destinados a
los sacrificios. Es espontáneo pensar en el Bautismo”.
La puerta a
una vida en abundancia
Y continuando
con la imagen de la puerta, el Papa dijo que, el Jubileo nos ha mostrado cómo
esta imagen sigue hablando al corazón de millones de personas. Durante siglos
la puerta —a menudo un auténtico portal— ha invitado a cruzar el umbral de la
Iglesia. En algunos casos, la fuente bautismal se construía en el exterior,
como la antigua piscina probática, bajo cuyos pórticos «yacía una multitud de
enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos».
“Al iniciar
a otros en la fe, reavivarán la propia fe. Junto con los otros bautizados,
cruzarán cada día el umbral del Misterio, ese umbral que tiene el rostro y el
nombre de Jesús. Nunca oculten esta puerta santa, no la cierren, no sean un
obstáculo para el que quiere entrar. «No han entrado ustedes, y a los que
quieren entrar, se lo impiden» (Lc 11,52): es el reproche amargo de Jesús a
aquellos que escondieron la llave de un paso que debía ser accesible a todos”.
Ustedes son
un canal, no un filtro
Hoy más que
nunca, indicó el Santo Padre, especialmente cuando los números parecen marcar
una distancia entre las personas y la Iglesia, ¡mantengan la puerta abierta!
Dejen entrar y estén listos para salir. Es otro secreto para sus vidas: ustedes
son un canal, no un filtro. Muchos creen que ya saben lo que hay detrás de ese
umbral.
“Llevan
consigo recuerdos, quizás de un pasado lejano; a menudo hay algo vivo que no se
ha apagado y que los atrae; pero otras veces hay algo más, que aún sangra y
provoca rechazo. El Señor lo sabe y espera. Sean reflejo de su paciencia y de
su ternura. ¡Ustedes son de todos y para todos! Que este sea el perfil
fundamental de su misión: mantener libre el umbral y señalarlo, sin necesidad
de muchas palabras”.
Jesús no
sofoca nuestra libertad
Por otra parte,
el Obispo de Roma indicó que Jesús no sofoca nuestra libertad. Y advirtió que,
hay afiliaciones que sofocan, compañías donde es fácil entrar y casi imposible
salir. No es así la Iglesia del Señor, no es así la compañía de sus discípulos.
“Quien es
salvado, dice Jesús, ‘entra, sale y encuentra su alimento’. Todos buscamos
protección, descanso y cuidado: la puerta de la Iglesia está abierta. No para
desentendernos de la vida; la vida no se agota en la parroquia, en la
asociación, en el movimiento ni en el grupo. Quien es salvado sale y encuentra
su alimento”.
Dios hace
crecer sin que nosotros lo hayamos sembrado
Finalmente, el
Papa León XIV alentó a los ordenados a salir al encuentro de la cultura, de la
gente, de la vida. “Admiren aquello que Dios hace crecer sin que nosotros lo
hayamos sembrado. Aquellos para quienes serán sacerdotes —fieles laicos y
familias, jóvenes y ancianos, niños y enfermos— habitan praderas que ustedes
deben conocer. A veces les parecerá que no tienen los mapas; pero los posee el
Buen Pastor, del que tienen que escuchar su voz, tan familiar.
“¡Cuántas
personas hoy se sienten perdidas! A muchos les parece que ya no pueden
orientarse. No hay entonces testimonio más hermoso de aquel que confía: «Él me
hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara
mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre» (Sal 23,2-3).
Su nombre es Jesús, “Dios salva”. Ustedes son testigos de esto. «Tu bondad y tu
gracia me acompañan a lo largo de mi vida» (v. 6)”.
Renato Martínez
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
